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Desde Neuquén a las rutas: jubilados y con 66 años, construyeron su propio motorhome para viajar por el país

Tras jubilarse, el matrimonio se animó a una vida viajera en motorhome y hoy recorre las rutas del país sumando experiencias.

A los 66 años, Juana Lonac y Juan Carlos Iruretagoyena inauguraron una nueva etapa juntos. Tras una vida dedicada al trabajo y a la crianza de sus cuatro hijos, ya jubilados decidieron lanzarse a la ruta: construyeron su propio motorhome y hoy recorren el país con la misma complicidad que los une desde la adolescencia.

Durante 36 años, Juana trabajó en la administración pública, mientras que Juan Carlos se dedicó al rubro petrolero. “En Mendoza reparaba equipos electrógenos y, cuando nos vinimos a Neuquén, empecé a fabricar tráileres y equipamiento para el sector. Así armé una empresa acá, que hoy está a cargo de mis hijos”, cuenta.

Compartir nombre y edad es apenas una coincidencia en un matrimonio que tiene mucho más en común. Los une la pasión por viajar y el disfrute de descubrir nuevos destinos, pero también el humor y el compañerismo cotidiano. Por eso, cuando a Juan se le ocurrió la idea de tener su propia casa rodante, Juana no dudó ni un minuto.

Una historia de película

Basta con prestar atención a cómo se miran para entender que el amor que los une trasciende el tiempo. Juana y Juan se conocieron a los 17 años y nunca más se separaron.

Por aquellos años, él vivía en Roca y estudiaba en el colegio industrial de Neuquén. Los fines de semana solía regresar para visitar a su padre. Pero un día, su mejor amigo Guillermo le pidió que se quedara para acompañarlo a encontrarse con su novia, que iría junto a su hermana, y no quería estar solo con las dos. A cambio, le prometió llevarlo de regreso. La novia de su amigo era Alicia, hermana de Juana.

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“Al final no me llevó más: me quedé con ella”, ríe Juan al recordar aquel primer encuentro. “Fue un flechazo. Nos pusimos de novios enseguida y, después de cuatro años, nos casamos. Luego llegaron nuestros cuatro hijos: Juan Blas, Natalia, Jordán y Sofía”, suma Juana.

La boda se concretó en Neuquén y casi de inmediato, armaron las valijas. “A mí me faltaba terminar de estudiar, tenía materias pendientes, así que nos fuimos a Mendoza y nos quedamos allá hasta que terminé”, explica Juan. Tiempo después regresaron a la región y se instalaron definitivamente en el Alto Valle.

Cómo surgió la idea del motorhome

Cuando Juan Carlos empezó a vislumbrar la llegada de la jubilación —porque, como dice entre risas, “mis hijos me estaban desplazando”—, comenzó a pensar en construir un motorhome a su gusto y medida para aprovechar el tiempo libre viajando.

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Juana, satisfecha de haber visto a sus cuatro hijos convertirse en profesionales —su mayor anhelo—, se entusiasmó de inmediato con la propuesta y se sumó al proyecto.

Podrían haberlo comprado listo, pero fueron un paso más allá: Juan lo fabricó desde cero con ayuda de un amigo. “Compré el camioncito y lo fui armando. Igual lo terminé en poco tiempo, porque estaba desesperado por salir”, confiesa entre risas.

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El hogar sobre ruedas se adaptó también a sus necesidades personales. Juan sufre de claustrofobia, una condición que le dificulta permanecer en espacios cerrados, por lo que el diseño priorizó la amplitud y la ventilación: tiene numerosas ventanas que aportan luminosidad y todas ellas pueden abrirse, permitiendo una circulación constante de aire.

La primera experiencia

A pesar del temor inicial a lo desconocido, el primer viaje terminó de confirmarles que habían tomado la decisión correcta. La salida inaugural coincidió con el cumpleaños de Juan, el 26 de enero del año pasado. Eligieron Villa Traful y se animaron a entrar por el camino de Confluencia Traful, todavía en malas condiciones.

La falta de experiencia también dejó anécdotas. Antes de partir, Juan había visto en YouTube el consejo de otro rodantero: llenar bien la heladera para que nada se desplazara. “Lo hice, pero cuando llegamos a Plottier tenía las latas de cerveza entre el acelerador y el freno”, cuenta.

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Además, para festejar el cumpleaños, Juana había preparado una sorpresa: escondió una pequeña torta en la heladera para celebrarlo juntos. “No podía llevar algo grande, así que compré una chiquita y la guardé para que no la viera. Pero cuando se cayeron las cosas, la torta rodó por el piso”. Afortunadamente, él no llegó a verla y, aunque la torta fue recuperada, el misterio sobre el destino de la vela continúa hasta hoy.

Un mundo sobre ruedas

A medida que se fueron adentrando en esta nueva forma de viajar, el matrimonio descubrió que la vida en motorhome tiene códigos y ritmos propios. En la ruta se encontraron con una gran comunidad "rodantera", que comparte la misma filosofía de viaje y con quienes intercambian consejos, información y experiencias, tanto en persona como a través de grupos en línea.

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Otra gran ventaja que ofrece la casilla es la libertad de poder detenerse en un paraje simple, incluso donde no hay nada alrededor, y quedarse allí el tiempo que deseen, sin apuros ni itinerarios rígidos. "El hecho de viajar hace algo distinto en las personas. Hay una armonía muy especial cuando viajas, hermosa", sostienen.

En ese tiempo propio, cada uno cultiva sus intereses. A Juana le gusta leer, dar paseos, charlar con la gente y disfrutar del entorno, mientras que Juan aprovecha para diseñar e imprimir en 3D distintos objetos, una afición adquirida durante la pandemia que lo acompaña hasta el día de hoy.

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Viajar en un espacio reducido también puso a prueba —y confirmó— la solidez el vínculo: como bromea Juan, en el motorhome “hay que quererse mucho, porque no hay a dónde irse si te peleas”.

El proyecto en redes

Hace poco decidieron abrir una cuenta de Instagram (@Juanayjuan2026) para compartir sus aventuras sobre ruedas. La iniciativa fue de Sofía, la hija menor, que trabaja en el área de marketing de la empresa familiar y enseguida vio el potencial que tenían sus padres.

“Ellos siempre mandan cosas al grupo de la familia: videos o comentarios sobre los campings. A veces dicen: ‘Fuimos a tal lugar, era re caro, el baño no estaba limpio, pasaba esto o aquello’. Y pensé: esta información le puede servir a otras personas, porque es real”, cuenta.

Juana coincide en el valor que tiene ese intercambio de experiencias entre viajeros. “Hay muchos grupos donde la gente comparte datos que después te sirven un montón. A veces querés ir a un lugar y alguien comenta que el camino está feo, entonces terminás eligiendo el destino en base a esas sugerencias”, explica.

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Además, Sofía destaca el humor y la espontaneidad que caracteriza a sus padres, clave a la hora de crear contenido. El próximo viaje será la prueba piloto del proyecto. “Les estoy enseñando cómo grabarse y la idea es empezar a subir los videos”, adelanta.

Por su parte, Juan asegura que en cada pueblo que visitan “siempre hay una historia que contar”: pequeñas cosas que pasan desapercibidas para la mayoría, secretos a voces que vuelven único y mágico a cada rincón del camino. Por eso, compartir esas anécdotas en redes, puede resultar interesante para muchos y, a la vez, despertar las ganas de conocer cada lugar.

En busca de nuevos destinos

En estos días, la pareja emprenderá un nuevo viaje hacia la costa, aunque sin un rumbo del todo definido. Luego planean regresar y retomar la ruta hacia la cordillera o el norte neuquino. A futuro, sueñan con llegar a Perú y Brasil. Mientras tanto, alternan escapadas de pocos días con regresos a la ciudad para visitar a la familia.

Hoy todavía pueden disfrutar de la compañía de sus madres, de 86 y 89 años, ambas fascinadas con la casilla. Sus nietos, Catalina (13) y Ciro (10), también esperan el regreso de cada viaje como una oportunidad para compartir tiempo con sus abuelos.

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Sin embargo, no descartan que algún día se animen a salir sin fecha de regreso. El tiempo ya no apremia: quieren conocer todo lo que puedan y, sobre todo, disfrutarse mutuamente.

Tiempo atrás, Juan y su amigo Guillermo —quien finalmente terminó casado con Alicia— miraban a sus compañeras caminar por la playa y decían con nostalgia: “¿Te acordás cuando volvíamos descalzos por la ruta después de verlas, porque ya no había colectivo?”. Entonces brindaban con una cerveza por los viejos tiempos, los presentes y los que vendrán.

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