Los anuncios de corte liberal no despertaron hasta ahora a las fuerzas de la izquierda, que han mostrado una tímida reacción a lo que califican de "golpe", y fueron más los movimientos populares los que se congregaron en algunos puntos del país, como las calles de San Pablo y Río de Janeiro denunciando al gobierno de Temer por "ilegítimo".
También anunció que pidió regresar a Caracas al embajador en Brasilia, Alberto Castellar, que de hecho ya estaba en la capital venezolana y ya se había reunido con Maduro y con la canciller Delcy Rodríguez.
Casi al mismo momento en que Maduro hacía su anuncio, sin aclarar si era una "llamada a consultas", el nuevo ministro de Relaciones Exteriores de Brasil, José Serra, emitía las primeras dos notas de su gestión.
La primera fue dirigida a los gobiernos de Venezuela, Bolivia, Cuba, Ecuador y Nicaragua, a los que acusó de "propagar falsedades" sobre el proceso político brasileño, del que dijo que "se desarrolla en un cuadro de absoluto respeto a las instituciones democráticas y a la Constitución".
El segundo comunicado se refirió exclusivamente al secretario general de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur), Ernesto Samper, quien consideró que el proceso contra Rousseff podía violar "el principio de separación de poderes", al otorgar al Parlamento "la posibilidad de criminalizar actos administrativos".
Suma más críticas que apoyos
El conflicto entre Maduro y Temer puede generar tensión en el mapa regional, sobre todo porque Venezuela ostenta desde abril la presidencia temporal de la Unasur y en julio asumirá la misma responsabilidad en el Mercosur. De ese modo, Venezuela presidirá ambos bloques en el segundo semestre, en medio de su propio conflicto interno y de los intentos de la oposición por celebrar un referendo para revocar el mandato de Maduro. El dilema ahora será si Venezuela, Bolivia y Ecuador pueden escalar más allá de sus propios conflictos particulares con el Gobierno de Temer, y si hay consenso para trasladarlos al escenario regional.
En el Mercosur, Uruguay manifestó sus dudas sobre el proceso contra Rousseff, pero no lo calificó de "golpe" como Venezuela, mientras que Argentina y Paraguay fueron cautelosos y hablaron de "respeto". En esa línea, la ministra argentina de Exteriores, Susana Malcorra, consideró que el proceso cumple "las pautas establecidas dentro de la legalidad".
Te puede interesar...









