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La Mañana

Ruca Choroi abre las puertas a la medicina integrada

Sin dejar de lado la atención tradicional, las comunidades mapuches de la zona trabajan desde hace años junto a las autoridades para instalar una concepción más amplia de la salud. Buscan contemplar las costumbres de los pobladores e integrar prácticas ancestrales que curan con la palabra, calmantes naturales y la compañía de los familiares. En este lugar, en unos meses, se inaugurará el primer hospital intercultural del país.

Por ANA LAURA CALDUCCI

Ruca Choroi > En el hospital de Aluminé, médicos y pacientes hablaron idiomas diferentes por años, aún cuando todos se expresaban en castellano. Con frecuencia, los enfermeros descubrían con mala cara que los familiares de los pacientes removían las camas de su ubicación original. Las giraban. Cada una terminaba en sentido inverso al que tenía la noche anterior. Para el personal del centro de salud, era un capricho. Para quienes asistían allí a curarse, en cambio, se trataba de salvarle la vida a un ser querido. Por años, nadie en el equipo de salud reparó en que los enfermos reposaban con sus pies hacia el oeste, la orientación que marca el final de una persona en la cultura mapuche, la que usan los lugareños cuando entierran a sus muertos.
Esa barrera cultural comenzó a desmoronarse de a poco con el nuevo siglo y abrió el paso a un proyecto de integración inédito, que permitirá inaugurar en unos meses el primer hospital intercultural de nuestro país, bajo el nombre Ranguiñ Kien (centro del cielo). El nuevo edificio funcionará a poca distancia del pueblo, en el paraje Ruca Choroi, dentro de las tierras que ocupan las comunidades Aigo y Ngueigueial. Su silueta de media luna ya se distingue entre los mallines cordilleranos.
El proyecto nació primero en la cabeza de dos personas, quienes entendieron que había una herramienta imprescindible para la salud de la población que no se estaba teniendo en cuenta: el respeto. En el hospital, el principal impulsor de esta idea fue el doctor Fabián Gancedo, a quien todos reconocen como “el pionero” en la integración entre culturas. Del lado mapuche, muchos soñaron con la posibilidad de un centro compartido, aunque hubo una persona que apostó todo a continuar con las gestiones ante el gobierno provincial hasta que lo consiguió: Daniel Salazar, ex lonco de la comunidad Ngueigueial.
También hubo un tercer protagonista que marcó el camino desde el otro lado de la cordillera, Víctor Caniullán, un machi (sanador y consejero espiritual) reconocido por las comunidades de la zona, que logró el prestigio académico dentro de la población “huinca” de Chile, al punto de desempeñarse como médico mapuche en el hospital intercultural de Nueva Imperial, en el vecino país.
Para las poblaciones mapuches locales, el año de inflexión fue 1995, “porque empezamos a tener otra mirada, a revalorizarnos y dejar de ocultar nuestro conocimiento”, en palabras de Nicolás Ñanco, uno de los agentes sanitarios de Ruca Choroi. Según recordó, “en aquel momento la medicina mapuche era algo mal visto, hasta denunciable”.
Ese proceso de renovación en las comunidades confluyó con una actitud diferente desde los profesionales de salud de Aluminé, en particular Gancedo, quien empezó a hacer notar que las personas muchas veces “se enferman de lo que creen”.
Entonces, las comunidades, que ya bregaban desde hace años por una nueva sede para la sala sanitaria, redoblaron la apuesta y propusieron un hospital intercultural. El tema se trabajó a partir de 2008, con una mesa integrada por personal de salud y las comisiones directivas mapuches, que se reunió semanalmente durante dos años. En paralelo, se logró otro proyecto: la radio comunitaria Aletwy Wiñelfe (Alumbró el Lucero).
Una de las primeras conquistas de la mesa fue la designación de promotores de salud mapuches para acompañar a los agentes sanitarios y reforzar la prevención; y la otra, la unión de las dos comunidades. Ésta fue importante porque “quizás a un agente sanitario de Ruca le tocaba atender a un paciente de Epu Pehuen y los límites hacían que hubiera tensión, por eso fue un proceso muy lindo y de discusión entre nosotros mismos, donde entendimos que la salud no tiene límites”, contó Salazar.
Luego, se consiguió un viaje de los agentes sanitarios a Chile para conocer la experiencia en salud intercultural del otro lado de la frontera. Salazar señaló que eso sirvió “para sacar lo mejor” del ejemplo trasandino, pero con un modelo propio. Indicó que conocían el hospital Nueva Imperial por Caniullán, que varias veces al año cruza la cordillera para atender pacientes de Ruca Choroi.
Finalmente, tras insistentes notas y presentaciones, el gobierno provincial comprometió la construcción del centro intercultural, que comenzó a ejecutarse en enero de 2011 y concluirá a fin de año. En tanto, el trabajo de la mesa continúa para definir cómo funcionará el hospital una vez que esté listo el edificio.
“El proyecto tiene diferentes etapas, primero fue la cuestión arquitectónica, que se terminó, y ahora estamos en la del funcionamiento, que es la gran discusión que se viene”, puntualizó Salazar, y recalcó: “Pasa que la interculturalidad no es hacer un diseño bonito con una figura rara, porque eso es sólo un cascarón, también es adecuar las normativas o leyes para que sea viable, para que la dirección del centro sea compartida y se respeten ambas culturas también en la práctica de la salud”.

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