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La Mañana Caso Ávalos

Asunción Ávalos, la calma que precede a la tempestad

A 19 años de la desapareción forzada de su hijo, Sergio Ávalos, crece la esperanza en que se impute a todo el personal civil y de seguridad de Las Palmas, el último lugar donde se lo vio con vida al joven oriundo de Picún Leufú.

En Picún Leufú el frío penetra hasta los huesos. Salvo los que trabajan y los estudiantes que a primera hora acuden a sus establecimientos, nadie camina por las calles de tierra. Un grupo minúsculo de personas, no más de 10, acomodan unos parlantes y un par de micrófonos en la plaza principal que no lleva otro nombre posible que San Martín, padre fundador de la patria. En ella, está con su bastón parado don Asunción Ávalos, de 88 años, padre fundador de una búsqueda que este 14 de junio cumplió 19 años.

Al bastón le falta el taquito de goma que va a abajo, pero él está firme ahí, atento, inquieto, pese al clima, pese a los pocos vecinos, pese a que se suspendió el acto en el CPEM 16 donde iba Sergio por la falta de gas .Asunción, sin saber ni presumirlo, ejerce una extrema humildad y en sus palabras la sabiduría de los que no necesita nada, bueno sí: Justicia.

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Ávalos está convencido que sus dos abogados querellantes, Sergio Heredia y Leandro Aparicio, van a lograr lo imposible: la imputación del círculo de poder de Las Palmas, el personal de seguridad y civil que trabajó en el boliche la noche que desapareció Sergio.

“Presiento que esta es una de las últimas marchas. Después de las detenciones seguramente nos quede a la familia seguir luchando para encontrar el cuerpo de Sergio”, dice don Asunción y el centenar de personas que se terminó reuniendo se estremece y no por el frío.

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En esa pequeña multitud, para Picún, todos se conocen y todos saben que no está el intendente ni los concejales, que ni siquiera quisieron brindarle una ayuda económica de 10 mil pesos para restaurar el mural de la plaza Sergio Ávalos hacía donde se dirigió la marcha para inaugurar un banner que pagó Asunción para mantener viva la memoria.

La tímida voz de Asunción y sus ojos que tienen un brillo particular, permiten apreciar esa calma que precede a la tempestad, tempestad que promete acabar con la impunidad.

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