Boca-River y los Whatsapp

Las gastadas tras los clásicos son frecuentes y a veces rompen amistades por lo irracional.

No me gusta demasiado el fútbol, muchos lo saben. Y si me atrevo a romper el protocolo periodístico de no escribir en primera persona, es por un fenómeno que no es nuevo, pero que debería en algún momento cambiar: la irracionalidad que genera el “folcklore” de las gastadas después de un superclásico, o cada vez que juegan River y Boca, por hacer un recorte evidente. Hace poco fui testigo de una pelea entre amigos en un grupo de Whatsapp donde después de un partido que ya ni recuerdo, se armó un combo fatal de insultos e invitaciones a pelear en la calle por parte de personas que, al menos, considero con algún tipo de cordura por el ámbito en el que se mueven, llámese profesionales o involucrados directamente en sitios de poder. Palabras desmedidas, ya que no sólo no mediaron las disculpas, sino que se arengaba de uno u otro lado a que la sangre llegue al río. Una vez, hace años, un alto funcionario del Poder Judicial ya retirado me confesó: “Veo personas prender la cabeza por el fútbol, el otro día dos colegas casi se matan a trompadas en una mesa”, recordó alguien que es fanático de Boca Juniors.

No somos suizos aplaudiendo desde una platea sin alambrados. Es cultural y es así. Se sabe que estamos en Argentina y el fútbol y la política se viven con una brutal emoción que va al extremo. Y en ese transitar se exteriorizan situaciones de barrabravas, sin medir consecuencias.

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Se habla mucho de las barras y la política, pero tal vez poco de aquellos “profesionales” que, por sólo tener otra condición social, sus actos violentos parecen algo más justificados que los que cometen aquellos que no lo son. Ojalá, algún día, todo cambie. Y prime la amistad y no la pasión irracional.

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