Una casa que alberga el sueño de poder estudiar

Ahí, jóvenes de zonas rurales o que no cuentan con recursos económicos cursan la universidad.

Pablo Montanaro

montanarop@lmneuquen.com.ar

Neuquén. Braian Rivero termina de repasar uno de los apuntes del curso de nivelación que está realizando en la Facultad de Informática de la Universidad Nacional del Comahue (UNCo). El joven de 18 años llegó hace más de diez días proveniente de Zapala y es uno de los ocho estudiantes que viven en la residencia universitaria que recientemente abrió la Fundación Sí, en la calle Mitre al 1100 de esta ciudad.

La organización sin fines de lucro que dirige Manuel Lozano abrió esta primera residencia universitaria de la Patagonia con el objetivo de ayudar a que jóvenes egresados de secundarios rurales o alejados de los centros educativos donde se concentra la oferta educativa puedan estudiar carreras universitarias o terciarias. Los estudiantes se alojan de manera gratuita y tienen cubiertos los gastos de alimentación y material educativo para llevar adelante sus estudios.

Mariana López, psicóloga y coordinadora de la Fundación Sí en Neuquén, explicó a LM Neuquén que el proyecto de residencia universitaria consiste “en una beca totalmente gratuita para los jóvenes de zonas rurales del interior de Neuquén que quieren venir a estudiar a la universidad, e incluye alojamiento, alimentos, dinero para viáticos, asistencia psicológica y psicopedagógica. Además, un grupo de voluntarios se dedicará a darles contención y acompañamiento durante el proceso de estudio”, señaló López. “La fundación tiene como principal objetivo promover la inclusión social de los sectores más vulnerables de Argentina. Por eso los voluntarios trabajamos para que los jóvenes tengan la posibilidad y el derecho al estudio”, agregó.

Comentó que actualmente son ocho los estudiantes alojados en la residencia pero que en los próximos días irán llegando los otros 21 que ya fueron seleccionados. Al respecto, López precisó que durante el año pasado voluntarios de la fundación junto a Lozano recorrieron escuelas de zonas rurales de Neuquén y de otras localidades patagónicas para dar a conocer el proyecto. También participaron con un stand en la Expo Vocacional realizada en el Espacio Duam donde dieron a conocer la propuesta. Luego psicólogos y psicopedagogos hicieron entrevistas a los interesados para elegir a los que finalmente ocuparían la residencia.

Uno de los aspectos que resaltó López es que la permanencia no depende sólo de los logros académicos. “Acá permanecerán hasta que terminen la carrera. Les ofrecemos todo para que ellos sólo se dediquen a estudiar. Durante su permanencia en la residencia no pueden trabajar. La idea es que los chicos estén contenidos”, subrayó.

Una fueguina que vino para ser médica inauguró la casa

“De otra forma no podría haberlo hecho”, asegura Tomás Águila, de 19 años, sobre esta posibilidad de comenzar sus estudios de Ingeniería Mecánica en la UNCo. Tomás acaba de arribar a la residencia proveniente de Taquimilan, localidad ubicada al norte de la provincia, cercana a Chos Malal, y sus días en la residencia están abocados a preparar una materia del secundario que debe rendir, con la ayuda de uno de los voluntarios de la fundación. “La convivencia por ahora es muy buena, nos estamos adaptando y dentro de unos días habrá más movimiento cuando llegue el resto de los estudiantes”, acotó.

Cuando Carmen Herrera se enteró de esta propuesta de residencia universitaria no lo dudó. Sabía que Neuquén era el “lugar ideal” para estudiar una carrera vinculada al petróleo. “Llegaron unos papeles de la Fundación Sí a mi escuela secundaria, la 7707 de Puerto Madryn, y me pareció interesante. Les escribí, me decidí a anotarme y unos días después me llamaron para entrevistarme”, explicó la joven de 18 años que ingresó a la carrera de Ingeniería en Petróleo en la UNCo.

Lourdes Villegas fue la primera estudiante en abrir la puerta de la residencia. A los 17 años decidió dejar la casa de sus padres en Río Grande, Tierra del Fuego, para estudiar Medicina. “Si no conseguía esto que ofrecía la fundación, no tenía otra que estudiar enfermería allá, ya que por la situación económica de mi familia no podía trasladarme a otra ciudad”.

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