Una visita muy esperada
Hay obras que marcaron un punto de inflexión en la historia de la ciudad de Neuquén y de la región. La construcción del puente ferroviario, el primer puente carretero y las represas que lograron regular el caudal del río Limay son las más conocidas, aunque hay una en particular de la que los vecinos del Alto Valle no tienen mayor registro: la del Dique Ballester.
Mañana se cumplen 113 años de la histórica visita del presidente de la Nación, José Figueroa Alcorta, al territorio de Neuquén, y no fue una visita casual. El mandatario vino a dar el visto bueno para la construcción de aquel embalse que no solo permitiría controlar al poderoso río Neuquén, sino que posibilitaría poner en riego miles de hectáreas de tierra sobre territorio rionegrino.
El interés del Presidente en este rincón de la Patagonia estaba fundado en dos cuestiones que no eran menores: su esposa Josefa era la hermana del ex gobernador de Neuquén, Carlos Bouquet Roldán, figura decisiva para alentar aquella obra. Y también estaba todo el estudio hídrico que el gobierno nacional le había encargado al ingeniero César Cipolletti, tras las devastadoras inundaciones de 1899.
Figueroa Alcorta recorrió el pueblo junto a Bouquet Roldán y fue hasta el lugar donde se levantaría el imponente dique, una obra de avanzada para aquella época.
Un año después, en el mismo mes de marzo, regresó para colocar la piedra fundamental de ese magnífico proyecto que primero se llamó Contralmirante Cordero (propietario de las tierras), luego Neuquén y finalmente Enrique Ballester, en homenaje al ingeniero responsable de su construcción.
TAGS
- Columna de Opinión


