Ahora, el sur también existe

Acuña marcó el camino que antes señalaron otros y hoy los neuquinos atraen a cazadores de talentos.

Cuando llamé a casa, mi mamá estaba llorando”, contó Marcos Acuña a LMN el día después de su histórica citación a la selección argentina del Patón Bauza. En las últimas y sufridas eliminatorias, el Huevo se convertía en octubre de 2016 en el primer neuquino en ponerse la albiceleste bicampeona del mundo. No pasaron siquiera tres años y la presencia de los futbolistas de estas tierras en los conjuntos nacionales amenaza con hacer de aquel mojón inolvidable del humilde zapalino un quiebre, el primer paso en un camino que pisarán muchos otros en poco tiempo.

Mundialista en Rusia para dejar su apellido en otra página importante, llamado por Scaloni para los amistosos de septiembre, Acuña sigue firme haciendo historia en la Selección. Y detrás de él van los cipoleños Ezequiel Centurión y el mellizo Tiago Simoni, y cada pibe que, como el Huevo, carga las valijas desde el Alto Valle o el interior neuquino para ir a cumplir su sueño en algún equipo de Primera.

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Antes que Acuña hubo otros, Rubens Sambueza, el Indio Daniel Vega y Leandro Marín, que llegaron a los dos equipos más poderosos del fútbol argentino y demostraron que se podía, impulsaron a sus coterráneos a soñar a lo grande, plantaron una semilla que ya rinde frutos y abre puertas.

Hoy, los pibes neuquinos atraen a los más famosos buscadores de talento, nutren las inferiores de los clubes de Capital Federal y ya no generan sorpresa. Siempre hubo talento y esfuerzo. Pero ahora las distancias parecen más cortas, dispuestas a ser unidas por todo aquel que busque cumplir el sueño de jugar a la pelota en las grandes ligas y demostrar que el sur también existe en este país futbolero.

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