"Con los años uno deja de perder el tiempo en pavadas"

Nueva película. El actor regresa al cine con Camino a La Paz. Además, habla de su papel de Bergoglio en un film italiano, de la religión y del paso del tiempo.

Paula Bistagnino
Especial


En una mirada superficial, Rodrigo de la Serna no tiene nada que ver con Sebastián, ese remisero que nunca salió de su barrio, que se casó con su primera novia, que no planea más allá de los asados con sus amigos y el día a día. Pero hay algo de ese encuentro con un viejo musulmán, de un viaje rutero hasta La Paz, Bolivia, y de las preguntas acerca de la religión, la muerte, los miedos, las emociones, la vida, que también lo conmueven.
Y por eso, dice, Camino a La Paz -ópera prima de Francisco Varone- no es una película más en su trayectoria de casi tres décadas y, asegura, fue una experiencia movilizadora. "Hubo un momento en el que casi dejamos de actuar porque el relato, el viaje, las condiciones de rodar así seis semanas, el paisaje cada vez más árido y despojado, nos puso a nosotros también en ese trance", dice el actor.

Experiencia papal: "Es lo más difícil que me tocó hacer. Son personajes alrededor de los que siempre hay polémicas y opiniones".

El personaje pasa de no querer saber nada con la religión a descubrirla de alguna manera. ¿Cuál es tu postura frente a la religión?
Yo no soy una persona religiosa, pero creo que en algún punto la religión es necesaria. Ahora lo puedo ver así. Porque cuando vas creciendo, te empezás a dar cuenta de que la muerte es algo cierto y de que está cada vez más cerca. La religión se encarga de estos grandes temas que nos atraviesan a todos, porque no hay manera de escaparle a ciertas preguntas. Y creo que ese es un poco el trasfondo de este relato precioso. No es que sólo la religión se lo pregunte, porque de alguna manera el teatro también lo hace, y la filosofía... Y cada uno se acerca desde distintos lugares a una misma cosa. Pero la reflexión es necesaria.
Hablabas de la muerte, ¿cómo te parás frente a esa certeza?
La muerte es una buena consejera en algún sentido. Porque cuando entendés que la vida es muy corta, te das cuenta de que no hay tiempo que perder y que entonces hay que hacer las cosas bien; pero no sólo bien, sino que además hay que hacerlas cuanto antes. Al menos a mí me pasó eso... Con los años uno deja de perder tiempo en pavadas: ya no te peleás tanto con tu mujer o con tu hija, elegís mejor las cosas que hacés y con quién. Creo que uno aprende de la certeza de la muerte.
Venís sembrando mucho, ¿creés que llega el momento de cosechar?
Ojalá pueda cosechar algo... No sé. Ahora se estrenan tres películas, sigo con el teatro, con el espectáculo musical Yotivenco... Hay cosas en acción. Soy de laburar mucho y, siendo veterano en esto, porque empecé a los 12 años, todavía siento que hay energía para seguir haciendo. Espero que no se corte. Es un momento lindo y estoy contento.
Hablás maravillado de esta película, de cómo se narra la historia y de lo que se cuenta...
Sí, es que es una película preciosa y espero que realmente la gente la vea. Por un lado, el recorrido dramático de mi personaje te deja ver cómo un corazón muy tullido y lleno de nudos puede llegar a conmoverse y ablandarse. Pero, además, la manera en la que está contada esa historia es maravillosa, porque va creciendo en el camino, con el paisaje, avanza tan bien desde el texto, el paisaje, el recorrido...
Como actor y como espectador, ¿qué es el cine para vos?
Mirá, es una relación de profundo amor... ¿A quién no le gusta el buen cine? ¡Qué placer! Yo creo que es uno de los grandes placeres que tenemos los seres humanos, un espacio de manifestación y de conexión artística sublime. Como actor, el oficio no tiene límites y dan ganas de encarar proyectos cinematográficos sin que lleguen... Pero también está el teatro, que me desvela.
Venís de hacer a Jorge Bergoglio, personaje icónico si los hay hoy. ¿Fue muy difícil?
Sí, es lo más difícil que me tocó hacer, sin dudas. La experiencia más ardua que me han propuesto y, en cierto sentido, parecía imposible. No sólo por los tres meses de rodaje de lunes a sábado de cinco de la mañana a ocho de la noche, sino porque además el hacer un personaje real, como cuando hice a San Martín, agrega una responsabilidad extra en el actor... Porque son personajes "tótem" alrededor de los que siempre hay polémicas, miradas y opiniones. Y mucho peor con Bergoglio, que es contemporáneo, está vivo, en ejercicio y con la masividad que tiene. Si la pifiás en el gesto, ya te hacen bosta.
¿Cómo fue el estreno en el Vaticano?
¡Había seis mil personas viéndola! Fue increíble. Lo hicimos en la Sala Nervi, esa sala gigante donde él siempre da las conferencias. Había gente de la calle, homeless, unos trescientos senegaleses que recién habían llegado a Italia, había muchos italianos de clase media, gente de clase baja... Unos genios los productores: hicieron un quilombo alucinante.

Vivir ya: "Cuando entendés que la vida es muy corta, te das cuenta de que las cosas hay que hacerlas bien y cuanto antes".


Ernesto Suárez, actor revelación

El coprotagonista de De la Serna es Ernesto "el Flaco" Suárez, muy reconocido y querido en su Mendoza natal, donde además es maestro de generaciones de actores, referente del teatro y la cultura en su provincia y también en distintos lugares de Latinoamérica, que ha recorrido con su arte. A los 75 años, Camino a La Paz es su debut en cine -había sido elegido para El aura, de Fabián Bielinsky, pero luego rechazó hacerla por otros compromisos- y fue premiado como Actor Revelación en el Festival Internacional de Cine de Mar del Plata por la Sociedad Argentina de Gestión de Actores Intérpretes (SAGAI).

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