Cura a sus pacientes en África, pero sueña con volver a Neuquén

Roberto López. Se fue a trabajar como médico a un hospital de Guinea Ecuatorial.

Se tuvo que acostumbrar no solamente a las diferencias culturales con Argentina, sino también a un clima muy caluroso.

Su familia reside en España, y el médico va a visitarla de tanto en tanto.

Ana Laura Calducci

calducia@lmneuquen.com.ar

Neuquén.- Roberto López nació y se crió en Neuquén. También le hubiera gustado trabajar acá al recibirse de traumatólogo, pero el destino lo llevó primero a Europa y luego a África, donde ejerce hace tres años. En Guinea Ecuatorial aprendió a vivir al extremo: el termómetro no baja de 30 grados, la gente se muere joven, es común la poligamia y todos comen cualquier animal silvestre que puedan cazar, desde cocodrilos hasta chimpancés.

Guinea Ecuatorial es apenas más grande que la provincia de Tucumán. Está en el medio de África, sobre la costa del Atlántico. Al igual que Argentina, fue colonia española, y por eso hablan castellano.

En Bata, la ciudad donde trabaja Roberto, hay edificios de estilo colonial y una pintoresca costanera para los turistas. Los residentes, en cambio, sufren las consecuencias de la pobreza crónica: el 60% son indigentes y el HIV es una de las principales causas de muerte, junto al paludismo.

En 2005, cuando vivía en Mar del Plata, el traumatólogo fue a una pasantía en Inglaterra y desparramó currículos por toda Europa. Eso le permitió ejercer en España. En 2013 se vino a Neuquén, pero no pudo entrar en los hospitales de acá.

No quiero que mi familia venga acá porque es hostil y te tenés que poner un arsenal de vacunas”.Roberto López. El médico neuquino en el corazón de África

Aceptó un cargo en General Roca, donde duró apenas cinco meses. Un amigo en España le avisó que les daban trabajo en Guinea Ecuatorial y armó las valijas de nuevo. Su esposa y su hija lo dejaron partir, sabiendo que era una oportunidad única. “Antes de tomar el avión, busqué en el mapa dónde quedaba”, contó.

Al llegar a Bata, lo primero que lo impactó fue “la pobreza y el calor agobiante”, según dijo. También lo perturbó el trato hacia las mujeres. La poligamia es habitual, al igual que los golpes (ver aparte).

Su mujer y su hija se quedaron un tiempo en Argentina. Luego, cansadas de estar a medio planeta de distancia, se mudaron a Madrid. Cada cuatro meses, Roberto las visita. Ellas no van a África.

“No quiero que vengan porque acá es hostil y tenés que ponerte un arsenal de vacunas, por los mosquitos y las enfermedades”, explicó. Él mismo se agarró paludismo tres veces, que pudo tratar a tiempo.

Para comer, compra alimentos congelados que llegan de España; también carne enlatada de Argentina. No se anima al cocodrilo, el mono ni las boas que sirven en los restoranes.

Roberto afirma que su experiencia en África será inolvidable, aunque piensa quedarse sólo seis meses más. Su plan es ir a España a jubilarse y pasar su retiro en Neuquén, en lo de sus padres. Les compró la casa a sus hermanos y la arregló para su vuelta.

“Es lo que más extraño, ver gente que conocés de toda la vida y que alguien te invite un asado, porque en ningún otro lado existen esas reuniones de quincho”, confió. Si todo sale como espera, pronto vivirá en el barrio Belgrano, siempre que no lo tiente otra oferta laboral en un punto remoto del planeta.

Los españoles no son muy apreciados por los pobladores de Guinea. Por eso, cada vez que puede, Roberto López aclara que él es del país “de Messi, Maradona y el Papa”. “Los menciono para que sepan más o menos de qué sitio del mapa hablo; ahí siempre se ríen un poco y entienden”, contó.

Añadió que también les cuenta a todos con insistencia que viene de Neuquén. “Por eso, acá no soy el doctor López, todos me conocen como Roberto, el neuquino”, explicó.

Como todo argentino, Roberto se las arregla para tomar mate en cualquier continente en el que esté. Cuando va a España, carga 7 kilos de yerba, que es lo que cabe en el equipaje y le alcanza cuatro meses hasta el siguiente viaje. Pero las primeras veces le costó pasar por la aduana. “Al principio, me paraban en el aeropuerto con semejante paquete y no sabían si era para comer o qué; entonces, yo les explicaba que no era droga, sino como el té", recordó.

Un país golpeado por la violencia

En Guinea Ecuatorial, la esperanza de vida ronda los 52 años. El número no sorprende si se considera que las epidemias infecciosas son tan frecuentes como los siniestros viales y los conflictos raciales, la riqueza del petróleo provoca guerras internas y es costumbre que los varones, que practican la poligamia, golpeen sin reparos a sus mujeres. Es un país rico con una población empobrecida. Todo eso lo aprendió de a poco el neuquino Roberto López.

También que, a 48 años de su independencia, aún hay resentimiento hacia los españoles.

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