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La Mañana historias

Cuando Huinganco dio la sorpresa y ganó el comunismo

En las elecciones de 1962, el peronismo proscripto se la jugó por "la hoz y el martillito".

Mario Cippitelli

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Neuquén. Isidro Belver es un gran personaje del norte neuquino que tiene pasión por la historia y siempre suele desempolvar de sus archivos algunas anécdotas que quedaron perdidas en el tiempo, pero que tienen la riqueza y la pureza inocente de las costumbres pueblerinas.

En sus relatos, la mayoría publicados en libros o en su “Neuteca” digital que tiene en internet, figuran hechos culturales, sociales y políticos que alimentan permanentemente la riquísima historia del norte de la provincia. El siguiente es, precisamente, uno de los más curiosos y simpáticos que se le conocen y que fue publicado en su libro Malal Neuquén. La querencia del viento.

En 1962 se celebraban elecciones en la provincia de Neuquén y todo el peronismo estaba tan indignado como desorientado. Juan Domingo Perón estaba en el exilio y su partido político había sido proscripto. Por este motivo, sus seguidores habían decidido hacer una campaña nacional por el voto en blanco, como forma de protesta a esta decisión tan arbitraria y antidemocrática.

En Huinganco, pequeño pueblo del norte de Neuquén, se vivía el mismo sentimiento, pero no todos estaban de acuerdo en “tirar” el voto así como si nada. Si no era para el peronismo, tendría que ser para otro partido político. Y si era una fuerza chica, mejor.

Eso es lo que se planteó durante una reunión de la rama femenina del PJ Evita Capitana, en medio de la incertidumbre sobre qué estrategias había que tomar en esos comicios.

Y fue a una dirigente a la que se le ocurrió que para que la campaña fuera efectiva y masiva en cada rincón de esa localidad y para que los paisanos entendieran bien de qué se trataba la cuestión, había que buscar un partido político que tuviera un símbolo bien característico como para identificarlo.

“Podría ser la boleta del martillito y la echona”, dijo ante los presentes al referirse a la hoz y el martillo del Partido Comunista.

Todos debatieron la propuesta, que parecía un tanto descabellada pero que era mejor que tirar un voto en blanco, hasta que finalmente aceptaron convencidos de que sería una original manera de protesta. Así fue como empezó la campaña. Cada dirigente peronista visitaba una casa, se dirigía a un puesto y mantenía reuniones con los pobladores para explicarles que lo mejor sería que en las elecciones votaran al partido del “martillito y la echona”.

Rememora don Isidro que, en efecto, la campaña resultó tan buena que el éxito se vio reflejado durante el recuento final de votos: el Partido Comunista había ganado casi el 100 por ciento de los sufragios para la sorpresa de los militares y gendarmes que custodiaban los comicios.

Cuando la noticia comenzó a correr por toda la provincia y luego llegó hasta las máximas autoridades nacionales, el gobierno envió a Huinganco delegados de la intervención militar en Neuquén y funcionarios del Ministerio del Interior para que averiguaran qué era lo que había pasado. Un delegado del Partido Comunista de Buenos Aires también llegó al pueblo para saber qué fórmula habían utilizado para lograr semejante porcentaje de votos.

Después de varias averiguaciones y charlas con pobladores, finalmente descubrieron que se trataba de una “broma” como forma de protesta a la proscripción del peronismo y el asunto fue aclarado, aunque durante mucho tiempo este pequeño pueblo quedó con el mote de ser la “cuna del comunismo neuquino”.

En 1978, varios años después de aquella anécdota, un ministro del Interior de la dictadura vino de visita a Neuquén y durante una recorrida por el interior también llegó a Huinganco. Luego de recorrer el pueblito y ver algunos de los emprendimientos que se realizaban en la comuna, le dijo a su secretario en forma discreta: “Hay que seguir de cerca al intendente; bosque comunal, piscicultura comunal, fábrica de dulces comunal, piedra toba comunal… Esto huele mucho a comunismo…”.

Buscaron que fuera un distintivo político para que los pueblerinos lo identificaran fácilmente.