Violencia y contradicciones

Jóvenes que mataron en robos ahora se van a pudrir en la cárcel. El Estado y su eterno principio de ausencia.

Cuando la Fiscalía de Flagrancia llevaba seis meses de trabajo, el fiscal Maximiliano Breide Obeid pasó por los estudios de LU5 y aseguró que la cárcel se iba a llenar de pibes que caen por robar unos pesos para conseguir drogas. Además, afirmó que, tras las rejas, lejos iban a estar de resocializarse. De hecho, explicó que se iban a profesionalizar en el delito.

Como una profecía cumplida, nos estalla en la cara un escenario tan previsible como el que anunciaba el fiscal hace dos años.

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En las últimas 24 horas condenaron en Cipolletti y en Cutral Co a dos jóvenes, de 25 y 21 años, por robos de poca monta que terminaron con la vida de un joven rugbier y una abuela.

Matías Baldebenito fue condenado a perpetua y Joaquín Kevin Muñoz Coria recibirá una pena que podría superar tranquilamente los 20 años.

Ambos arrasaron con vidas humanas y deben pagar su deuda con la sociedad. Está claro. Y lo harán con sus propias vidas, que serán arrasadas dentro de la cárcel.

Cada vez que hay un crimen de alto impacto social parece estar justificada la expresión “que se pudran en la cárcel”. La contradicción es que en realidad la cárcel no está para que se pudra la gente, aunque en verdad pase eso. Lo lamentable es que no haya una mirada crítica hacia el Estado sobre su rol y competencia para impedir llegar a semejante escenario tan violento como previsible. Es cierto que existen los imponderables, pero cuando uno comienza a indagar en los casos puntuales siempre aparece la posibilidad de que un Estado presente cambiara a tiempo el rumbo de esas vidas, salvando no dos, sino cuatro.

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