“Siempre hay revisiones trimestrales del FMI que preceden a los desembolsos, es parte de los programas”. En esa frase de Sergio Chodos, director del Fondo Monetario Internacional por el conosur, resumió el peor de los problemas del acuerdo con el Fondo para el gobierno de Alberto Fernández. Las misiones del FMI son políticas, aunque sean barnizadas de técnicas. Con esto el gobierno ató buena parte de su suerte a cómo lo trate el prestamista de última instancia, dominado por Estados Unidos.
La administración Fernández está definiendo un acuerdo para pagar un crédito inédito que operó el exa presidente Donald Trump en el Fondo para ayudar a Macri a capear una violenta corrida de los fondos rapaces que supo tratar como inversores, liderada por el banco JP Morgan, como contó con pelos y señales un tiempo después el periodista Carlos Burgueño en Ámbito Financiero.
Entre gallos y media noche, mientras los fondos rapaces corrían, Christine Large atendió la orden de Trump para Argentina. Había que salvar el gobierno de Macri, que tambaleaba después de haber ganado las elecciones de medio término dejando la sensación de que se quedaría en el poder un tiempo largo.
El acuerdo que consiguió el ministro de Economía, Martín Guzmán, es mejor que cualquiera de los que se creía en la previa del anuncio. De todos modos, no logró despejar el poder de veto del organismo sobre la marcha del gobierno. En concreto, el default de Argentina no está en manos del Presidente sino de la políticas del Fondo Monetario, que con sus decisiones tiene el poder de desembolsar lo que debe el país o guardarlo hasta que le convenga más.


