Buenos Aires (Télam) > El Scrabble, el juego de palabras que resulta un buen entretenimiento para muchos, fue definido por quienes se entrenan a nivel competitivo como un "deporte que desafía los límites de la mente", especialmente para los hispanoparlantes, que tienen un universo de 660.000 vocablos.
El interés de los "scrabbelistas" no pasa por el significado sino por la formación de palabras en un tablero en el que hay que combinar un total de 100 fichas, con las letras del alfabeto distribuidas según el idioma, y cada una de ellas con un valor, que es el que permite sumar puntos.
"Es un deporte de la mente ya que es un juego de mesa con reglamento, con estrategia, nivel de competitividad y de organización de campeonatos, como el backgamon, el bridge, el go o el ajedrez", dijo Horacio Moavro, presidente de la Asociación Argentina de Scrabble.
Moavro sostuvo que para poder jugar hay que saber muchas palabras pero por sobre todas las cosas hay que ejercitar la estrategia que permite armarlas en función de acumular puntos".
"Lo que marca que un jugador pase del nivel social al competitivo es la búsqueda de puntos, lo que se logra con el conocimiento de cómo están distribuidas las fichas, los valores de cada una y la preparación del movimiento siguiente en el atril, la tarima donde cada jugador prepara las piezas antes de jugarlas.
Mucho más extenso que el inglés, que sólo cuenta con 120.000 vocablos, el español alcanza unas 660.000 palabras y unas 105.000 de ellas están en el diccionario de la Real Academia Española, "referencia excluyente del juego", restacó el experto jugador.
"El resto son las 34 ó 35 conjugaciones que tiene cada verbo, que suman unas 400.000 palabras, y los accidentes de género y número, que no están en el diccionario pero entran en el Scrabble", aclaró.
"Otro de los desafíos es conocer la mayor cantidad posible de palabras con dos letras, que son 87, y con tres, que son unas 450", dijo el titular de AAS, quien en su afán de poder retener listas de vocablos incorporó reglas nemotécnicas con la indicación de una psicóloga especialista en pacientes con Alzheimer.


