Cambió la comunicación
Recordaba el otro día una anécdota que mis viejos contaban una y otra vez cuando yo era chico acerca de la inocencia que teníamos los neuquinos, en la época en la que la tecnología recién venía asomando y las comunicaciones a través del teléfono eran muy distintas a las de la actualidad. La rememoraba a propósito de un encuentro para cenar con mis hijos.
Seguramente a ustedes les pasa algo similar cada vez que se reúnen con alguien alrededor de una mesa. Los celulares están ahí a mano, alertando con notificaciones que nos obligan a estar pendientes de esos aparatos inquietos que no paran un segundo. Hablamos con el otro, con un ojo pendiente de esa pantallita que nunca descansa.
Mis viejos siempre recordaban que cuando los primeros teléfonos de línea llegaron a Neuquén fue todo un acontecimiento. Pero que las comunicaciones no eran tan sencillas como ahora. Siempre había que llamar a una operadora que atendía el aparato y había que decirle con qué número uno quería comunicarse.
Lo gracioso es que en aquel entonces el pueblo era tan chico y los que tenían este servicio, tan pocos, que quienes administraban las líneas conocían vida y obra de los usuarios. Tal es así que muchas veces cuando alguien pedía una comunicación con el número “x”, la propia operadora contestaba que era imposible porque los dueños de ese teléfono se habían ido al cine y que recién llegarían a tal hora. La intimidad no existía. Las llamadas a larga distancia se pedían con tiempo y tardaban horas. La paciencia sobraba. O se disimulaba.
Pasaron 50 años, que no es poco ni mucho. Las comunicaciones mejoraron y evolucionan. ¿Nosotros también?
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