¿Sabías por qué a los memes se los llama de esa manera?

El nombre se le atribuye al libro de un científico estadounidense.

Aquel que hoy en día desconozca lo que es un “meme” o un “gif” corre el riesgo de estar desconectado del mundo. Puede que lo tenga sin cuidado, pero las siglas, los recursos gráficos de los emojis y stickers que se emplean introdujeron nuevos códigos de conducta y modificaron, en parte, los principios básicos de la comunicación, que el emisor y el receptor de un mensaje se entiendan. Puede que no se dominen otros idiomas, pero algunos de esta unidad de información cultural han roto fronteras, haciéndose prácticamente comprensibles en cada estamento cultural.

Los memes nacieron entre las páginas de papel pero alcanzaron el éxito al calor de las redes sociales. Su inicio hay que buscarlo en una curiosa invención del divulgador científico Richard Dawkins en su obra El gen egoísta, publicada en 1976. En ella describe a los memes como unidades “de transmisión cultural o unidad de imitación”. Con ellos se expresan ideas, fundamentos, y dan cobijo a la cruda realidad. Pero tienen un componente biológico atribuido, en parte, a su capacidad de reproducción y evolución. O sea, una idea maleable, cambiante y creciente. Su relación con los genes es clara: se expanden de manera interpersonal formando parte de una cultura y desgranando comportamientos propios de una evolución similar a la que se enfrentan los códigos genéticos.

El término “meme”, sin embargo, es etimológicamente diferente. Proviene del griego “mimema” (cosa o algo que es imitado). En el momento de la construcción social de internet, en los 90, cuando se produjo su primera gran explosión: foros y servicios primarios asumieron (o copiaron) esta terminología para referirse a textos escritos superpuestos en imágenes o fotomontajes personales acerca de un fenómeno de actualidad. Dirigentes políticos, empresas, comentarios de famosos o una imagen curiosa sirvieron de antesala a la creación de un meme.

Cuando hoy Twitter, Facebook o Whatsapp lo asumen, se prende una llama de la que nadie conoce su final, puesto que puede o no hacer furor. Vivimos sacudidos por los fenómenos virales. Esta actividad toca, sin embargo, aristas algo más peliagudas.

Pueden manipular, hacer escocer los sentimientos del parodiado o mostrar las críticas de un colectivo. Pero, en cualquier caso, crece como el moho y se reproduce entre las líneas de las plataformas sociales más exitosas como langostas en verano. De ahí que el autor lo asocia directamente con un virus, raíz primigenia de lo que hoy en día se entiende como viralidad. Y, sobre todo, se mueve libre. Su potencial espontaneidad y el factor sorpresa son sus mayores aliados, porque nunca se sabe de antemano lo que se convertirá en un meme. Es más, su gran aliado es que no existe en realidad una fórmula secreta para su éxito: no se ve por ningún lado una planificación.

El texto habla de un meme en referencia a una unidad de transmisión cultural o unidad de imitación.

Un científico especialista en genes

El término “meme” nace en el libro El gen egoísta, del científico inglés Richard Dawkins, quien en ese texto popularizó la visión evolutiva enfocada en los genes, introduciendo, además del “meme”, el término “memética”. El libro de Dawkins fue publicado en 1976 y seis años después publicó otro, El fenotipo extendido, en el que planteó que los efectos fenotípicos no están limitados al cuerpo de un organismo, sino que pueden extenderse en el ambiente, incluyendo los cuerpos de otros organismos. Esta teoría fue considerada un gran aporte a las ciencias evolutivas.

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