En este tiempo de pandemia y de cuarentena, debemos valorar más que nunca la labor del personal de Salud y enaltecerlos. Hoy vamos a hablar de Benito Segura, recordado enfermero que, estuvo siempre al servicio de la enfermería neuquina y también, del deporte del patín.
Su padre era hijo de españoles que ingresaron a Chile por el océano Pacífico. Uno de los hijos de Benito se encargó de rastrear los orígenes de la familia, y descubrió que a mediados del Siglo XVIII y los primeros años del XIX fue numerosa la inmigración europea hacia América del Sur, tanto por el Océano Atlántico como por el Pacífico.
Los antepasados de esta familia son originarios de Segura, y de Guipúzcoa, en el País Vasco, y arribaron, como ya dijimos, a Chile. Los bisabuelos Benito Segura y María Petrona Sepúlveda se establecieron en la Región de Curacautín, donde el 26 de junio de 1887 nació el papá de nuestro entrevistado, don Bernardino.
Cuando Bernardino era muy joven, sus padres fallecieron, y al quedar solo, decidió trasladarse a la Argentina.
El trabajo
En estas tierras trabajó en Sañicó, en la estancia de Luis Zingoni. En 1915 se casó con Ema Morales, que había nacido en el Departamento de Collón Curá, en el territorio neuquino, el 15 de agosto de 1895.
Se trasladaron a Santo Tomás, donde alquilaron un campo a la Dirección Nacional de Tierras y se dedicaron a la crianza de animales, que en épocas estivales arreaban a Chile, generalmente por el paso de Pino Hachado.
El hijo don Benito nos contó que al regresar se abastecían de comestibles Zapala. De 1939 a 1942 se murieron los animales como consecuencia de grandes nevadas, por lo que Bernardino decidió venir a la capital neuquina en la búsqueda de nuevos horizontes. Consiguió trabajo en Vialidad Nacional, y en 1943 trajo a su familia: se afincaron en el Barrio Villa Florencia, en la vivienda ubicada en calle Intendente Mango y Namuncurá.
Bernardino y Ema tuvieron quince hijos: ocho mujeres y siete varones: Humberto, Hilda, Olga, Osvaldo, Eduardo, Ubaldino, Lidia del Carmen, Magdalena, María Petrona, Benito, Elsa, Celina Chela, Julio, María Asunción Chon, Héctor.
Don Benito nos mostró el libro Frontera Neuquina de Francisco S. Torres, de 1942, en el que se mencionan a las familias numerosas del territorio; ellos, por supuesto, figuran en el Departamento de Collón Curá (Sañicó).
Humberto trabajó como esquilador y enfardador de lana en las estancias de Neuquén y Río Negro. Luego trabajó en Vialidad Nacional y terminó en el ferrocarril. Hilda se casó con un criancero de Santo Tomás. Olga se había casado con el Gaucho Rivera, recordado hombre neuquino. Osvaldo trabajó en la Policía y luego en YPF.
Eduardo también fue policía, y luego tuvo un bar en Cutral Co. Ubaldino trabajó en YPF. Lidia del Carmen falleció muy joven. Magdalena era enfermera del Centro Materno Infantil en Pediatría y Ginecología y Obstetricia. María Petrona se casó con Abel Troncoso, trabajador de YPF. Benito enfermero. Celina primero trabajó en la Farmacia Luis y luego ingresó al Centro Materno Infantil, donde se desempeñó en el sector Estadística. Julio trabajó en YPF. Héctor completó sus estudios en la Escuela Técnica de YPF y luego trabajó como tornero.
Don Benito
Nació el 23 de abril de 1932 en Santo Tomás. Luego de realizar distintas actividades se recibió de enfermero en 1955. Respecto de su profesión, escribió estas palabras: “En noviembre de 1955 me recibí como Enfermero en la Escuela de Enfermería con asiento en lo que era el Centro Tisiológico de Punilla, creada por el Decano de la Cátedra de Tisiología de la Universidad de Córdoba Dr. Sayago. Mi inquietud fue, desde un principio, regresar a mi ciudad con la mayor preparación posible, práctica incluida, pero estaba en déficit con lo relacionado con cirugía; por una disposición del jefe de cirugía, las prácticas las autorizaban a realizarlas una vez que el interesado se hubiera recibido. En diciembre de 1955 cumplimenté el requisito, inicié todas las prácticas relacionadas con la sala de cirugía. Las terminé en julio de 1956, para regresar a Neuquén en agosto del mismo año. Lo primero que hice fue entrevistarme con el Dr. Rafael Vitale, que se alegró mucho por lo que me manifestó que el hospital carecía de enfermeros con título profesional”.
Inmediatamente realizó los trámites para que lo nombraran enfermero del Hospital Regional a Salud Pública de la Nación. El tema era que tardaban más de treinta días en contestar. Por este motivo el Dr. Vitale le pidió que trabajara en forma honorífica porque necesitaban urgente, enfermeros capacitados, de lunes a sábado en el horario de 7 a 13 hs. Es así que rápidamente inició esa grata tarea. Se encontró con que no había enfermeras recibidas; todas ingresaban como mucamas y por necesidad del servicio, los más antiguos le enseñaban lo primordial aplicar inyecciones, vendaje. Y a veces desarrollaban ambas tareas.
Lo que estaba bien organizado era la Sala de Cirugía, en las que trabajaban los más antiguos enfermeros Oscar Arabarco y María Soldano. También trabajaban María López y Margarita Pesoa, enfermeras; Brígida del Carmen Arias como Instrumentadora y Antonio Toledo como Auxiliar Anestesista.
El cuerpo médico estaba compuesto por el Director, Dr. Rafael Vitale, y Dr. David Abraham, Ángel Nicanor Romero, Roberto Chevalier, Beatriz Batisti de Peláez, Víctor Peláez, Raúl Parodi y luego el Dr. Gustavo Luque como primer médico anestesista; Aldo Robiglio, Juan Manuel Castro, Cardiólogo, Juan Orbanich, Eugenio Pereyra, Jorge Jáuregui, Juan Carlos Urroz, entre otros.
“El Dr. Parodi fue el primer traumatólogo; la Dra. Batisti la primera pediatra y su principal tarea fue crear la sala de Niños del Hospital, la que instaló en un pasillo del ala derecha del hospital, adyacente a la sala de internación de hombres”, relató Benito.
En 1957, por renuncia del Dr. Vitale, asumió la dirección del hospital el Dr. Ángel Romero, que formó un equipo quirúrgico, en el que Benito era anestesista.
La Dra. Beatriz Batisti de Pélaez
En el año 1957, en lo que hoy es la calle Gatica, corría un gran desagüe de 3 metros de ancho por 2 de profundidad: era el que evacuaba el agua de lluvias que, a través de desagües naturales bajaba de la barda del norte (Cordón Colón), atravesaba una alcantarilla de las vías del ferrocarril para terminar su recorrido en el Arroyo Durán. Detrás del desagüe se había construido, por esfuerzo propio, un barrio de gente humilde, lo llamaban los intrusos: casas de paredes de adobe y techos de chapa de cartón; eran obreros de la construcción y trabajadores de aserraderos; a la falta de agua corriente, gas natural y energía eléctrica se sumaba el gran salitre en toda esa zona. Como consecuencia de estas condiciones de vida, los niños sufrían todo tipo de afecciones estivales: tos convulsa, rubéola, varicela, sarampión y diarreas estivales.
La Dra. Batisti, dotada de una gran sensibilidad y amor por los niños, y con gran conocimiento de las necesidades sanitarias, no escatimó esfuerzo y, junto con su esposo, instalaron una salita humilde en el barrio para la atención gratuita de esos niños. Don José Flores, un vecino generoso, cedió gratuitamente dos habitaciones de su casa para que se instalara el consultorio y la sala de espera.
“Trabajé junto a la Dra. Batisti ayudando con las nebulizaciones, vacunas y aplicaciones de antibióticos cuando lo requerían. En diciembre de 1957 renuncié al hospital” recordaba hace unos años don Benito.
Sanatorio y Maternidad Neuquén
“El 2 de enero de 1958 ingresé como cabo enfermero -con horario full time- al Sanatorio y Maternidad Neuquén. A mediados de 1959 renunció como Director de Salud Pública de la Provincia el Dr. Roberto Chevallier: entonces fue nombrado el Dr. Jorge Gervasoni, que me llamó para ofrecerme el cargo del depósito, al que accedí hasta que se formara una persona idónea. Comencé conociendo la existencia de medicamentos en el depósito y luego el contacto con otros hospitales para solicitar sus demandas. Como consecuencia de haberse observado un aumento considerable en pacientes con tuberculosis -sobre todos con familias ingresadas desde Chile- se planteó la necesidad de contratar un médico tisiólogo. Por ello, Nación convino en establecer en Neuquén una delegación Nacional de Lucha Antituberculosa. Como en esa época no había en la provincia un Laboratorio de Análisis -se realizaban a través del Bioquímico Mayor del Ejército del Comando como colaboración. Los Análisis del Centro materno los realizaba el bioquímico de Gendarmería, el Dr. Venancio Calvo. Por ese motivo pedí el pase para ayudar a organizar el laboratorio”.
“El lugar físico que se había construido para el lavadero estaba desocupado, disponía de entrada independiente del Centro Materno, sobre calle Alderete. Lo fuimos a ver con el Dr. Calvo y comenzamos a reacondicionarlo para el laboratorio. Se realizó el listado de todo lo necesario. Las mesadas las construyó el carpintero, de apellido Díaz, que trabajaba en la gobernación. Ya a mediados de marzo de 1960 estábamos trabajando en el Laboratorio: el Dr. Prenna con un auxiliar realizaban los análisis correspondientes del Hospital, internos y externos, los del Centro Materno lo hacíamos el Dr. Calvo y yo”.
El Dr. Enrique Zabert.
En marzo llegó a Neuquén el Dr. Enrique Zabert: ocupó una vivienda provincial en calle Elordi al 400. En la calle Juan B. Justo al 300 había una vivienda con una galería al este, con una serie de habitaciones con puertas individuales, con amplia cocina y baño. Allí se estableció la delegación de Lucha Antituberculosa cuyo director fue precisamente el Dr. Zabert. También llegó el equipo de UNICEF, compuesto por dos médicos tisiólogos, un laboratorista, una auxiliar y dos radiólogos.
“Lo primero que se hizo fue el trabajo en los colegios abreugráfico y reacción de Mantoux; luego venía el trabajo de laboratorio directo, la investigación del Bacilo de Koch. Como hasta ese momento en el país no había en el país los elementos para preparar el caldo de cultivo y realizar el cultivo, en este caso específico se me dio la oportunidad de ser el primer auxiliar Técnico de Laboratorio en realizar un cultivo de Bacilo de Koch. El trabajo del Laboratorio era acompañado por trabajos en el Hospital Regional cuando requerían que realizara anestesia.”
“Desde 1959 cubrí las necesidades de la enfermería domiciliaria desde la Confluencia hasta el límite oeste de la ciudad neuquina, es decir lo que era la propiedad de Zabaleta hacia Las Perlas y hacia el norte la actual calle Cerros Colorados, lo que realizaba una vez terminado el trabajo del Laboratorio.”
Actividad deportiva
Además, Benito es recordado por la actividad como Dirigente Deportivo en la actividad de Patín: fue el fundador de la Federación Neuquina. Llevó este deporte, Patín carrera a tener campeones –nacionales, sudamericanos, panamericanos y mundiales-, como José Luis Lozano, Rosana Sastre, entre otros. Por esta actividad realizada hoy el Patinódromo Municipal de Plottier lleva su nombre.
Su familia
Se casó el 19 de diciembre de 1959 con Brígida del Carmen Arias, nacida en Neuquén capital, que por entonces era instrumentadora en la sala de cirugía del Hospital Neuquén. Tuvieron seis hijos (una mujer y cinco varones), y varios nietos que alegran la numerosa familia. Ya jubilado, Benito jugaba al golf en sus horas libres con sus amigos de siempre.
Recuerdos y más recuerdos de don Benito
“Como es sabido, el enfermero y el médico entran en los domicilios cuando los hijos no han obtenido las defensas necesarias, especialmente hasta los 7 años y cuando los adultos están en su tercera edad. Esto era lo que sucedía en esa época; en toda la ciudad gente joven con los chicos que necesitaban mis servicios por afecciones estivales –primavera y verano- y anginas, bronquitis, algunas de tipo espasmódicas en las cuales por indicación médica debían realizarse nebulizaciones 2 veces por día.”
“En los adultos mayores de 65 años, principalmente los chacareros venidos de otros países, españoles, italianos, árabes, alemanes, su dura lucha en el trabajo de las chacras los hacía sufrir los achaques propios de la edad.”
“En ese año, 1969, para tener mayor comunicación con mi casa, porque cada recorrido duraba 4 o 5 horas, adquirí un par de radios banda ciudadano que instalé con licencia de Correos y Telecomunicaciones: una en el coche y la otra en mi casa. Al recibir un llamado, mi señora me lo comunicaba por radio de inmediato. Esto duró hasta 1975, en que atendiendo un paciente me robaron el auto con todos los aparatos; apareció un mes después en Alberti, pcia. de Buenos Aires”.
“Dado que en esta época no había muchas posibilidades de internación, muy a menudo atendí pacientes con sueroterapia además de las habituales inyecciones, nebulizaciones, sondas, me sentía en la obligación de atender a todo aquel que me llamara, por lo que mi tarea se extendía desde las 7 de la mañana hasta la 1 del otro día. Generalmente el promedio era de 50 a 52 pacientes domiciliarios. Recuerdo que un día terminé a las 3:30 de la mañana debido a que los médicos atendían los domicilios después de las 21 hs. Ese día atendía 63 enfermos.”
“En 2008 di por finalizada mi tarea. En el recuerdo, hay algo que nunca olvidaré y es que mientras trabajé en el Laboratorio, en varias oportunidades me requirió el Dr. Víctor Peláez para que le hiciera anestesia a parturientas.”
Esta es la vida y la trayectoria de un enfermero abnegado, sencillo, humilde que dio su vida por la profesión: creo que no hubo neuquino de los últimos 60 años que no haya sido inyectado, nebulizado, tratado por las sabias manos de don Benito. En el año 2014 el Concejo Deliberante de la ciudad de Neuquén lo declaró Vecino Destacado.
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