Por Georgina Gonzales - [email protected]
Entre muchos cascos amarillos salta a la vista uno rosa. Es el de Analía Salazar, la maquinista de la obra de los edificios que se construyen en la esquina de Avenida Argentina y Leloir, quien se abrió paso en el hasta ahora masculino oficio de la construcción.
Tiene 35 años y hace tres que descubrió el gusto por esta profesión. A la obra entró como personal de limpieza, pero de a poco se fue haciendo paso con tareas de mantenimiento de seguridad e higiene como poner barandas, tapar pases e instalar mallas.
Luego se dio maña para trabajar con el hormigón y se encargó de recibir los camiones y prepararlos. Al poco tiempo se enamoró de la máquina grúa y hasta que no convenció a su jefe de que le enseñe a usarla no paró.
Así fue como al irse el anterior maquinista de la obra, ella tomó su puesto y lo disfruta todos los días. De camisa y pantalón de jeans, botines de trabajo, la mujer se hizo su espacio junto a unos 100 obreros de la construcción quienes trabajan en esa gran obra que se realiza en la ciudad.
La alientan
Se lo toma como un “desafío” todos los días y asegura que en este tiempo le tocaron muy “buenos compañeros”. “Puede haber encontronazos con alguno, pero no por ser mujer, sino por el trabajo diario. Siempre me están alentando, me explican cosas. Pero bueno, quizás a alguno le molesta mi presencia en la obra, pero no me lo dicen”, contó entre risas.
Uno de sus primeros pedidos al convertirse en oficial especializada fue el que le consigan un casco rosa. “En realidad no importa el color, podría haber sido otro. Pero el tema era que se notara la diferencia, que quedara a la vista que acá trabaja una mujer y que más mujeres se animen a sumarse”, contó.
La labor que realiza Analía con la máquina es la de cargar y descargar todos los materiales que se utilizan en la obra. También levanta escombros, ya que tiene uña y pala.
Antes de ponerse el overol, esta mujer trabajó de moza, fue niñera y también se las rebuscó vendiendo viandas.
Analía es madre soltera y vive en San Lorenzo, junto a sus dos hijos, uno de 11 años y el otro de un año y medio. “Estoy muy orgullosa de este trabajo, la verdad que me gusta trabajar en la obra y ojalá siempre se le dé la posibilidad a la mujer de demostrar que podemos hacerlo”, afirmó.
La obrera destacó la “posibilidad” que le dieron y espera que se la den a muchas mujeres más.
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