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La Mañana cuarentena

Todos sintonizan la misma frecuencia y no dejan de aprender: ellos tienen clases por radio

Más de 300 chicos junto a sus maestros en Roca se embarcaron en una propuesta que los entusiasma y da frutos: estudian por radio. Empezó en una escuela rural y rápidamente la iniciativa se multiplica.

Por Silvana Salinas - Especial

Lejos de tanta polémica en torno a “la educación”, a lo que debe y no debe ser, del polémico “zoom” (la aplicación ‘de moda’ en el mundo virtual), de la inseguridad cibernética, de hackers abusivos… Pero muy cerca de todo. De la realidad en la que viven, con la que se codean en el minuto a minuto de sus vidas.

Peleándole mano a mano a la pandemia para mantenerla a raya. Porque la cuarentena puede impedir cosas, aislarnos entre cuatro paredes, pero no puede quitarles las posibilidades ni las ganas de aprender.

Por eso, mientras en muchas escuelas, en universidades, en institutos renombrados sacuden aún el polvo de sus neuronas para ver cómo “seguir educando”, con qué tecnología, un grupo de chicos y maestras de primaria avanzó solo guiándose por el sentido común.

¿Cómo? Con “la radio” como principal aliada

Primero pensaron: qué es lo que podemos hacer y cómo. Luego ¿con qué herramientas contamos? No mucho más.

Nada de polémica, de grupos eternos de Whatsapp, de sesudas discusiones con expertos. Simplemente lo pensaron como enseñan a diario. Escuchando a los chicos.

Y así surgió la idea. La gran idea: enseñar a través de la vieja y querida radio.

¿Por qué? Porque mucho de los alumnos viven muy lejos. Muchos no cuentan con internet, otros no tienen celulares ni computadoras. Tampoco chances de correo electrónico o impresoras.

Entonces, la radio se convirtió nuevamente en un nexo “para empezar a caminar hacia una nueva escuela”, contó Claudia, una de las maestras involucradas en el proyecto.

Situemos el escenario: una escuela rural de Roca, ubicada en la zona de chacras de Cuatro Galpones, que está comenzando a sumar a otras, con comunidades que aprenden a aprender, a través de la escucha. A participar y contar lo que les pasa. Cómo se sienten.

Se trata de la Escuela 35, que recibe a chicos de zonas de chacras desde Guerrico a Roca, y un poco más allá. La matrícula ronda los 300 estudiantes. De primero a séptimo grado.

En los primeros días de pandemia, cuando la cuarentena nos sorprendió a todos, optaron por dar clases “de hasta una hora” a través del whatsapp. Sin embargo, comenzaron a notar que no todos los chicos daban el ‘presente’. Muchos viven en lugares alejados, sin internet. Entonces modificaron la estrategia.

“Surgió la posibilidad de la radio. Lo charlamos con los papás y estuvieron de acuerdo, porque en todas las casas, incluso en las chacras más alejadas, tienen radio”, explicó Claudia, entusiasmada. “Hacemos todo, cada uno desde su casa, en enlace con la radio”. Todos los días a las 14.

El “aula virtual” lo hacen posible 95.9 FM Argentina y 90.1 FM La Valletana. Un ex alumno aportó, con su radio, su granito de arena.

“Quizá se pensaba que era un recurso viejo, pasado de moda, pero nos vino de diez. Estamos llegando a los chicos con propuestas diferentes y estamos proyectando actividades con otras escuelas”, explicó la directora de la Escuela 35, Gladis Oviedo.

“Nos permite volver a comunicarnos, a estar en contacto, a recuperar la escucha, la poesía, la narrativa desde un lugar diferente”, agregó, “y los chicos están descubriendo nuevas habilidades”.

- ¿Cómo es eso de dar clases por radio?

- "Nos está yendo muy bien, hacemos consignas diarias, los chicos nos mandan audios, videos a los maestros de lo que hacen, y estamos en permanente comunicación. Entendemos que es una nueva realidad y todos tenemos que adaptarnos”, detalló Claudia Millalén, tallerista de Ciencias Naturales.

Son tiempos valiosos de aprendizaje.

- ¿Los chicos siguen aprendiendo, pese a no poder ir a la escuela?

- “Cuando escuchamos que dicen que este año las clases están perdidas, nosotros decimos ¡no!. Estamos aprendiendo otros contenidos, metodologías. Hoy vivimos una situación inédita, está naciendo una nueva escuela. Con otros lineamientos. La escuela está perdida…, dicen, porque todavía no han entendido que la escuela ya no es más el cuaderno y el maestro. La escuela está cumpliendo otro rol, no solo evaluamos contenido, vemos a ese chico en un contexto, cómo aprende, cómo avanza. La escuela ha cambiado su mirada hace mucho tiempo. Yo al principio me resistí un poco a la tecnología, soy ‘de antes’ pero tuve que ponerme y aprender, porque si no me subo al barco, mis alumnos quedan afuera...”, opinó Claudia.

Lo cierto es que la marcha del proyecto, aún jovencísimo por estos lares, inspiró a otras a sumarse y ya varios establecimientos más prevén unirse en los próximos días. Son más de un millar de estudiantes en total.

Los chicos, agradecidos y contentos, escriben, leen, se sacan fotos, envían audios y videos. “Este es mi perro Romeo”, dice una niña sonriente, mostrando a sus compañeritos a su fiel amigo, por el “Día del animal”. Mientras, Ezequiel, amasa pan junto a sus papás y, graban todo sin perder detalle y lo mandan a la seño Claudia.

“Esto abarca de primero a séptimo. Entre todos los docentes participamos, hacemos clases cortitas de media hora. La idea es desarrollar la escucha. Brindamos propuestas, enigmas... También damos información, por ejemplo, cuando se van a entregar en la escuela los módulos alimentarios o los cuadernillos de papel”.

“La mayoría quizá tiene algún teléfono, pero más adentro, en barrios de la costa como Buenos Aires Chico o Mar del Plata, esos chicos ni logran escucharnos. Pero a través de la radio sí, porque todos tienen radio. Se acercan desde la escucha y la oralidad”, explicaron.

Hay chicos que viven a más de 10 o 15 kilómetros, y el que no da el “presente” recibe el cuadernillo de papel en mano. Los docentes se encargan, como sea, de eso. Y eso refuerza el compromiso mutuo.

“Todo el tiempo pensamos cómo estimular a las familias, porque todos están participando. Esto implica un cambio en el eje de la enseñanza, porque más allá de los contenidos se trata de descubrir otras habilidades”, resaltó Gladis.

“Creo que esto ha reforzado los vínculos con la familia -agregó- se están reforzando otros valores, se sigue enseñando desde otro contexto y los chicos siguen aprendiendo”.

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Ni presión, ni agobio

“Entendemos que tanto los papás como los chicos están pasando situaciones diferentes, a veces angustiantes, entonces decidimos, por ejemplo la semana pasada, ‘liberar a los papás’”, apuntó la docente de la Escuela 35, que también da clases en la 128.

“La idea es acompañarnos entre todos, no ejercer más presión sobre los chicos ni sus papás. Hay muchos que se comunican con nosotros, tienen la necesidad de contar qué les pasa y los escuchamos. Algunos están sin empleo, a otros les van a reducir el sueldo, nos cuentan, y la idea no es angustiarlos más. Los chicos también sufren, se estresan”.

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¿Qué están aprendiendo los chicos?

Tecnologías, nuevos modos de comunicación, de relacionarse, de contar, a través de audios, videos, lo que hacen. Responden consignas, leen, nos cuentan… dicen las docentes.

Son tiempos valiosos para aprender. “Se empeñan y leen las poesías que inventan. Para esto practican y practican, para mandar un audio que se escuche bien en la radio. Piensan los enigmas y las consignas que les dejamos y contestan”, se maravillan.

“Los padres también están aprendiendo a estar más tiempo con ellos, a compartir momentos, compartir tareas, y si bien es difícil, porque muchos trabajan, trabajan en los galpones hasta tarde, es bueno saber encontrar los momentos”, explica la docente Maite Aranzábal, de la Escuela 35.

Y los docentes siguen sumando roles, y asumiendo responsabilidades.

Con todos los cuidados necesarios, se acercan cada semana a la escuela, y los directivos reparten módulos alimentarios y los maestros los cuadernillos para todos aquellos niños que necesitan también este soporte en papel.

“La idea es tratar de seguir como siempre, con cuestiones de la realidad… Siempre se trata el virus, lo que hacen en la casa, el cambio de estación, los cuidados con los adultos mayores. A los chicos, les gusta participar, hicimos títeres. Queremos que los chicos no pierdan el hábito de hacer las actividades escolares, leer”, dice Aranzábal, la docente de segundo grado.

“A los padres les decimos -finaliza- que se no desesperen ni angustien. Nosotros estamos para acompañarlos a ellos y a sus hijos”.