Neuquén > Gabriel Moraga vive con su familia hace más de dos años en la casa que está en el medio de la chacra Gato Negro y de la que el lunes 9 de septiembre tuvo que salir corriendo sofocado por las llamas y asustado por las fuertes explosiones.
Moraga trabaja como tractorista en esta chacra de 30 hectáreas, ubicada entre las calles Constituyente y Alberdi y la Ruta 22 en Plottier. El fuego se llevó todo: arrasó con los ciruelos, los árboles de pelones, duraznos, manzanas y peras.
Si bien aún el dueño no calculó las pérdidas, el empleado consideró que las 30 hectáreas se incendiaron. Muchos árboles se ven negros y el olor a quemado aún está en el aire.
"No sabemos qué va a pasar, porque no quedó nada de la producción", dijo con voz entrecortada.
El día del incendio, ya desde el mediodía todos estaban atentos aunque no creyeron que los iba a alcanzar. "Cuando volví a salir era todo explosión, fue muy desesperante, no pensé que la casa se iba a salvar", relató el hombre, luego de mostrar el galpón derrumbado lindante a su vivienda.
"No podía sacar el auto porque el calor me quemaba así que lo saqué empujándolo. Cuando volví a buscar a mis perros estaban todos juntos en la casa, por suerte logré sacarlos", describió.
Detrás se ve otra pequeña construcción de la que tampoco quedó nada. "Ahí vivía un regador, por suerte hace unos meses se jubiló", aseguró Moraga.
Los restos de tambores de gasoil y todos los cajones grandes de frutas colaboraron para que el fuego se extendiera rápidamente.


