Bronce, con el corazón
Beijing, China > El último paso argentino por estos Juegos dejó medalla y orgullo. La selección de básquet derrotó a Lituania por 87 a 75 y se quedó con el bronce. El oro fue, como se presumía, para Estados Unidos, que derrotó a España por 118 a 107. Así, como en los últimos cuatro grandes torneos, los albicelestes se metieron entre los mejores.
Se podía especular que Argentina llegaría mal anímicamente, pero este equipo le apuntó al podio y dejó la vida para lograrlo. Los dirigidos por Sergio Hernández salieron a comerse el partido y sacaron diferencias desde el primer minuto. Sin Emanuel Ginóbili entre los que podían jugar -si estuvo alentando desde el banco de suplentes- Andrés Nocioni, lesionado y todo fue un emblema del amor propio, Luis Scola y Carlos Delfino tomaron la posta del partido.
La victoria demuestra que el debut olímpico y la derrota ante el mismo rival por 79 a 75 fue pura casualidad. Los lituanos se quedaron sin fuerzas en los primeros minutos, cuando Sarunas Jasikevicius recibió un golpe involuntario que le produjo un corte en la ceja. Allí perdieron su idea de juego y colaboraron con la arremetida de Argentina. Luego, con los bombazos de Quinteros y Gutiérrez los europeos debieron tomar dos tiempos muertos seguidos y ya nunca pudieron mantenerse en ritmo. Porque la defensa funcionó a la perfección con un desgaste emocionante, y Del fino y Scola lideraron la ofensiva para manejar siempre una distancia mayor a los 10 puntos que los llevó al podio.
Balance positivo
En el balance argentino queda la sensación del deber cumplido, porque si bien se perdió en el debut -que de ganarlo Argentina podía haber sido finalista- se logró mantener un lugar de privilegio junto a los mejores del planeta (el campeón olímpico y el del mundo), obteniendo su segunda medalla consecutiva en un juego olímpico.
Los jugadores demostraron que a pesar de dolores y ausencias, todos pueden rendir dentro del rectángulo de juego. Más allá de que la rotación fue demasiado escasa, los que llegaron desde el banco rindieron y lo hicieron en los partidos difíciles.
Desde hace ocho años, la Albiceleste integra el selecto grupo del básquet mundial, y luego de Beijing será momento de analizar y proyectar la nueva selección para las próximas competencias internacionales. Queda claro que para aquellos que juegan en la NBA será cada vez más difícil llegar a ponerse nuevamente la camiseta de Argentina.
«Hay que disfrutarlo, es gigante»
Así se refirió el Chapu Nocioni a la obtención de la medalla de bronce del seleccionado argentino.
Beijing > Andrés Nocioni festejó como nunca la medalla de bronce que obtuvo junto a Argentina e incluso se abrazó con los periodistas y se encargó de remarcar que «este equipo se sobrepone a cualquier cosa».
«Nosotros vinimos acá con la mentalidad de una medalla. Lamentablemente se nos escapó el primer partido, sino estaríamos en la final. Pero eso ya está olvidado porque tenemos la medalla de bronce», expresó eufórico Nocioni, quien celebró cómo si fuera un hincha más.
«Lo festejamos de la misma manera que en Atenas. Sabemos que el oro es más importante que el bronce, pero esto es muy grande, ganar dos medallas consecutivas es algo impresionante», agregó el Chapu, uno de los seis jugadores que repitieron del equipo dorado de hace cuatro años.
Nocioni no se podía contener, le gritaba a los compañeros mientras hablaba con los periodistas, gesticulaba y se mostraba orgulloso de tener otra medalla. Parecía que nada había cambiado luego de 40 minutos, donde la fuerza y la garra invadieron al argentino.
«Esto es increíble, es impresionante el partido que ganamos. Esto demuestra por qué somos Argentina y en este momento no lo puedo creer», sentenció.
La rodilla derecha le jugó una mala pasada, tuvo que luchar ante los rivales y contra esa dolencia, que lo mostró durante todo el encuentro corriendo en una pierna y utilizando pasos de bailarina –pero garra de león- para sobreponerse. «Duele todo, pero ya está. Tenemos un mes para descansar los que estamos en la NBA. Hay que disfrutarlo, porque esto es gigante», finalizó a los gritos el santafesino.
Lágrimas de gladiador
Ginóbili llegó al estadio, se cambió y probó su tobillo para estar unos minutos. Pero el físico no respondió, lloró en el vestuario y alentó desde el banco.
Beijing> El capitán intentó jugar. Como en el Mundial de Indianápolis, donde empezó esta leyenda, un tobilló lo dejó afuera en semifinales. Pero esta vez quería probar para no dejar a los suyos pelear solos por treparse al podio. Manu lloró de impotencia dentro del vestuario tras comprobar en la entrada en calor que su lesión le impedía actuar.
«Estaba muy dolido por no poder jugar, estaba peor anímicamente que físicamente. Pero después de ver lo que hicieron los chicos me siento muy feliz, como si hubiese jugado”, expresó Manu, luego de observar el triunfo argentino desde el banco de suplentes, alentando e incluso dando indicaciones junto a Sergio Hernández.
El bahiense llegó al Olympic Basketball Gymnasium y, silenciosamente, comenzó a vestirse como para salir a la cancha. Se colocó vendas en sus tobillos, se puso las medias, las zapatillas y la camiseta. «Nadie le dijo nada, nadie quiso preguntar. Sólo el médico me dijo que él iba a intentarlo y lo hizo”, contó Hernández.
El capitán argentino probó y no pudo. Durante diez minutos ensayó distintos movimientos con su tobillo izquierdo, durante la entrada en calor con sus compañeros, pero el dolor lo perturbó todo el tiempo. La lesión no lo dejaba participar de la última batalla.
«Ginóbili es un profesional y sabe que no puede cometer la irresponsabilidad de jugar con una lesión, porque está bajo un contrato. Manu jamás haría algo que no sea profesional”, explicó el Oveja en la conferencia de prensa.
La impotencia invadió al escolta de San Antonio Spurs, que no pudo contenerse y comenzó a llorar dentro del vestuario. «Manu, estaba muy mal. Pero verlo llorar por nosotros nos motivó mucho más y, por eso, todo este triunfo es para él”, dijo una de las figuras argentinas, Andrés Nocioni.
Por su parte, el técnico Hernández manifestó que «es probable que haya sido un estímulo salir al campo de juego después de haber visto a Ginóbili llorar en el vestuario porque no podía jugar”.
De la tristeza a la alegría pasaron 40 minutos y 87 puntos a favor de la Argentina, contra 75 de los lituanos. «Se me puso la piel de gallina al ver lo que hicieron mis compañeros. Lo del Chapu hoy (por ayer) no lo puedo creer. Estaba en una pierna y presionaba como si fuese un pibe de 20 años”, se emocionó Ginóbili.
«Da mucha alegría ver que tus compañeros hacen algo así, ser parte de esto es muy groso”, concluyó.
Algunos fueron de menor a mayor
Beijing> Varios jugadores argentinos esperaron su chance en el banco de suplentes y cuando el Oveja les dio minutos lo hicieron en gran forma. Es el caso de Leonardo Gutiérrez, que en los dos últimos partidos de Argentina convirtió puntos importantes. Por el lado de la base, Pablo Prigioni mostró un gran nivel luego de dos juegos iniciales donde se lo vio errático y en los cuales Delfino y Ginóbili debian comandar el juego desde la media cancha. Ayer, fue el líder en los recuperos del seleccionado nacional y mostró por qué fue elegido entre los mejores de la liga ACB de España. A ellos se suman Quinteros, Juan Gutiérrez y Román González.
Lucharon como poetas guerreros,
lucharon como argentinos
por Luciano Carrera
Beijing > Hay equipos, como este Dream Team o aquel irepetible de Barcelona 92 que lucen y ganan en la cancha. Hay otros, como esta selección argentina, la de ayer, la de los últimos ocho años, que ganan y emocionan. Contagian por el resultado final, y por la entrega. El hambre de gloria eterno, el amor por la camiseta, el ojo de tigre que pocos logran sostener tanto tiempo. Golpeados porque un equipo superior les robó el oro con su estandarte partido por el dolor de no poder pisar, de no poder dar una mano, necesitaron apenas 38 horas para regalar otra demostración de coraje.
Ver al Chapu Nocioni en una pierna, fajarse cerca y lejos de los aros, tirarse de cabeza sin dudar un instante, arriesgando el físico y los millones que desde hace tiempo gana en la NBA a cambio de una pelota, de una ofensiva que puede valer uno, dos, tres puntos, del aplauso y el reconocimeitno de todos, te hace saltar de la platea, el sillón, de donde sea.
Nocioni es de esos guerreros con los que uno iría a la guerra armado de un tenedor de plástico. Con él al lado, espalda con espalda, se le hace frente a cualquiera. Ya contra Estados Unidos el Chapu había jugado en una pierna, en un estado que pedía a gritos un cambio que se atrasó sólo por su enorme capacidad de lucha, que le permitió robar un par de pelotas a los mejores del planeta y vender cara una derrota que hoy no duele. Es que el bronce cosechado por la Generación Doradada de nuestro básquet es un premio menor para tamaños gladiadores, pero es un logro significativo que los pone en un podio que hoy comparten con Estados Unidos y España, delante de un pelotón de equipos que lucha por imitarlos.
No hace tanto en la historia de este deporte, en el Mundial del 90 organizado en nuestro país, la selección de Milanesio, Campana, Uranga y cía emocionaba con una victoria épica ante Canadá, levantando 14 puntos de desventaja en los últimos 4 minutos. Ese triunfo, el más saliente de aquella gran cita, le permitió a Argentina pasar la primera fase. Hoy, perder en semifinales, con los NBA dentro del juego, nos duele. Semejante contraste se dio gracias a una camada de jugadores que se renovará de la mano de Delfino y Scola, dos monstruos que dejaron su sello en estos Juegos. Y que además de talento darán como herencia una entrega por la camiseta que a muchos les cuesta asociar a los millones que cargan en sus bolsillos. El Lancha cerró antes de los Juegos un contrato con el Khimki ruso por tres años. Ganará en cada uno de ellos 5.200.000 dólares limpios. Más la casa y el auto con chofer. Su grito de guerra que fue tapa de este suplemento al meterle un triple a Grecia es una imágen que explica por qué tantos argentinos aprendimos a trasnochar o amanecer mirando a un equipo que nos llena de orgullo.
El Dream Team se sacó la mufa olímpica
Después de varias frustraciones internacionales, Estados Unidos volvió a lo más alto del podio en los Juegos con un equipazo.
Beijing > Estados Unidos volvió a la cima del básquetbol internacional al derrotar a España por 118-107 en la final de los Juegos Olímpicos. Después de ocho años de sequía, el Dream Team se subió de nuevo a lo más alto del podio de un torneo internacional y sumó su decimotercer título olímpico en una fiesta de puntos en la que España luchó hasta el final.
Dwyane Wade, con 27 tantos, fue el goleador del partido disputado en el Olympic Basketball Gymnasium de la capital china, seguido por Kobe Bryant con 20 y LeBron James con 14. Por España, Rudy Fernández anotó 22, mientras que Pau Gasol encestó 21 y Juan Navarro 18. El público coreó por igual los puntos de uno y otro equipo.
El conjunto norteamericano, invicto durante los ocho encuentros, no la tuvo fácil. Los ibéricos estuvieron al frente hasta promediar el primer cuarto. Pero desde entonces fueron los estadounidenses los que, con gran defensa y apoyados en Wade, lideraron el tanteador.
En el segundo segmento, los dirigidos por Mike Krzyzewski se despegaron y llegaron a sacar 12 puntos de ventaja, pero España no se entregó y complicó con los triples de Fernández. La luz de distancia se mantuvo en el inicio del tercero pero luego comenzó a decaer y, cuando comenzaba el segmento final, los europeos se pusieron 89-91.
Sin embargo, las individualidades del Dream Team aparecieron en el final para despejar los fantasmas y su festejo fue un hecho. Estados Unidos, no sin esfuerzo, regresaba a lo más alto.


