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Cacho Aburto, el recitador criollo que fue mozo en El Ciervo y obrero de El Chocón

La historia de vida del "Recitador de las Cosas Neuquinas" y de las vivencias con las que nutrió su oficio.

Le dicen Cacho y su apellido es Aburto pero es más conocido como “El Recitador de las cosas neuquinas”, tanto en peñas y festivales locales como en los recorridos que hace por el país.

Se desempeña con oficio en el arte del recitado criollo, a veces acompañándose con su guitarra o intercalando rimas circunstanciales que improvisa asombrando a quienes saben prestarle atención.

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Bernardo Aburto nació en Loncopué y llegó de niño junto a sus padres y hermanos a Neuquén Capital. Es más conocido como Cacho tanto en el Barrio La Sirena, donde pasó su infancia, como en Barrio Villa Florencia, donde vive en la actualidad.

Fue cadete de hotel, gastronómico en muchos restaurantes y confiterías neuquinas, obrero de El Chocón y empleado de la Universidad del Comahue durante muchos años hasta su jubilación.

“Llegué al Barrio La Sirena a los seis años. Mi padre, Hipólito Aburto, compró un terreno cerca de una laguna que había. Vivíamos allí con mi madre, Claudina Quintana, y dos hermanos más. La casa que construyó mi papá era de adobe y todavía está en pie. Está en la calle Lago Espejo, imagínate que ya lleva más de 60 años ahí. Después mi padre compró todo el terreno de la laguna y le decían que estaba loco. Hoy está todo asfaltado y la laguna la taparon, la casita quedó baja, con los años le íbamos haciendo mejoras en el exterior", contó.

"Mi papá vino a trabajar a Neuquén a un aserradero que se llamaba “Álvarez y Durán” en la calle San Martín, dónde llegaban los rollizos y se hacían las maderas terciadas, él ya había trabajado en un aserradero en Loncopué. Después empezó a trabajar en la represa de El Chocón, tenía la libreta n° 41", agregó.

En aquellos tiempos alrededor de la laguna había carrizos y totoras. "Nosotros éramos pibes, nos criamos entre los sapitos y los pajaritos de siete colores que también solían haber por ahí. Mis viejos criaban allí gallinas, patos, pavos, de todo” comentó a LM Neuquén.

Aunque su infancia transcurrió en el Barrio La Sirena, Cacho recuerda también una temprana postal del Barrio Villa Florencia con muy pocas casas, todas bajas en medio de las quintas, los cercos de tamariscos y una laguna que hoy no existe más.

“Hace 48 años vivimos en Villa Florencia junto a mi esposa, cuando nos vinimos a vivir no había nadie desde la calle Lanín para acá. También recuerdo que pasaba una laguna al lado de donde yo compré el terreno. El agua venía de un canal perteneciente a una chacra que había en el taller de mantenimiento del Regimiento Militar, el Cuarto Escalón se llamaba", recordó.

Aunque Aburto no es recitador de profesión, su desempeño en diversos empleos le permitió conocer la riqueza del paisaje neuquino y la nobleza de su gente para ponerlos en juego a la hora de recitar, ya sea en un día de fiesta y celebración como en las pausas de descanso del trabajo.

“Mi primer trabajo fue de cadete en el Hotel Huemul. Luego pasé a lavar copas, hacer café y de todo un poco en la Confitería El Ciervo. Cuando cumplí los 18 años mi papá me llevó a trabajar con él a El Chocón. Para mí, fue una experiencia muy dura, porque yo era flaquito, muy delgadito y prácticamente no podía sostener las máquinas vibradoras con las que trabajaba que pesan más de 50 kilos. Integraba una cuadrilla de 15 hormigoneros, yo era muy jovencito, las botas me quedaban grandes así que les tenía que doblar la caña para abajo para poder calzármelas bien", agregó.

Aburto recordó que trabajaba por la noche, de 19 a 7. "Los camiones traían el hormigón y se cargaba un recipiente, como un balde enorme que se abría como un pulmón, para descargar en el lugar donde nosotros, después teníamos que desparramar esas camionadas. La primera vez que me prendí el vibrador para empezar mi tarea, me enterré en el hormigón con máquina y todo. Un hombre grande al que le llamábamos “El tío” me ayudó", contó.

Cacho relató que estuvo en boca-toca hasta que hicieron pasar el agua por los túneles. Después de lo de El Chocón, volvió a trabajar en Neuquén y su primera parada fue en el bar El Álamo. "En el año 1974 entre a trabajar a la Universidad del Comahue también como gastronómico, llevando el refrigerio a las distintas dependencias. Después estuve a cargo de la parte de la correspondencia", añadió.

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Cacho en su época de mozo.

Cacho en su época de mozo.

El recitado

El arte del recitado es como muchas costumbres criollas, un saber que se transfiere. Si bien existen quienes aprender prestando atención e imitando después, el recitador recibe los secretos casi siempre de un mentor que le enseña trucos, secretos y mañas propias, para poder así perpetuar este casi olvidado arte. Cacho Aburto encontró a su maestro cuando cumplió la mayoría de edad.

“A mí, me enseñó mucho sobre el recitado un abuelo que se llamaba Adán Guzmán, que andaba siempre en la parada de taxis que estaba y está aún en el centro, frente al Monumento a San Martín. Le decían "El Gaucho Laguna", que las pegaba todas y no le erraba ninguna. Me llevaba a mi casa en el Barrio La Sirena en su taxi y ahí hacía sus recitados y me decía como hacerlos. Le prometí que cuando él no estuviera más en este mundo yo seguiría su escuela y haciendo conocer esos versos", contó.

Cacho Aburto, que sueña además con tener un sucesor o una sucesora, porque sabe que el olvido suele cobrarse la memoria.

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Versos

Vaya este simple homenaje

a la Ciudad de Neuquén,

Provincia donde el pehuén,

Crece lozano y salvaje,

tierra de bellos paisajes,

y de bosques milenarios,

yo he creído necesario,

un saludo fraternal,

a Neuquén su Capital,

al cumplir su aniversario.

También quiero homenajear,

a aquellos viejos pioneros,

que marcaron los senderos,

por los que había que marchar,

ellos supieron guiar,

a la ciudad sin apuro,

qué al tranco firme y seguro,

después se fue agrandando,

y así es que se fue formando,

el pedestal del futuro.

Neuquén ciudad de progreso,

de Provincia Capital,

trasladada desde Chos Malal,

siguió hasta aquí sin tropiezo,

al admirarla confieso,

que un gran porvenir le aguarda,

quién vive en ella no tarda,

en notar su crecimiento,

si hasta parece que el viento,

sembró otro pueblo en la barda.

Tal vez no pueda decir,

todo lo que yo quisiera,

yo sé que a Neuquén le espera,

un brillante devenir,

contento estoy de vivir,

en esta Capital neuquina,

pujante ciudad divina

y al verla crecer contemplo,

que mi provincia es ejemplo

y orgullo de mi Argentina.

(Adán Guzmán)

A los recitadores, aún las situaciones más críticas les permiten recurrir a los versos y a las rimas para hacer más llevaderos el dolor y la angustia. Cacho fue sometido varias intervenciones quirúrgicas de las que salió bien y que hoy recuerda como anécdotas que, por supuesto, incluyen el recitado.

“Tuve una operación del corazón que se complicó. Hice dos paros cardíacos largos así que creían que me iba. A los cinco días el médico que me operó me dijo 'Cachito te fuiste al cielo dos veces'” y como siempre fui despierto al chiste, le dije que me acordaba y que en el cielo estaba Tata Dios que me había dicho:

Volvé otra vez a la Tierra,

y velo al Doctor Buyón,

que te opere el corazón

que es lo que tenés herido.

Bueno, ya todo cumplido,

Me dio un soplido en el lomo

y me crecieron alitas,

eran blancas, livianitas

y de plumaje pulido.

Bajá, como haz subido

Me dijo si ese es tu empeño

Y pa´ todos me dió El Dueño

del Mundo la Bendición.

Corto aquí mi relación

Que no ha sido más que un sueño.

(Poema de Evaristo Barrios)

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Aquí estoy con mi encordada

y a mi modo bordoneando,

una milonga cantando,

pa´ que sepan como soy,

un paso atrás nunca doy,

si entre cantores me veo

y aunque mejor no me creo,

sepan por anticipado,

soy neuquino y bien montao,

cuando entro en un rodeo.

Tratándose de la voz,

aparte de ser “Buen Mozo”,

siempre fui más peligroso,

que petiso rodador,

al que precisa un favor,

no le cuerpeo jamás,

de hacérselo soy capaz,

de mí no dude paisano,

de los que dan una mano,

yo siempre soy uno más.

Nací para ser sencillo,

como rancho de terrón,

de mi criolla tradición,

soy puntal que no me astillo,

duermo sobre un cojinillo,

como en sábanas bordadas,

feliz entre las peonadas,

por las estancias rodé

y de mi tata heredé,

la frente limpia y honrada.

Así soy y así seré,

mientras vida no me falte,

donde me pidan que cante,

de corazón cantaré

y cuando yo ya no esté,

yo quiero pa´ mi homenaje,

que me recuerde el peonaje,

a Dios le voy a pedir,

y que me deje morir

rodeado por el criollaje”

cacho recitador2.mp4

Recitado del asado:

Se iba dorando un “asau”,

con el calor de las brasas,

y gota a gota la grasa,

caía por un “costau”,

mientras un mate bien “cebau”

circulaba en la reunión,

se presentó allí el patrón

y a los paisanos del pago,

les invitó con un trago,

destapándole un porrón.

Lo sacaron del fogón

cuando estaba bien “asau”

medio, medio fue “plantau”

en el piso del galpón,

sírvanse dijo el patrón,

a toda la paisanada,

y a la chica homenajeada,

un mozo franco y sencillo,

en la punta del cuchillo,

le ofreció una riñonada.

Como es fácil de imaginar,

que allí no podía faltar,

una vihuela encordada,

enseguida fue pulsada,

por un mozo trovador

y como buen payador,

al compás de la guitarra,

le cantó a la homenajeada,

una décima de amor.

Vos sos prienda para mí,

mesmo que la luz del día,

Amalaya quién diría,

que por vos yo estoy así,

desde que te conocí,

me hiciste perder el juicio

y lo mesmo que novicio,

me hiciste sentir poeta,

inspirado en tu silueta,

que no tiene desperdicio.

El motivo del “asau”

Era el cumpleaños de Dora,

paisanita encantadora,

de largo pelo “trenzao”

y allí entre los “invitaus”

había más de un cantor,

y un gaucho zapateador,

para acceder a pedido,

zapateó muy complacido,

un malambo de mi flor

La Obra del Siglo: (A la construcción de la Represa de El Chocón)

Argentinos y extranjeros,

que sus esfuerzos aunaron

y en El Chocón trabajaron,

jefes, técnicos y obreros,

entre lomas y pedreros,

alpatacos y michay,

hoy una represa hay,

construida sobre el río,

como haciendo un desafío,

al correntoso Limay.

Hidronor fue aquella empresa,

que trabajó en El Chocón,

amasando el hormigón,

fue construyendo la presa,

al principio esa proeza,

se veía muy distante,

pero el esfuerzo constante,

la voluntad y el trabajo,

dejó convertido el bajo,

en un espejo gigante.

Es digna de admiración,

esa obra colosal,

por el lago artificial,

que se formó en El Chocón,

hoy esa agreste región,

parece de fantasía,

por su obra de ingeniería,

el Neuquén tiene el halago,

de ser la Cuna del Lago

Ezequiel Ramos Mejía.

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