Una nueva muerte no da lugar a la paz en Nicaragua

El presidente Ortega evalúa cómo terminar el conflicto, pero la sangre sigue corriendo: un joven fue asesinado por fuerzas policiales y paramilitares.

Una persona murió y dos resultaron heridas en el norte de Nicaragua cuando policías y paramilitares atacaron a manifestantes que protestaban contra el Gobierno, mientras el presidente Daniel Ortega evalúa una propuesta para superar más de dos meses de violencia política. En tanto, desde Estados Unidos recomendaron no ir a ese país y retiraron a los familiares de los diplomáticos.

Más de 120 personas murieron desde que comenzó esta crisis, la más sangrienta desde los años 80 y la mayor que enfrenta Ortega -que ha dominado la política nacional durante cuatro décadas- desde su retorno al poder hace 11 años. Ayer, un adolescente murió y otras dos personas resultaron heridas al ser baleados en un piquete en Jinotega. El obispo de Jinotega, monseñor Carlos Herrera, entregó los restos del joven a su familia luego de haber arribado al lugar en medio de los enfrentamientos.

Las protestas contra Ortega y su mujer y vicepresidenta, Rosario Murillo, comenzaron el 18 de abril por unas fallidas reformas a la seguridad social y se convirtieron en una exigencia de renuncia, con acusaciones de abuso y corrupción. El conflicto se originó en Managua y se extendió tras la violenta respuesta de la policía y fuerzas paramilitares. La semana pasada, la CIDH consignó 127 muertos y más de 1200 heridos desde el inicio del conflicto.

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