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Botes y kayaks generan la mayor cantidad de rescates en el Limay

En el balneario Río Grande son quienes más tarea le dan a los guardavidas. En esa zona trabajan 30, de un total de 135 distribuidos a lo largo de toda la costa.

Los rescates a cargo de los guardavidas en los balnearios del río Limay se repiten todos los veranos, especialmente durante los fines de semana y en las jornadas de mucho calor, cuando la cantidad de gente que se acerca a las aguas para refrescarse es mayor. La particularidad es que son más los remeros, a bordo de botes y kayaks, los que requieren de esa asistencia que los propios bañistas.

La zona del balneario Río Grande (desde hace dos años denominado Gustavo Adolfo Fahler, en homenaje al creador de la escuela de guardavidas) representa el escenario central de estos operativos por el caudal de agua y las diferentes corrientes, algunas muy fuertes, que generan remolinos. Esto, si el conductor de una determinada embarcación no es conocedor del comportamiento de este curso del río puede sufrir complicaciones, como la pérdida del control de su bote o alguna de más gravedad, que termina en un vuelco.

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Francisco, coordinador de ese balneario, y quien tiene a cargo la tarea de 30 guardavidas, dio cuenta de esta situación.

Atento a cualquier movimiento en el agua, asegura que lo más importante es tener el ojo “agudizado” para prevenir, antes que tener que intervenir ante una situación de emergencia.

Mientras cuenta su experiencia y la de sus compañeros, nunca deja de mirar hacia el río.

Por ahí pasa un grupo de remeros que lo saluda y que se maneja bien en el agua y después un kayakista que ve por primera vez y entonces se pone mucho más en alerta.

“Los rescates dependen de las situaciones y eso, a su vez, de la cantidad de guardavidas que salimos. Nosotros ya sabemos cuándo hay gente en el agua que sabe lo que hace arriba de un bote, si conoce el río o no, el que anda hace mucho en un kayak y el que no, como también el que lleva puesto un chaleco salvavidas y el que no lo tiene. Se entra mucho más tranquilo a una recate cuando la persona usa un chaleco. Cada situación tiene su particularidad”, explica Francisco.

“Acá se dan vuelta todo el tiempo los botes, lo principal es saber que hay mucho caudal de agua que se mezcla con diferentes corrientes en distintas direcciones formando remolinos. Eso hace que los botes vuelquen. Por más que se esté muy cerca de la costa es muy profundo y si no se sabe manejar la corriente el agua te lleva cerca de la escollera. Por eso es la zona más peligrosa dentro de los balnearios habilitados”, advierte.

Francisco asegura que cada zona del río tiene su particularidad pero que al ser un brazo principal del Limay, Río Grande es el lugar que genera más pedidos de socorro.

“Este verano llevamos muchos botes rescatados, especialmente cerca de la escollera”, dice y recalca lo de la prevención que evita, asegura, “problemas mayores”. De hecho, esa mirada atenta a las embarcaciones está también, y fundamentalmente, sobre los bañistas, charlando antes de que una persona ingrese al agua para saber si esta conoce las características del agua o advirtiendo con un silbato al ver un movimiento peligroso aguas adentro. “No es lo mismo nadar en una pileta que en esta zona. Y el mecanismo de prevención que utilizamos también vale para una persona que sí sabe nadar acá pero igual nos anticipamos a ofrecer ayuda, en caso de ser necesario”, cuenta.

¿Cómo se actúa ante una emergencia? “Se sale de diferente manera, a nado, con el acompañamiento del bote (que les provee la municipalidad) e incluso usando aletas para ganar mayor velocidad”, comenta Francisco, quien si bien no recuerda alguna situación de mayor riesgo que otra, da un ejemplo lo que vivió hace muy poco. “El otro día éramos cinco, dos fueron a remo, tres nos tiramos nadando, uno fue con aletas, mientras que yo terminé remolcando a la persona. Cada rescate tiene su particularidad y se analiza la mejor manera de hacerlo”, apunta.

Todos están bien entrenados y realizan sus prácticas de rutina, que incluye el salir a correr y nadar de manera diaria. La mayoría son profesores de educación física, que compiten en triatlones y otros eventos deportivos. Pero, como señala el coordinador de los guardavidas, dedicarse a este oficio implica “una filosofía de vida”. “Te tiene que gustar el agua y lo que hacés, no hay otra”, resalta. De eso se trata.

Cobertura

El horario de trabajo de los guardavidas es de 10 a 21, con dos turnos que se dividen de 10 a 15 y entre las 16 y las 21. Hay una hora que es back up, donde sale una parte del personal e ingresa la otra pero la cobertura es a tiempo completo. Son los primeros en dar el puntapié a la temporada de verano el 1 de diciembre y los últimos en irse el 31 de marzo.

La costa del Limay cuenta con 135 guardavidas en total divididos en los balnearios Valentina, Solalique, Sandra Canale, Río Grande, el sector de los clubes, Linares al fondo, lo que se conoce como una zona preventiva ubicada frente al BPN, y el balneario Municipal Albino Cotro.

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