Cambios en la política monetaria mundial

Estados Unidos muestra señales de crecimiento y retira dólares con un efecto aspiradora. Se espera que Europa imite esas políticas, y esto lo sufrirán los países dependientes y endeudados como la Argentina.

Por Humberto Zambón / humbertozambon34@gmail.com

En Japón, en los años 90, estalló una burbuja inmobiliaria y la economía real se estancó, estancamiento que duró muchísimos años. A pesar de que la tasa básica de interés estaba en cero, la economía seguía sin arrancar, por lo que en el 2000 y por consejos del monetarismo de Milton Friedman, el Banco de Japón hizo una fuerte compra de títulos públicos en el mercado secundario, inyectando una buena proporción de efectivo. Entonces se creó la denominación del “quantitativeeasing” (en castellano “flexibilización cuantitativa” o, en otros términos, emisión fácil de dinero), que actualmente se lo conoce como QE1. Japón no tuvo la recuperación económica esperada y siguió en la misma situación de escaso crecimiento económico.

El QE2 fue en el 2008, en Estados Unidos, con la crisis financiera y el rescate del sistema bancario resuelta por las autoridades gubernamentales. Lo que hizo la Reserva Federal (Banco Central de Estados Unidos) fue entregar grandes cantidades de dinero a la banca para evitar su colapso y, de paso, dar liquidez a la economía real para movilizarla. En paralelo, se bajó la tasa básica de interés hasta llegar prácticamente a cero, procurando incentivar a la inversión privada.

También entonces, como antes en Japón, la respuesta esperada de la economía real se demoró.

El tema lo estudió Keynes hace más de 80 años en La teoría general, lo denominó “la trampa de la liquidez”, que se presenta en los períodos de deflación o recesión: el público guarda el dinero por precaución y los bancos son reacios a otorgar préstamos, prefiriendo cubrir su propia liquidez. Es decir, baja la velocidad de circulación de la moneda y el aumento de la cantidad de dinero no cumple su función de empujar a la economía. Para Keynes, en una situación de recesión, como la que se conoció en los años 30 o la que se vivió a partir del 2008, la política monetaria no es el camino idóneo para salir de la crisis. Por el contrario, se requiere una política fiscal que inyecte poder de compra, que aumente la demanda efectiva, y esa era la función -para Keynesde la inversión y del gasto público. Lo contrario a la austeridad estatal pregonada por la ortodoxia.

El mundo de dinero fácil se terminó. EE.UU. retiró del mercado u$s 150 mil millones

Ante la falta de resultados positivos, a mediados del 2011 la Reserva Federal decidió una nueva inyección de dinero en lo que se conoce como el QE3. El Banco Central Europeo se sumó a regañadientes a esa política de emisión monetaria, y también siguieron esa política los de Gran Bretaña y China

Fue una época de exceso monetario, de dinero fácil, con tasas de interés puras cercanas al cero por ciento. Grandes cantidades de capital financiero especulativo se trasladaban por el mundo a la espera de ganancias, que en parte recayeron en nuestro país con la liberación económica y financiera resuelta por el gobierno de Cambiemos. Fueron dos años en que prácticamente no hubo inversión productiva extranjera, aunque sí recursos para especular con la bicicleta financiera instalada con las Lebac y para suscribir los títulos de deuda que emitía el gobierno central y también los provinciales y algunas empresas nacionales, pagando una tasa de interés sensiblemente superior a la media del mercado.

Ese mundo de dinero fácil se terminó. Este año, debido a que finalmente en Estados Unidos la economía real muestra señales de crecimiento de un 3% anual y en previsión a un aumento de la inflación, el gobierno de Trump resolvió dar marcha atrás respecto de la política monetaria del “quantitativeeasing”. Así como antes la Reserva Federal recibía letras, títulos y bonos hipotecarios a cambio de dinero que se incorporaba al sistema, ahora, al vencimiento de esas deudas, cobra y retira de circulación los montos correspondientes, “esteriliza” cantidades crecientes de moneda.

También baja impuestos para capitales repatriados del 35% al 10%.

Según informa Miguel Boggiano en Ámbito Financiero del 25-7-18, en el primer semestre retiró de circulación 150 mil millones de dólares y para el segundo prevé otros 170 mil millones; continuará en el 2019 retirando 300.000 millones por semestre y así seguirá mientras lo considere necesario.

Esta política es coherente con la suba de la tasa de interés resuelta por la Reserva Federal y que se viene observando desde el año pasado, en previsión a posibles presiones inflacionarias.

Simultáneamente el gobierno de Estados Unidos bajó el impuesto para el capital repatriado del 35% al 10%, mientras que se espera un aumento del déficit fiscal originado en los cambios impositivos, lo que intensificará la necesidad de fuentes de financiación alternativas para reemplazar a la Reserva Federal. Ello, unido al aumento de la tasa de interés y al hecho de que los títulos de la deuda pública norteamericana se consideran como seguros, hace que Estados Unidos resulte una especie de aspiradora financiera para el resto del mundo.

Aunque todavía no ocurrió, se espera que los bancos centrales de Europa, Inglaterra, Japón, Rusia y China lo imiten con esta política de restricción monetaria. Todo un cambio de época para las finanzas mundiales.

Estos cambios tienen importante incidencia en todos los países, pero se sentirá especialmente en los económicamente dependientes y muy endeudados, como es la Argentina actual. Habrá encarecimiento del endeudamiento por el aumento de la tasa de interés y será muy difícil obtener financiación externa para los déficits de la balanza de pagos, mientras que la falta de capitales para financiar inversiones productivas se intensificará por muchos años.

La consecuencia directa para nuestro país, dada la política económica actual y la dependencia del FMI, será más ajuste, con una disminución del producto bruto que conseguirá así una baja de las importaciones, buscando equilibrar al mercado externo; en otras palabras, continuará una profunda recesión económica, con más cierre de empresas y aumento de la desocupación laboral, tal como se vivió a principios del siglo.

Es uno de los costos que vamos a pagar por haber perdido la independencia económica.

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