Cáncer de ovario, ese enemigo silencioso que es difícil prevenir

Se desata después de los 40, avanza rápido y es complicado de diagnosticar. Cuáles son las claves para salir adelante.

Es el quinto tipo de cáncer más común entre las mujeres, después del de mama, pulmón, colon y útero. Más del 50% de los casos se diagnostica pasada la menopausia, al despertarse los alertas físicos. Y cuando esto ocurre, la enfermedad suele estar en una etapa avanzada. ¿Por qué? “No presenta síntomas tempranos o se trata de un malestar que se confunde con el de otras afecciones. Además, porque no se cuenta con buenas pruebas médicas para detectarlo”, explica el mastólogo Antonio Lorusso, director médico de Lalcec.

Entre las causas que pueden influir en su desarrollo están los antecedentes familiares. Que una hermana, madre o hija -parientes de primer grado- hayan padecido este tipo de tumor arroja una pista. También, haber tenido cáncer de mama. En este caso, se recomiendan tests genéticos para detectar si hay chances o no de que ocurran las famosas “mutaciones”, y así saber cómo proceder con la otra mama y con los ovarios.

Esto es importante por dos cosas: en la mama se puede hacer una detección precoz pero en los ovarios no. Ellos son asiento de metástasis de un cáncer digestivo o de pecho. Por eso, su extirpación es lo más conveniente. Si esto ocurre, la paciente deberá afrontar una menopausia precoz. Estos cuadros afectan su capacidad reproductiva, aunque no las chances de ser madres por diferentes vías más allá de la biológica.

De no existir antecedentes familiares ni tratamientos oncológicos previos hay otros factores de riesgo. Estos son no haber tenido hijos, primera menstruación temprana y menopausia tardía, obesidad, esterilidad y el efecto de los fármacos usados en la etapa menopáusica para la estimulación ovárica en tratamientos de más de un año de duración.

¿Cuáles son los síntomas? Inflamación o sensación de presión en el abdomen, sangrado vaginal abundante e irregular, flujo transparente, blanco o manchado con sangre. También puede palparse un bulto en el área de la pelvis, tener problemas gastrointestinales, dificultad para comer y sensación rápida de saciedad, ganas de ir al baño a cada rato. O padecer molestias en las relaciones sexuales y dolor de espalda frecuente. Estas mujeres -sin historia clínica previa- ¿están protegidas con el control ginecológico anual? No. Porque ni siquiera en una ecografía transvaginal se puede llegar a ver el tumor. Tampoco en los análisis llamados “ensayo antígeno del cáncer”.

“No me siento enferma”, coindicen muchas pacientes que viven con células cancerígenas desde hace años. Los casos de diagnóstico precoz se cuentan con los dedos de una mano. Es un tipo de enfermedad bastante desconocida, quizá subestimada. Pero que puede ser letal. “El resultado de esta falta de diagnóstico es una mortalidad anual del 65%”, denuncia el médico de Lalcec.

La mortalidad es del 65%: Hoy la ciencia busca la forma de bajar las muertes por cáncer de ovario.

No hay tiempo que perder: Si el tumor se toma en etapa inicial, la chance de volverlo crónico es del 90%.

Los hábitos de la buena salud

Hay un hábito clave para espantar el riesgo de cáncer y es no fumar. El estilo de vida influye tanto como la herencia genética a la hora de preservar la buena salud. “Lo que vale es aumentar los factores de protección -dice el mastólogo Lorusso-. Hacer ejercicio de forma regular, llevar una dieta baja en grasas y azúcares, rica en frutas y verduras y fibras”.

La palabra de los especialistas

“El cáncer de ovario es muy difícil de prevenir”, dice María Celeste Díaz, coordinadora del Instituto Nacional del Cáncer que depende del Ministerio de Salud. “Ni siquiera existe evidencia que fundamente hacer estudios complementarios para ‘tamizaje’, con el objetivo de detectarlo en fases tempranas”.

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