Aprender a respetar el no

El caso de Tinder deja varias aristas para analizar y también para plantearse nuevos debates.

Todo cambia a un ritmo tan vertiginoso que muchas veces no alcanzamos a procesar una problemática que ya estamos siendo atravesados por otra.

Las formas de relacionarse a partir del crecimiento de las redes sociales han irrumpido principalmente en las personas adultas, que ante semejantes dinámicas optan por el prejuicio fácil.

Antes, hace unos 20 años y más atrás también, las formas de relacionarse pasaban por instituciones tales como la escuela, el club o la parroquia, pero con el devenir de las redes las dinámicas son muy distintas.

Hoy adolescentes, jóvenes y no tan jóvenes tienen una cuenta en Facebook, Instagram y también en Tinder. A esta última la tildan de ser una aplicación para conocer gente con la finalidad de tener sexo, pero eso es un preconcepto. Todos tienen derecho a conocer gente y avanzar hasta donde su voluntad lo determine.

En el caso que nos conmocionó en esta semana, que una chica conozca a un joven por Tinder no da derecho a que la violen. El respeto por el “no” del otro es algo que se debe fortalecer desde el hogar, pasando por todas las instituciones formativas.

Pero también los funcionarios judiciales tienen que comenzar a pensar en estas dinámicas a la hora de dictar una prisión domiciliaria, ya que si bien la persona no puede salir a la calle, puede utilizar las redes. Fue justamente ese mal uso de parte del joven acusado lo que lo expuso y lo que puso en riesgo tanto su vida como la de su familia.

Con la furia que generan estos casos, un escrache puede terminar con una casa incendiada, personas heridas o mucho peor. Lindo tema para debatir y qué mejor que aprovechar esta experiencia para hacerlo.

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