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Ariel Diomedi, el productor frutícola que se puso al hombro la desinfección de la ciudad

Por su trabajo voluntario, fue reconocido con las llaves de la ciudad. Explicó cómo es el proceso de limpieza a bordo de su tractor.

Como tercera generación de productores frutícolas, Ariel Diomedi creció al son del bufido de un tractor y en contacto directo con las máquinas fumigadoras. Esos sonidos parecían pertenecer sólo a las chacras. Ni en sus sueños más extraños hubiera imaginado que un día conduciría ese vehículo por la zona urbana de Neuquén, con el fin de desinfectar calles, veredas y rejas en el marco de una prolongada pandemia mundial.

La vida entre los frutales lo acostumbró al trabajo duro y a enfrentar las temperaturas bajo cero de cada invierno. Por eso, cuando supo que en otros países se utilizaba hipoclorito para desinfectar las superficies y detener la propagación del coronavirus, no dudó demasiado. Puso su tractor y su máquina fumigadora al servicio de la Municipalidad, para que Neuquén pudiera estar lo más limpia posible.

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El 14 de abril, el día del cumpleaños de su esposa, el productor se ausentó de los festejos para iniciar las tareas de desinfección de la ciudad. La primera superficie a desinfectar fue el Concejo Deliberante, pero la actividad se extendió con rapidez. En coordinación con el área de Limpieza Urbana, formó un equipo junto a otros productores frutícolas para dividirse barrios, calles o predios determinados. Todo pasaba bajo la fumigadora de Ariel.

“Estuve leyendo información de otros países, como China, que usaban hipoclorito o lavandina para desinfectar los espacios, sobre todo las rejas y los picaportes, que es donde más permanece el virus”, expresó el productor, que ofreció sus servicios de manera voluntaria para colaborar con las tareas de la Municipalidad.

Por su trabajo relacionado a la fruticultura, sabía que el hipoclorito ya se utilizaba en las chacras orgánicas para combatir algunas plagas. El proceso que debía encarar en las calles era muy similar al que desarrollaba en su trabajo diario. Por eso, sometió la máquina a un cuidadoso proceso de limpieza que eliminara los restos de otros químicos, y la utilizó para recorrer la ciudad.

Su tarea era silenciosa y, muchas veces, anónima. Salía a desinfectar a las 8 de la noche en las épocas de mayores restricciones, cuando el ritmo de la ciudad se apagaba temprano. Sin embargo, los vecinos pronto observaron el tractor en el portón de su casa y lo vieron desinfectando desde sus ventanas. “Cuando pasaba por la Godoy me saludaban, y me dejaban cartelitos y notas arriba del tractor, que dejaba estacionado en casa”, recordó.

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Ariel dejó la chacra y usó las máquinas para desinfectar junto a su hijo la ciudad durante la pandemia del coronavirus.

Ariel dejó la chacra y usó las máquinas para desinfectar junto a su hijo la ciudad durante la pandemia del coronavirus.

Juan Gonzalo, su hijo de 22 años, también se sumó a las tareas. Aunque el impulso voluntario había sido sólo de Ariel, el joven se tomó la tarea con el mismo grado de responsabilidad. Ocupaba el puesto de su papá cuando él volvía agotado de la chacra, y entre los dos se turnaban para usar los trajes especiales y así combatir las heladas de la medianoche a bordo del tractor. “Verlo tan comprometido me llenó de admiración”, se emocionó el productor.

Por su tarea desinteresada, Ariel recibió más de una caricia al alma. Al apoyo inquebrantable de su familia se sumó el acompañamiento de la Municipalidad y las sorpresivas visitas del intendente Mariano Gaido, que llegaba de noche hasta el punto de desinfección para saludarlos y agradecerles por su tarea.

Sin embargo, el premio mayor llegó el 12 de septiembre, cuando el jefe comunal lo homenajeó con la entrega de la llave de la ciudad. La llave es la máxima distinción que otorga el Municipio, y una de ellas reposa ahora sobre una mesa en el living de su casa. La levanta con orgullo para enseñarla a quien le interese conocer la historia. “Cuando ofrecí mi apoyo con la desinfección, pensé que iba a ser una tarea de 15 o 20 días, no me imaginaba una pandemia de esta magnitud”, relató.

El combate contra las heladas de primavera acercó a Ariel a su chacra y lo alejó de las tareas de desinfección. Sin embargo, prestó sus equipos para que el personal municipal siga desinfectando las calles.

Luego de más de 5 meses de servicio voluntario, asegura que no se arrepiente de nada. Más allá del frío, el cansancio y la soledad, conserva el mismo impulso solidario que lo llevó a desinfectar la ciudad. “Lo volvería a hacer sin dudarlo, todas las veces que hiciera falta”, afirmó.

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