Regalar en Navidad, desde el placer hasta el miedo a errar

Obsequiar tiene una función: fortalecer los vínculos sociales.

Hatfield, Gran Bretaña
Quizás la parte más complicada de Navidad sea pensar qué le vamos a regalar a nuestros familiares. Aunque parezca que no, el de los regalos suele ser un tema bastante sensible, ya que con ellos ponemos muchas cosas en juego.

Durante mucho tiempo, el acto de regalar ha sido objeto de estudio de distintas disciplinas en un intento por comprender la conducta humana. Tanto psicólogos y antropólogos como economistas y comerciantes han descubierto que obsequiar es una parte muy importante en la interacción social: ayuda a definir las relaciones y fortalece los lazos con la familia y los amigos.

"La mayoría de estos intercambios están destinados a preservar los vínculos sociales y se producen en ocasiones ritualizadas", señalan Carol Mayet y Karen Pine, de la Universidad de Hertfordshire, en Gran Bretaña.

Pero para que un obsequio cumpla su función, es fundamental conocer bien al otro o, al menos, tener toda la información posible sobre sus intereses.

"La posibilidad de acertar se relaciona en gran parte con la capacidad de ponerse en el lugar de la otra persona, conocer sus gustos, preferencias y necesidades", explica la psicóloga clínica María Victoria Sánchez.

6 de enero, el Día de Reyes, es la otra fecha cercana para regalarle ilusión a los más chiquitos.

En cambio, hacer siempre el mismo regalo o comprar lo primero que encontramos puede ser síntoma de falta de creatividad o, lo más grave, de desinterés.

"Lo fundamental cuando vas a comprarle algo a otro es olvidarte completamente de tus gustos", decía la escritora española Almudena Grandes, quien alertó: "Muchos regalos fracasan porque nos olvidamos de la persona a la que se los vamos a hacer".

Un beneficio impensado
Aunque muchos crean que es al revés, los psicólogos afirman que a menudo el que da cosecha los mayores réditos psicológicos de un regalo.

Al respecto, un estudio publicado en la revista PNAS asegura que cuando hacemos un regalo se activan en el cerebro ciertas áreas de bienestar que, en cambio, no funcionan cuando lo recibimos.

Por otro lado, según la psicóloga Sánchez, "un regalo puede ser una forma de expresar gratitud o aprecio hacia otra persona, a la vez que nos permite ser generosos y fomentar la creatividad".

Sin embargo, algunas personas viven esta experiencia con verdadero agobio. "Detrás puede haber miedo a equivocarse, a no cumplir las expectativas, a no agradar", opina la experta.

En estos casos, siempre es mejor preguntar. Ya un ensayo publicado en 2011 en Experimental Social Psychology sacaba como conclusión que los destinatarios quedan más satisfechos cuando les regalan lo que han solicitado que cuando son sorprendidos, para bien o para mal.

Para los chicos
No compres todo lo que te pidan

Bombardeados por la televisión, es común que los niños quieran cada cosa que ven en algún comercial y se la pidan a Papá Noel. Sin embargo, no es necesario salir a comprar todo para que no se desilusionen. Es más, llenarlos de juguetes puede ser contraproducente. "Cuando las cosas nos vienen dadas y no nos hemos tenido que esforzar por conseguirlas, no las valoramos tanto como aquello por lo que hemos luchado", advierte la psicóloga Silvia Álava Sordo, colaboradora de GuiaInfantil.com.

Además, más allá de sus gustos, es importante tener en cuenta las opciones más adecuadas para cada edad, y no olvidar meter entre todos los paquetes algún libro de lectura, lápices, pinturas y otros regalos que estimulen su creatividad.

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