Roberto y Delina tienen un pequeño comercio a 50 kilómetros de San Martín de los Andes, al pie de la cascada Chachin y lograron sobrevivir a la crisis económica que sufrieron por la cuarentena.
El lugar es un punto importante para los turistas que logran llegar hasta allí, a metros de Chile, entre los lagos Queñi y Nonthué, para lo que se tarda casi una hora y media desde la ciudad principal de los Siete Lagos. Ofrecen “las mejores tortas fritas de la zona” y bebidas refrigeradas de forma natural dentro de las vertientes.
“Fue muy duro. De un día para el otro dejaron de venir turistas y ya para el 16 de marzo nos avisaron desde Parque Nacionales que se cerraba todo”, relató a LMN Roberto, que su comercio está dentro del Parque Nacional Lanín.
Según relataron, ambos nacieron en la zona y él trabajó en la madera. “Cuando se cortó la extracción de madera y empezó esto del turismo y ahí nos ofrecieron este lugar. Y así empezó todo”, agregó.
Al parecer, los pobladores son quienes “más cuidan el lugar” y para Roberto “está bien” que no le den concesiones a quienes vengan de afuera a explotar porque “muchos de ellos solo quieren el dinero y hasta desprecian la naturaleza”.
Esta pareja no solo atiende el lugar “desde las 9 de la mañana hasta que se va el último turista a eso de las 8 o 9 de la noche”, sino que se encarga de “preservar todo”. “De los baños que están acá somos responsables nosotros, como también de hacer toda la cartelería de madera y los senderos. Toda la madera trabajada ahí, las hice con estas manos”, dijo orgulloso.
Su casa está a unos metros del comercio y los servicios de su hogar son los mismos que tienen en el local: “Muy escasos”. “Nos pusieron una pantalla solar, pero solo sirve para cargar los teléfonos. El resto lo hacemos a la vieja escuela”, sonrió y mostró dónde enfrían las bebidas del comercio.
Tras estar más de 7 meses sin ingresos, la pareja aseguró que intentó “rebuscárselas”. “En un momento, cuando pasaban los días y pintaba que iba a seguir cerrado, la pasamos muy mal. Fue difícil porque esta es la única entrada que tenemos y pudimos sobrevivir”, contó.
Para ellos la edad pudo haber sido un condicionante, ya que no se pudieron “reinventar” y salir adelante con otras profesiones. “Acá tampoco hay internet ni nada. ¿Cómo podía hacer para tener otro trabajo? Además, nos agarró el invierno y esto se llena todo de nieve”, agregó.
Si bien Roberto trabaja la madera y realiza algunas changas, la incomunicación del lugar no le permitió usufructuar su conocimiento. “Pero por suerte, en toda esa preocupación se habilitó el turismo y pudimos abrir”, contó mostrando las medidas de seguridad que debieron aplicar para la situación actual.
Describió que desde que comenzó en diciembre la temporada de turismo, las personas que pasan por su local volvieron a oscilar entre las 300 diarias, número "normal" de personas antes de la pandemia. “Volvió todo a la normalidad, pero lo que cambió fue la forma en que llegaron. Antes venían muchos en trafic y ahora viene grupo de 4 personas o parejas solas, eso expone un poco la situación actual”, agregó.
La reactivación de turismo “es un hecho”, aunque fue algo que, en algún momento, les había quitado el sueño. “El tema no solo era que se habilite el turismo, sino que venga gente y consuma. Y por suerte pasó y pudimos salir a flote con los costos y ahora ya nos estamos acomodando de nuevo”, concluyó la pareja.
El almacén en fotos
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