Chemsex, la mezcla de drogas y sexo que alerta a los médicos

El uso de drogas sintéticas para prolongar las relaciones sexuales causa muchas muertes.

Los encuentros suelen acordarse a través de aplicaciones de citas. Participan muchas personas en largas sesiones de sexo potenciadas por el uso de drogas sintéticas (GHB, metanfetaminas, mefedrona), en las que los cuidados para evitar enfermedades de transmisión sexual quedan muchas veces en un segundo plano. El chemsex (sexo químico) ya es considerado un problema de salud pública en Europa y pone en alerta a médicos de Argentina y de todo el mundo.

“Hay que interesarse mucho en esto porque es un tema social que está matando a los jóvenes de manera muy rápida”. La advertencia cerró la exposición a sala llena del francés Vincent Pelletier, director general de Coalition Plus (una red internacional de más de 100 organizaciones contra el sida y la hepatitis), durante el Simposio Científico de Fundación Huésped, en Buenos Aires. Pelletier tiene 53 años y hace más de 30 es activista por los derechos de la comunidad gay y de las personas con VIH-sida. “El tema del sexo y las drogas es una vieja idea, no es de ahora. Pero en la actualidad tenemos una crisis bastante diferente”, afirma, y destaca que cobra especial relevancia ante “la nueva ola de infecciones de VIH y de muertes en Europa y otros lugares del mundo”, especialmente en hombres que tienen sexo con hombres (HSH) jóvenes, entre quienes la práctica de chemsex es mucho más frecuente que en la población general.

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El fenónemo “empieza en América del Norte a finales de los ‘90 con el crystal meth (metanfetamina) y se desarrolla en los 2000. Y en Europa comienza con el GHB, donde hay una situación muy complicada con las catinonas (especialmente la mefedrona), que produce muchos muertos en Europa central.

Las muertes por GHB se duplicaron en Londres y en Francia preocupa la expansión del SLAM (inyección de drogas, que añade el problema del compartir las jeringas) entre los jóvenes gays y las personas trans”. Son sustancias que aumentan la excitación sexual, la intensidad y la duración del encuentro, además de provocar una fuerte desinhibición. “El deseo sexual es tan fuerte que se hacen cosas que no se harían nunca si no estuviera bajo sus efectos”, dice Pelletier. En menor medida se utilizan cocaína, ketamina, éxtasis.

¿Qué pasa con el tema en el país?

En Argentina “no está estudiado el impacto que pueda tener. No es el de Europa, pero podría serlo en un futuro: los jóvenes van cambiando, el uso de drogas es dinámico, es algo a lo que habría que prestar atención y estudiar más”, dice Diego Salusso, infectólogo del Sanatorio Güemes.

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