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Con estricto protocolo, peluquerías sobreviven a la pandemia

Han reducido su trabajo en un 50%, pero aún así "hay una buena respuesta de la gente", admitieron. Los clientes de más de 50 años eligen quedarse en sus casas.

Nadie duda hoy en día que la pandemia ha llegado para modificar la normalidad tal como se conocía. Peluqueros y peluqueras de la ciudad saben de eso y han ideado un protocolo sanitario que atañe tanto a locales céntricos como a aquellos que atienden en sus casas. “En un principio a la gente le incomodaba, ahora ya se normalizó la cuestión”, admitió el peluquero Marcos Seifert a este diario.

Pese a que la cuarentena ha afectado a casi todos los rubros en la ciudad, las peluquerías aseguran haber tenido “una buena respuesta” y hoy se encuentran trabajando “en un 60% de lo habitual”, reconoció Luciano, dueño de la reconocida peluquería La Hormiga del centro neuquino.

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Solo a principios de julio, “cuando la curva mostró un aumento” en la ciudad, “la gente dejó de cortarse el pelo”, admitió Ana, recepcionista de Trani Estilistas. Allí, aseguraron que, aunque no atienden a la misma cantidad de gente que antes, cuentan con un promedio de entre seis y diez clientes diarios.

Esto se debe a que, según el protocolo necesario para la reapertura de los locales, “tenemos que reducir los espacios y mantener una distancia de dos metros entre cada cliente. Además de respetar la reducción de horarios”, aseguró la mujer, lo que provoca que el local funcione al 50% de su capacidad.

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La principal preocupación que tienen, tanto en Trani como en el resto de las peluquerías de la zona, es respetar las normas sanitarias que fueron condición para la reapertura del rubro. Para ello ponen dos trapos con lavandina en la entrada del local y alcohol en gel para las manos. Pero además, elementos como carteras, mochilas y abrigos se meten dentro de una bolsa desinfectante que queda en una mesa en la recepción de la peluquería.

Tanto batas como toallas usadas por cada cliente del lugar se encuentran presurizadas y guardadas al vacío, con lo que cada persona se asegura de que su combo se encuentre totalmente esterilizado. Al final del corte, se desecha en un cesto de ropa su toalla y la bata, de uso totalmente personal, que es cubierto y llevado a la lavandería.

Además de respetar el protocolo, que también cuenta con una parte de desinfección de los elementos una vez realizado el corte, tanto el estilista como la recepcionista y el asistente utilizan tapabocas y antiparras, los cuales son desinfectados con regularidad.

Por último, tienen un control de asistencia donde anotan los datos personales, fecha y horario en el que acudieron al turno para poder tener un seguimiento en caso de que ocurra un contagio y así poder saber con quién estuvo en contacto esa persona.

Por otra parte, Luciano, dueño de La Hormiga, admitió: “Estamos trabajando a un 60%”. Según explicó, eso se debe a que “solo podemos usar dos de las cuatro bancas que tenemos”.

Sin embargo, para aprovechar más el espacio, dijo que “ayornamos unas habitaciones que teníamos como depósitos, para poder cortar ahí también respetando los dos metros que son necesarios por el protocolo establecido”.

El análisis que hacen desde el lugar es que “la gente joven no tiene mucho problema en venir a la peluquería, contrario al caudal de clientes mayores de 50 años que venían todos los días a la mañana y ahora han dejado de venir o vienen mucho menos”.

Los mayores de 50 años son los que más valoran los recaudos tomados por las peluquerías y "hablan del miedo que les genera la pandemia". Para ponerle un número a esta situación, el dueño del establecimiento aseguró: "Solo un 20% de esa franja etaria está viniendo a cortarse el pelo".

Los protocolos necesarios para trabajar también han modificado la forma de distribución del trabajo y ha cerrado, temporalmente, las puertas de la escuela de peluquería que funciona en el lugar. "Antes trabajábamos con mucho caudal y los chicos venían todos los días a hacer prácticas. Ahora solo vienen quienes ya hayan tomado un turno, para evitar la conglomeración de gente en el local", detalló.

Además, una de las empleadas del negocio se encuentra encargada de hacer el seguimiento de las personas que entran al local asegurándose de la desinfección. "Nos gusta que el cliente vea que respetamos los protocolos. Para que ellos estén tranquilos, pero también por nosotros, el grupo es importante y no queremos que nadie aparezca con COVID", contó.

Con estricto protocolo, peluquerías sobreviven a la pandemia

-> Ser peluquero independiente en pandemia

Marcos Seifert es un peluquero independiente de la ciudad y la pandemia lo agarró comenzando su propio emprendimiento. “Arranqué cortando a domicilio, que es algo que le quedaba cómodo a la gente, pero la pandemia me obligó a modificar todo”, dijo.

Es por eso, que se vio obligado a armar un espacio en su propia casa. “Gracias al boca en boca y a la página de Instagram estoy pudiendo sacar a flote el pequeño negocio”, indicó.

Sin embargo, llevar gente a su casa, en la que vive junto a su familia, lo obligó a elaborar y respetar un protocolo que sigue a rajatabla. Al igual que el resto de las peluquerías de la ciudad, trabaja por turnos y desinfecta la entrada, manos y ropa de los clientes. Posteriormente al corte, sus utensilios y espacio de trabajo.

Por otra parte, Seifert admitió que, en su momento, con la paranoia que provoca la pandemia y la posibilidad latente de contraer coronavirus: “Pensé en largar todo. Pero tenía una clientela que se sentía cómoda y me empujaron a esto y no podía dejarlos de un día para el otro”.

“Fue una decisión que me costó, más que nada porque vivo con mi familia. Y aunque al principio era chocante pedirle que se desinfecten, la gente hoy en día fue tomando consciencia”, aseguró el peluquero.

Ahora, recibe turnos en su cuenta de instagram (@ms_barberia_nqn) y escucha historias de pandemia por parte de sus clientes. "Uno es peluquero y también psicólogo por estos días", lanzó el hombre con humor.

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