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La Mañana voluntarios

Como voluntarios de registro, padre e hija alegran los boxes de vacunación

Se anotaron para colaborar en la campaña contra el coronavirus y borran las tensiones de los adultos mayores con bromas en los boxes de vacunación. Comparten las anécdotas más humanas del Ruca Che.

A la una de la tarde, quedaba apenas una hora para el final de un nuevo día de vacunación en el Ruca Che. Daniel Miranda y su hija Guadalupe le dieron un sorbo apurado a su jugo de frutas y se pusieron, otra vez, su pechera blanca de voluntarios. Sin pacientes a la vista, se habían tomado una pausa para almorzar, pero al estadio llegaron dos adultos mayores para recibir el último par de dosis del vial y su trabajo comenzó de nuevo.

Daniel y Guadalupe no forman parte del personal de salud. Él es empleado municipal y ella estudia marketing en una universidad privada, pero dedican sus mañanas a colaborar en el registro de vacunación en el Ruca Che, en una tarea fundamental para completar con esta campaña masiva contra el coronavirus.

“Cuando anunciaron que había que anotarse como voluntarios para la vacunación, yo me anoté, pensando que eran voluntarios para recibir la vacuna”, explicó Daniel. Pronto supo que se había anotado en un sistema que buscaba colaboradores en la campaña de vacunación y, sin dudarlo, tomó el curso para trabajar en los procesos de registro.

Daniel fue testigo de las primeras aplicaciones de la Sputnik V, en un rol tan importante como el que cumplen los enfermeros que dan los pinchazos. “En Salud hay un dicho que dice que lo que no se registró, no se hizo”, explicó. Por eso, él se ocupa de dejar asentada a cada persona que pasa por su box de vacunación y también les otorga un turno para que se apliquen la segunda dosis, 21 después de su primera visita al Ruca Che.

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El voluntario explicó que es fundamental ser prolijos en los registros para evitar, entre otras cosas, que se mezclen los laboratorios. “El que recibió la primera dosis de la vacuna rusa no puede aplicarse la segunda de la fórmula china”, dijo. Sin embargo, su rol más importante en el box de vacunación llega de la mano de su espíritu histriónico y desinhibido, que genera la confianza suficiente para que los adultos mayores le pongan su brazo a la vacuna contra el Covid.

“Cuando vi la cantidad de trabajo que había y que hacían falta voluntarios, se lo comenté a mi hija Guadalupe, y ella me dijo que quería participar”, explicó Daniel, sin ocultar su orgullo por ver su espíritu solidario trascendiendo a la nueva generación. “Gracias a las clases online, puedo acomodar mis horarios para estar acá”, aseguró ella.

Por casualidad, padre e hija pudieron trabajar juntos en la misma mesa de registro, por lo que alegran a los abuelos con sus bromas mientras la enfermera carga las jeringas. “Por suerte les toca la rusa; si les tocaba la china ya estarían comiendo con palitos”, bromeaba Daniel con los dos abuelos que esperaban por su vacuna.

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“Mientras explicamos los detalles del carnet, lo que buscamos es que se relajen, porque llegan muy tensos al momento de la vacunación”, sostuvo Guadalupe y aclaró: “Algunos nos preguntan si se pueden bañar después de que los vacunan; son preguntas que no deberían hacerse, pero les explicamos todo para que sigan haciendo su vida normal después de la aplicación”.

El día del primer pinchazo, Daniel y Guadalupe ya fijan el turno para la segunda dosis, y aclaran que todos pueden evacuar sus dudas a través del 0800 Covid. Además de realizar su labor cotidiana en el registro, ellos aplican una dosis distinta a la que llega con la vacuna: una de alegría y confianza en medio del escenario hostil de la pandemia.

En los días más tranquilos, cuando la demanda de vacunas no logra atosigarlos, hasta improvisan shows de stand up para entretener las esperas. Y acompañan los rasgos más emotivos de ese vacunatorio de campaña, que llenan al estadio de música, bromas y de los merecidos aplausos que reciben todos los vacunados.

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Desde su puesto en el registro, son testigos de innumerables anécdotas que humanizan la vacunación. Un nieto y un bisnieto vestidos de Superman para recibir a un hombre recién vacunado, dos abuelos que celebraron ese hecho histórico bailando tango, y hasta parejas que se formaron entre los adultos mayores que se encontraron de casualidad en un box. Daniel y Guadalupe las repasaron con alegría y aseguraron que ese es el combustible que los lleva a seguir más comprometidos que nunca con esta campaña.

“Nos preguntaron si queríamos tomarnos una semana de descanso y dijimos que no”, señaló Daniel, que aseguró estar sorprendido de la vocación que descubrió en el personal de salud que trabaja en el Ruca Che.

Si bien ellos no reciben un pago por su trabajo en la campaña, aclararon que aún tienen ánimo de seguir aportando su alegría al resto de los abuelos, que llegan tímidos o temerosos a los boxes del estadio. “Vamos a seguir”, dijo Guadalupe. “No paramos hasta que hayamos vacunado a todo Neuquén”, concluyó.

PADRE E HIJA SON VOLUNTARIOS DEL REGISTRO EN LA CAMPAÑA DE VACUNACIÓN

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