Sequía de ideas y de bolsillos

El Indec dio cuenta ayer de que la caída de la actividade económica fue la más dura desde 2009. Con una contracción del 5,8 por ciento, el desplome viene a asegurar, para peor, un horizonte recesivo para los meses por venir.

Pese a que se trataba de un inclemente paso de factura que iba a llegar por la sequía, que afectó principalmente a las actividades agropecuarias, el tamaño de la caída cae muy mal en un gobierno cuya performance roza y tiende a superar los peores registros de la anterior gestión kirchnerista.

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El jefe de Gabinete, Marcos Peña, anticipó que los próximos meses la recesión se acentuará. ¿Que quiere decir esto? Que la caída del consumo, la devaluación, las tasas altas, y el ajuste seguirán mostrando la peor cara de la crisis.

El Gobierno prefiere no hablar de crisis, sino de “tormenta”. Un eufemismo que recuerda al que utilizaban los kirchneristas cuando intentaban maquillar, sin éxito, el avance de la inflación hablando de “sensación”.

El problema supera a la tormenta y, en mucho, a la sensación. La diferencia es lo que llevó a reconocer al gobierno de Mauricio Macri que subestimaron la situación e incluso hasta se permitieron prometer mejoras que nunca llegaron.

El termómetro, o mejor dicho el olfato, de la gente, es que la inflación no escampará. Como todo se mide con el bolsillo, las previsiones de inflación que los ciudadanos estiman para este año es del 30 por ciento, una marca que se repite todos los meses según las mediciones que realiza la Universidad Di Tella.

La sequía vino para quedarse, aún cuando el cielo de los argentinos precipite lluvias copiosas que no alcanzarán para disimular tantas improvisaciones.

El Gobierno no quiere hablar de crisis. Para la Casa Rosada, se trata de una tormenta que tarda en aclarar.

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