Un abrazo que se mantiene

Hubo una indiferencia generalizada de la sociedad hacia quienes fueron a combatir a Malvinas.

Leyendo y mirando todos los homenajes que se preparan con motivo del Día del Veterano y de los Caídos en la Guerra de Malvinas, recordé que en todas las entrevistas que hice a lo largo de mi carrera como periodista a quienes fueron protagonistas de aquella gesta reconocieron que lo que más les costó superar no fueron el dolor, el miedo o el horror que generan este tipo de acontecimientos, sino la indiferencia de todo el país cuando terminó el conflicto.

“Nos hubiera gustado un abrazo”, me dijo hace pocos días Horacio Haag, un veterano que vive en Neuquén. Todavía se emociona cuando habla del tema. Y es recurrente en sus palabras cuando menciona esa indiferencia.

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Lo que ocurrió en Argentina no es muy distinto a lo que aconteció en otros países del mundo que participaron en acciones militares y fueron derrotados.

El reconocimiento llega tarde, cuando pasaron muchos años y cuando la necesidad de abrazos ya no es como cuando el dolor es reciente y las heridas están todavía frescas.

Afortunadamente, los argentinos aprendimos a superar esos sentimientos de vergüenza y hoy lo vemos en los homenajes cada vez más sentidos que se les realizan a aquellos que tuvieron el coraje para defender a nuestro país, por más absurda que fue la guerra. Fue un proceso lento a lo largo de los últimos años.

Pero lo importante es que hoy el reconocimiento está. Es una manera de recordar con respeto a los que se quedaron en las islas. Y una forma de decirles gracias a los que volvieron. Cada homenaje, cada acto, cada entrevista que se realice se convertirá inmediatamente en aquel abrazo que esperaban apenas volvieron de la guerra.

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