Una pérdida colectiva

Los taxistas impidieron el tránsito a laburantes y hasta amenazaron con hacer justicia por mano propia.

Usted podrá estar de acuerdo o no, pero fueron 72 horas para el olvido, donde perdieron todos. La salvaje agresión que sufrió el taxista Pablo Sánchez, la principal víctima de todo esto, marcó un nuevo límite de lo que puede ocurrir cuando un hecho lamentable no es tratado como se debe.

Ayer, finalmente, se llegó a un acuerdo que bien podía haberse logrado el mismo día en que ocurrió la desgracia. No hacía falta esperar 72 horas para sentarse con las partes perjudicadas -en este caso los taxistas- y proponerle una serie de puntos que permitieran descomprimir un conflicto que se terminó yendo de las manos. Perdieron todos.

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Los choferes de taxis -aun con sus razones- porque actuaron de manera egoísta al forzar un acuerdo apuntando contra la misma sociedad neuquina, aquella que les permite día a día ganar el sustento. No solo dejaron sin servicio de colectivos a miles de personas, sino también impidieron el tránsito a otros laburantes y hasta amenazaron con hacer Justicia por mano propia. Perdieron miles de vecinos -más los pobres que los ricos- perjudicados por no poder moverse libremente frente al sitio que vivió la capital durante tres días. ¿A quién podían reclamarle? Y perdieron las instituciones -pilares fundamentales de una sociedad- que se desacreditaron por no actuar de manera rápida y eficaz para atender el reclamo.

Lo que pasó en estos últimos tres días es un hecho a tener en cuenta para que no vuelva a repetirse porque es más que seguro que otros delitos iguales o peores que el que sufrió el infortunado chofer vuelvan a ocurrir. Y entonces veremos si se aprendió algo de todo esto. O si estamos condenados a perder todos otra vez.

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