¿Cuál será nuestro límite?
Casi con resignación, pero también con mucha preocupación, epidemiólogos, infectólogos y expertos sanitarios dan por sentado que la segunda ola de coronavirus en Argentina es imparable, que ya comenzó y que dentro de poco tiempo –mucho antes de lo esperado- volverá a golpear con fuerza a nuestro país.
Las recientes estadísticas lo confirman. De a poco, la caída de casos se convirtió en un amesetamiento y nuevamente la curva comenzó a mostrar un nivel ascendente pero sostenido.
La llegada de la vacuna rusa Sputnik V fue una gran noticia para los argentinos, aunque también tuvo su lado negativo. El gobierno puso épica en el anuncio, como que era el principio de nuestra salvación, pero el común de la gente lo malinterpretó. Es decir, muchos creen que, en efecto, con la vacuna se terminó la pandemia, y eso se ve reflejado en el comportamiento que se puede observar todos los días: poco uso del barbijo, casi nula distancia social y un relajamiento increíble en la prevención que deberían seguir con más cumplimiento que nunca, ahora que estamos con un rebrote golpeándonos la puerta. Las fiestas clandestinas que se hicieron en el Alto Valle y las juntadas de fin de año no hacen más que confirmar un comportamiento social irresponsable y temerario.
La llegada de la vacuna es importante, pero hoy lo más seguro es el uso del barbijo, coinciden los epidemiólogos. Por caso, en el Reino Unido esperan que para junio se sumen 40.000 muertos a la ya extensa lista de víctimas, más allá de la agresiva campaña de vacunación que comenzaron hace pocos días.
¿Cuántos muertos más necesitamos los argentinos para tomar conciencia? ¿Hasta qué límite seremos capaces de llegar?
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