Testigos comprometieron a Colombil
Bariloche > “¡Se me escapó! ¡Le pegué en la cabeza! me dijo Colombil”, recordó ayer el sargento Alfredo Millanao, quien estuvo a cargo del grupo de policías que realizó la madrugada del 17 de junio el procedimiento que finalizó con el homicidio de Diego Bonnefoi, de 15 años.
Millanao fue uno de los testigos que declaró en la primera audiencia del juicio al cabo de la Policía de Río Negro, Sergio Colombil, quien está imputado de homicidio calificado por su calidad de empleado policial en abuso de sus funciones.
El oficial del gabinete de Criminalística de la Policía de Río Negro Emilio Silva dijo que peritaron la pistola que usaba Colombil y que concluyó en un informe que el arma presentaba un buen estado de conservación. También que la cartuchera se encontraba en buen estado y uso.
El juicio generó la atención de la población de esta ciudad y la sala de audiencias estuvo colmada. Se desarrolló en medio de un celoso operativo de seguridad que incluyó cortes de calles adyancentes a Tribunales, controles a las personas que ingresaban y detectores de metales.
Según la acusación fiscal, Colombil perseguía a Bonnefoi por los pasillos del barrio Boris Furman, ubicado en la zona del Alto de Bariloche.
Millanao había dado la orden de perseguir a unos cuatro o cinco jóvenes que habían arrojado unos objetos cuando observaron el móvil policial.
Los sospechosos corrieron en distintas direcciones y Colombil salió tras Bonnefoi. Según la acusación, Colombil disparó a una distancia aproximada de dos metros contra el adolescente que corría delante. El proyectil impactó en la cabeza del adolescente y murió.
Ayer, Colombil se abstuvo de declarar ante los jueces de la Cámara en lo Criminal Primera, Marcelo Barrutia, Alejandro Ramos Mejía y Gregor Joos.
Fue la primera vez que se vio a Colombil en público desde que ocurrió el hecho. También fue la primera vez que los padres de la víctima lo vieron a la cara. Sandro Bonnefoi le mostró una fotografía de su hijo cuando el imputado se sentó en el banquillo. Pero Colombil no reaccionó.
El acusado se remitió a lo que había señalado en su indagatoria ante el juez de Instrucción, Miguel Gaimaro Pozzi.
En esa ocasión, Colombil dijo que “iba en persecución de un sujeto y cuando se encontraba a un metro o metro y medio de distancia detrás de aquel, se resbaló y se disparó su arma reglamentaria que portaba en su mano derecha junto con el bastón”. Sostuvo que luego de esa situación observó que la persona cayó al piso.
El homicidio de Bonnefoi generó la protesta de familiares y amigos que atacaron la Comisaría 28, donde trabajaba Colombil. La unidad policial estaba a pocos metros del domicilio de la víctima.
A raíz de las manifestaciones, se desató una represión policial esa jornada del 17 de junio pasado que dejó decenas de lesionados y en la que murieron Sergio Cárdenas, de 29 años, y Nicolás Carrasco, de 16. Esos dos homicidios están en etapa de investigación, en una causa distinta a la del caso Bonnefoi.
El defensor del acusado Marcelo Ganuza pidió suspender el juicio para evitar futuras nulidades. Advirtió que había solicitado la excarcelación y que ese pedido había sido denegado por el Tribunal y que había apelado ante el Superior Tribunal de Justicia de la provincia.
El segundo planteo preliminar fue la queja porque no le permitieron incorporar como testigos a peritos de Criminalística de la Policía de Río Negro que fueron los primeros policías en llegar al lugar del hecho para trabajar en el levantamiento de pruebas. Aseguró que no se respeta el debido proceso cuando a la defensa se le impide incorporar testigos.
El fiscal de Cámara Carlos López no se opuso a que se llame a nuevos testigos. En cambio, el querellante, que representa a la familia Bonnefoi, Alejandro Pschunder dijo que no correspondía porque ya había sido rechazado el pedido por el Tribunal.
Los jueces resolvieron por unanimidad rechazar el pedido de suspensión y accedieron a incorporar nuevos testigos pedidos por la defensa. Todos policías.
Millanao fue el primero en comparecer ante el Tribunal. Dijo que “cuando declaramos esa noche (del 17 de junio pasado) estábamos en estado de schok”. Y aseguró que “esa noche tampoco salimos a matar. Nosotros estábamos trabajando. Esto fue un accidente”. Y aseguró que no le vio un arma a Bonnefoi.
El doctor en física, Rodolfo Pregliasco, sostuvo que el disparo tenía que haber sido realizado contra Bonnefoi a una distancia mayor a un metro, en función de los restos de partículas halladas en el gorro de lana que llevaba la víctima.
El perito balístico y mecánico armero, Roberto Nigris, señaló que la cartuchera que usaba Colombil y que examinó “no es segura para portar un arma, porque no queda fija”.
Señaló que el arma que usaba Colombil es de uso táctico, “no recomendable para que sea de uso policial de calle”. “El arma no debería dispararse con el seguro bien puesto”, afirmó.
Advirtió que si uno acciona la cola del disparador y el arma cae al piso se dispara. Y arrojó el arma descargada al suelo en la sala para demostrarlo.
Dijo que por lo que tiene entendido fueron armas usadas que fueron entregadas años atrás al personal policial. Colombil asintió con la cabeza. Fue uno de los pocos momentos donde el imputado hizo alguna manifestación. Casi toda la audiencia permaneció en silencio.
“Esta arma (por la que usaba Colombil) no la surgiero para que la porte ni la Policía ni ninguna otra persona”, sostuvo Nigris.
El juicio continuará hoy con nuevos testimonios y los alegatos de las partes.
Bariloche > El oficial del gabinete de Criminalística Emilio Silva dijo ayer que hicieron un rastrillaje de unos 10 metros a la redonda del lugar donde cayó Diego Bonnefoi.
Indicó que el cuerpo del adolescente ya lo habían retirado cuando llegó. Dijo que el trabajo lo supervisó el juez de Instrucción Martín Lozada, quien estaba de turno esa madrugada.
Aseguró que dividieron el lugar por cuadrículas y que revisaron una por una, pero no hallaron un arma calibre 22, que apareció cerca del cuerpo de Bonnefoi.
Indicó que si bien era de noche, había dos luminarias encendidas que estaban cerca del lugar y además trabajaron con reflectores.
Cuando le preguntaron si era posible que no hallaron un arma, Silva dijo: “No nos ha sucedido, pero puede suceder. Somos seres humanos”.
Silva dijo que el arma, calibre 22, estaba a unos 4 ó 5 metros de donde estaba el cuerpo de Bonnefoi.
Cuando la querella preguntó por qué no había levantado la vaina del arma de Colombil, Silva afirmó: “Puede ser que alguien la haya levantado y es posible que alguien haya puesto el arma”.
“El arma se me rompió en un procedimiento en el año 2000 y pagué yo el arreglo”, recordó.
Dijo que les proveen de proyectiles “cada tanto”. Y que ir a practicar tiro se hace en forma particular, pero es todo un presupuesto.
Señaló que la caja de balas sale unos 270 pesos y que las tienen que comprar los policías.
Afirmó que el mantenimiento del arma cada dos meses, como se hace por ejemplo en Gendarmería Nacional, “es inexistente en la Policía” de Río Negro.
Millanao dijo que cuando egresó como policía le dieron 25 proyectiles, la credencial y el arma. “No me dieron uniforme ni nada”, sostuvo.
“La mantención del arma la hago yo y me tengo que comprar las balas”, afirmó. “Hace tres días, en los quince años que llevo en la Policía, me dieron por primera vez un chaleco antibalas”, indicó.
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