Cuatro empresas piensan en vuelos supersónicos
Nunca queda claro si todo tiempo pasado fue mejor aunque sí, parece, fue más rápido. Según el profesor miembro del Instituto de Estudios Aeroespaciales de Cataluña, Miguel Sureda, los aviones actuales vuelan más despacio que los de hace 20 años. Por eso se están desarrollando proyectos para que de acá a cinco años haya vuelos que sean mucho más veloces. Se trata de cuatro trabajos que ya están en marcha vinculados a los aviones supersónicos que puedan superar los 1235 km/h de la velocidad del sonido. Nada menos…
Este objetivo está en el norte de Aerion, Spike Aerospace, la nave experimental de la Nasa X-59 QueSST y Boom Supersonic, los cuatro “mosqueteros” que proyectan romper con todos los récords. Se sabe que la experiencia en este rubro fue liderada por años por el famoso Concorde y ese es el sueño, aunque nadie desconoce que las dificultades tecnológicas, económicas –es una duda su rentabilidad- y medioambientales -debido a las emisiones de gases y ruidos que ocasionan estos vuelos- son un obstáculo para que la aviación supersónica vuelva a existir en vuelos comerciales.
Las cuatro compañías que impulsan (por separado) estos proyect os anunciaron que tendrán listos sus aviones para 2023. Y Boom Supersonic va un poco más rápido y asegura que terminará un prototipo biplaza para el año que viene y que ya tiene una reserva de 20 aviones por parte de Japan Airlines. De todos modos, algunos especialistas dudan de estos tiempos porque todo lo relativo a seguridad es ultra delicado y demanda un profundo proceso de certificaciones ante cualquier tipo de cambio o innovación tecnológica. Por eso, antes de que se pueda volver a volar a la velocidad del sonido, será necesaria una sinuosa adaptación legal ya que los índices que manejan la Unión Europea y la Organización de Aviación Civil Internacional están muy desactualizados.
Y para que el objetivo supersónico pueda plasmarse debería existir “una nueva tecnología –apunta Miguel Sureda- porque los motores son la clave: volar a una velocidad supersónica no es eficiente a nivel aerodinámico y la cantidad de combustible que se necesita no compensa el tiempo que se ahorra al ir más rápido”. Eso, sumado a que, como están las cosas actualmente, gastar más combustible significa una mayor emisión de gases de efecto invernadero, hacen que los costos para cualquier aerolínea comercial pasen a estar, paradójicamente, por las nubes.
Según especialistas, no será fácil de implementar por razones tecnológicas, ambientales y de rentabilidad.
De todos modos, las cuatro compañías que anuncian sus superaviones para 2023 aseguran que el nivel de contaminación de sus motores es bajo por el uso de biocombustibles, más allá de que en ninguno de los casos dichos motores están en una fase de desarrollo avanzada como para justificar que efectivamente emiten menos gases.
“Aunque no haya ningún problema para investigar y obtener biocombustibles para volar a velocidades supersónicas, su optimización lleva tiempo. Es posible mejorar el perfil ambiental de un combustible para aviones de este tipo, pero de momento no hay investigación en este sentido”, indica Sureda. Por lo pronto, ninguno de los aviones tendrá una gran capacidad para pasajeros y, de hecho, el AS2 de Aerion está concebido como medio de transporte privado corporativo. Si es así, será para los hombres y mujeres de negocios, millonarios, que quieran hacer un recorrido entre Europa y Estados Unidos en menos de tres horas.
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