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La Mañana Año Nuevo

Clásico y neuquino: el primer asado del año frente al Limay

Miles de personas pasaron el primer día del año en familia y de cara al río.

POR SOFIA SANDOVAL - [email protected]

Son las cuatro de la tarde en el balneario Sandra Canale y los 34 grados de temperatura se resisten gracias a un grupo de nubes abundantes, que cubren el impiadoso sol del 1° de enero. Cerca del Limay, las familias se congregan frente a las parrillas y se apiñan bajo la sombra de los árboles y los gazebos para recibir al año nuevo emulando la postal más típica de Neuquén.

A partir de las obras de renovación del Balneario Municipal y la falta de parrillas en el Río Grande, el destino obligado de los asados es el Sandra Canale, el balneario más familiar de la ciudad, que emerge al fondo de la calle Gatica. Allí, las obras públicas de la Municipalidad también hicieron mella y hay sectores que aún esperan por su habilitación para contener al mar de bañistas que llegan desde todos los barrios de Neuquén.

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Por los trabajos, que incluyen una nueva cancha de beach vóley aún sin inaugurar, muchos asistentes mudaron sus campamentos hacia el sector más oeste de la playa. Allí, las ramas de los árboles cumplen el papel de cordeles para secar las toallas, mientras sus dueños se entregan a la siesta que sigue después del almuerzo.

Los que no madrugaron, en cambio, encontraron muy tarde un sitio en las parrillas, y en ellas el fuego aún crepita mientras esperan que la carne se cocine. Chivo, asado, pollo o choripán: todos los menús se combinan con los tuppers de ensalada y el fiambre que los bañistas sacan de los baúles atiborrados de los autos.

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El azul del Limay se tiñe de los colores de los salvavidas de los niños. Un unicornio inflable reposa sobre la orilla, mientras una nena practica sus primeros pataleos a bordo de un pato amarillo. A pesar de la existencia de canchas y otros juegos, el río parece ser un atractivo imán para los más chicos, que se dejan arrugar allí las yemas de los dedos.

Entre ellos, un grupo de 9 niños disfrutan de una tarde especial. Vienen de la mano de un grupo de acompañantes que usan guardapolvos de color rosa fuerte. "No somos de un jardín, somos de la Fundación Fedra y trabajamos con niños judicializados", explica Érica, mientras cuenta las cucharadas de leche en polvo que debe introducir en la mamadera. Para cambiar la rutina del hogar, decidieron llevar a los niños al río, y ellos aceptaron la propuesta con un acentuado entusiasmo.

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El agua poco profunda de ese brazo del río es ideal para el disfrute de los niños, que hunden los pies en el agua fresca del Limay bajo la vigilancia de sus padres. Yanina observa a sus dos hijas desde la orilla. "Antes íbamos al municipal, pero desde que hicieron remodelaciones acá, venimos acá porque está muy lindo", asegura.

Como ella, los guardavidas clavan los ojos en el río casi sin pestañear. Un solo segundo de distracción puede costar demasiado caro. En apenas un parpadeo, todas las miradas se concentran en un punto exacto del río. Allá, más lejos, justo cuando el brazo se pone más profundo y empiezan los remolinos, un niño alza los brazos para pedir ayuda. Por unos segundos, el cuarteto que brota de los altoparlantes parece enmudecer. Un guardavidas surca el agua con brazadas profundas y llega a ofrecer auxilio con rapidez.

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Otro rema desde una tabla de fibra fosforescente, que luego usa como camilla para trasladar al pequeño en apuros.

Cuando los tres llegan a pisar las piedras de la orilla, una orquesta de aplausos los recibe para celebrar la hazaña. Ellos olvidan los vítores muy pronto, porque el ritmo de esa tarde los obliga otra vez a estar alertas, con los ojos fijos en el río.

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--> El Sandra Canale modelo 2020. El balneario fue casi una extensión del brindis: el sol les hizo un guiño a los neuquinos, que pudieron cumplir con el tradicional ritual de celebrar en la costa. El río garantizó el alivio en una jornada con una máxima de 34,6°.

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