Un déjà vu que nadie quiere

El Gobierno buscará cuidar a los ahorristas, pero el día a día le genera miedo a una sociedad golpeada.

Hay pocas cosas más argentinas que el dulce de leche. Pero las crisis económicas pelean un lugar en el podio, seguro. La vida es cíclica, y la economía de nuestro país también. Por eso, como un destino inevitable, cada un puñadito de años volvemos a sentirnos sobre la borda del Titanic, enfilado derechito hacia el iceberg, con la banda tocando de fondo, sin lugar en la tabla de madera sobre el océano helado que nos salve del naufragio.

Con el dólar buscando un lugar entre las nubes, el miedo a vivir otra vez un 2001 tomó ayer más impulso. El Gobierno anunció ya desde el viernes que la nueva estrategia es cuidar a los pequeños ahorritas, evitar una medida como la que empujó a Fernando De la Rúa hacia el helicóptero, y llenar la plaza de dólares desde hoy para que la gente vea sus verdes en billetes y se vuelva a casa tranquila.

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No será una misión sencilla. Para nada. Porque aquello que se vivió hace casi 18 años caló hasta los huesos en el incosciente colectivo. Y en los corazones de millones de argentinos que prefieren tener sus ahorros bajo el colchón que en los bancos, que, en cambio, carecen de corazón.

El tope de compra de 10 mil dólares mensuales anunciado ayer no le cambia nada a la mayoría de los argentinos. Esa cifra, desde siempre, es más un sueño aspiracional que una realidad. Pero con las redes sociales y los grupos de Whatssapp llenos de memes y de bombas informativas, la paranoia igual se multiplica mucho más rápido que los panes y los peces, y las aclaraciones del Banco Central. Hoy será un día movido. Muy. Al igual que todos los que faltan (39 hábiles) hasta ese 27 de octubre que puede traer algo de calma, o tirarle leña al fuego.

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