Atención con la contaminación

La contaminación ambiental en la producción hidrocarburífera en la cuenca neuquina saltó a las primeras planas de los medios nacionales, junto con los anuncios y las inversiones para Vaca Muerta. YPF está en la mira desde el 19 de octubre, cuando se produjo un derrame que contaminó 45 hectáreas en el yacimiento Bandurria Sur. Un episodio de magnitud inédita desde el lanzamiento de las operaciones en Vaca Muerta.

Desde entonces, la petrolera controlada por el gobierno nacional informó otros episodios de derrames en Loma La Lata y, los dos más recientes, en el área Estación Fernández Oro, de Allen. En ese yacimiento se registró el sábado un derrame de gas y líquidos tóxicos utilizados en el proceso del fracking. La empresa lo comunicó más rápido que de costumbre, a la vez que se apuró en dar por terminado el episodio un día después de producido el derrame.

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Los derrames en los pozos de la cuenca neuquina saltaron a las primeras planas de los medios nacionales.

No obstante, la realidad le fue esquiva a la conclusión emitida por la compañía. Ayer, volvió a volcarse gas con líquidos mezclados con sustancias químicas fuera del pozo EFO 355, escenario de los dos incidentes informados en menos de tres días.

El caso de Bandurria Sur significó un golpe fuerte para YPF, puesto que puso en el centro de la escena la contaminación que produce la actividad petrolera. Y después de ese derrame, que le costó a la petrolera la suspensión de la licencia ambiental para dos locaciones en las que proyectaba ocho pozos, la provincia decidió la sanción más dura de las últimas décadas contra una operadora. Desde este episodio, cada derrame logró mayor repercusión que los más de 900 que se registraron durante este año en el territorio neuquino.

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