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La Mañana

Una coalición débil

Era sabido que la máxima tensión social que generó el conflicto entre el gobierno nacional y el campo serviría de excusa para que la Concertación Neuquina -coalición conformada por el PJ-UCR y otros que gobierna el municipio de Centenario- se siente en un

Era sabido que la máxima tensión social que generó el conflicto entre el gobierno nacional y el campo serviría de excusa para que la Concertación Neuquina -coalición conformada por el PJ-UCR y otros que gobierna el municipio de Centenario- se siente en una mesa chica a redefinir posiciones y nuevos caminos en el futuro político.

A los radicales K que componen el gabinete del intendente Javier Bertoldi y los pequeños socios como el Frente Grande y el Frente Democrático de Centenario (un sector vecinal extraído del viejo Movimiento Popular Neuquino que ayudó a consolidar la victoria del jefe comunal) ya no les hace gracia la avanzada del peronismo en la gestión de gobierno.

Si bien no se puede hablar de ruptura, los crujidos en el barco de esta débil coalición partidaria se escucharon puertas adentro durante estos 100 días de conflicto, donde en muchas oportunidades –a confesar por lo bajo en sus integrantes- el sector más conservador tuvo que «morderse la lengua» para no patear el tablero político y dejar mal parado a Bertoldi.

Es que en todo este período ya no se habla ni de obra pública, ni de pequeñas gestiones para regularizar comisiones vecinales, ni de una reestructuración en la asistencia social, ni de jerarquizar al empleado municipal, y tampoco de grandes conflictos con tomas y desocupados. Toda la energía parece estar puesto en lo partidario alrededor del conflicto del campo. Pero aún cuando estas acciones ocurran en segundo plano y en cuentagotas, hoy no alcanzan para tapar toda la efervescencia de dar prioridad a lo político que a una gestión de gobierno.

El presiente del Concejo Deliberante, Oscar Nahuel -un peronista identificado con la militancia de los setenta-, justificó este «gasto de energía» de toda la estructura municipal porque entiende que de fondo «se discute un nuevo modelo de país», aunque reconoció que la sociedad -sobre todo local- aún le cuesta entender el «mensaje redistributivo» presidencial.

Lo cierto es que esta sobreexposición partidaria de los conductores de los destinos de la comuna de Centenario- a través de este conflicto- tendrá que beneficiar a corto o mediano plazo al estado municipal –más allá de lo ideológico- con un envío de fondos frescos de parte del gobierno nacional para iniciar de forma urgente un plan de obra pública.

De no suceder así, es probable que la dirigencia K agradezca semejante actitud militante con palmaditas sobre la espalda, y deje a Bertoldi y su Gabinete «a la buena de Dios» generando una brusca caída de la imagen y dificultades para afrontar los vaivenes políticos. Aunque hasta hoy, nadie parece asomar con fuerza en la vereda de enfrente, y el peronismo tendrá carta libre para hacer y deshacer por mucho tiempo más.