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La Mañana Columna de Opinión

Un merecido homenaje

Castro Rendón vino a Neuquén a cubrir una suplencia de dos meses. No imaginó el legado que dejaría.

Se cumplieron ayer 108 años del nacimiento del hospital Castro Rendón, una efeméride neuquina que, afortunadamente, fue recordada por las autoridades y que tuvo en el hall central del centro de salud, un merecido homenaje no solo a la memoria del médico cuyo nombre lleva este espacio, sino también a todo el personal que de manera incansable trabaja desde hace un año y medio en la pandemia.

Ya se habló de Eduardo Castro Rendón, pero vale la pena recordar alguna de las acciones que llevó adelante para que el entonces territorio tuviera alguna posibilidad de progreso.

Fue este joven médico el que decidió realizar una desinfección de casas en el pueblo que permitió minimizar el Mal de Chagas, enfermedad que azotaba en aquella época a todas las poblaciones humildes.

Fue también el hombre con sentido común que decidió comprar cinco vacas para que le dieran leche a un alumnado desnutrido que se dormía arriba de los pupitres de las escuelas por falta de alimentación. Cinco vacas es nada, pero pueden ser mucho. La leche que ordeñaron los presos de la cárcel U9 fue el primer paso para terminar con la mortalidad infantil. Otros 85 animales se sumarían al corral que se montó en la cooperadora Conrado Villegas para ofrecer carne en los años que siguieron.

Castro Rendón fue el médico humilde que no lucraba con su profesión; el profesional cuya única preocupación era la salud de los demás. Por eso mil veces no cobró sus honorarios y atendió gratis. Otros en el tiempo seguirían sus pasos, como los doctores René Favaloro y Humberto Illia.

Ayer un cuarteto de cuerdas regaló melodías exquisitas para recordar el aniversario del hospital. Muchos en la sala recordaron al médico del pueblo.