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La Mañana Ruta

De Latinoamérica en camper y bici, a compartir travesías en la cordillera con su casa-bondi viajera

Mientras ofrece otra manera de recorrer la cordillera, Laura Guelfi habló de la experiencia de vivir ruteando y tener un hijo en plan nómade.

La aventura de vivir viajando, ese plan que muchos miran con prejuicio, un poco de envidia o admiración -desde lejos o más cerca-, pero con la sensación de no poder, de que es una opción para otros, otros con más recursos y temas resueltos, más valentía o inventiva. Una cuenta pendiente cuya concreción será en otra vida...

Tras años de oficina y publicidad en el cemento porteño, Laura Guelfi y Facundo Othatceguy decidieron apostar por sus "sueños de ruta", esos que van contagiando kilómetro a kilómetro a aquellos que no se animan a dar el paso para salir a explorar el mundo sin las rutinas que aten, la monotonía, los ritmos frenéticos de obligaciones y actividades que en ocasiones se reproducen sin saber bien por qué.

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La frustración de no haber podido enganchar la posibilidad de ir a Nueva Zelanda con la célebre visa de "work and travel" no los detuvo y en 2015 vendieron todo para pedalear desde Ushuaia hasta La Quiaca haciendo zig zag entre Argentina y Chile. Entusiasmados, al regreso compraron una combi Volkswagen, modelo 1987, y salieron a recorrer Sudamérica. Ella quedó embarazada en Perú y, luego de un reposo nómade de tres meses, tuvo al pequeño Río en Ecuador, que hoy ya tiene tres años.

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"Volvimos a Argentina, vendimos la combi. Compramos un pasaje a Costa Rica, con la idea de hacer Centro América y México de mochileros o probar de comprar algo allá para viajar durante ocho meses. Nos fuimos en marzo del 2020 y nos tuvimos que quedar en Costa Rica por la pandemia. Allá conocimos a unos chicos que tenían un colectivo y nos enamoramos de la idea de tener uno y acondicionarlo como si fuera una casa para viajar. Volvimos a la Argentina en octubre, nos compramos uno en diciembre del 2020 y en enero del año pasado lo empezamos a armar. En mayo nos fuimos a vivir ahí, moviéndonos por la provincia de Buenos Aires", sintetizó Laura desde Junín de los Andes, en diálogo con LMNeuquén, al contar el capítulo previo que los trajo a la cordillera neuquina para ofrecer otra manera de viajar.

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"Al colectivo le pusimos dos sillones grandes adelante para que dos personas grandes puedan dormir porque la idea siempre fue viajar con otras personas. Siempre estamos haciendo cosas para motivar y compartir nuestra vida viajera, nos encanta. Nos gusta mostrar que se puede, incluso con un hijo", remarcó antes de contar la travesía que idearon para recorrer los Siete Lagos "de una manera distinta".

"Vamos despacito, cuando encontramos un lugar que nos gusta paramos, quizás nos quedamos a dormir. Si va solo Facu puede llevar seis personas. Si estoy yo con Rio, cuatro. Si es una propuesta de un día, vamos al lago Villarino o al Falkner, no quedamos ahí, almorzamos, hacemos caminatas, lo que surja. Con un grupo hicimos guitarreada, por ejemplo", describió Laura.

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"Otra propuesta es ir a Villa La Angostura y hacer noche en el Villarino, después volver a San Martín de los Andes o dejarlos en Villa La Angostura. La idea es hacerlo por más días, quizás una semana, pero vamos despacito, probando cómo nos sentimos nosotros con eso", señaló para luego dar cuenta de la recepción que viene teniendo la iniciativa.

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"La gente que se prende quiere viajar con nosotros, conocer nuestras experiencias y vivir nuestra experiencia viajera que es diferente que quedarte en un hotel y salir a recorrer. El otro día que salimos, vimos una combi que llevaba un contingente de turistas a recorrer los Siete Lagos. Se bajaban en los miradores, sacaban fotos y se iban rápido por el viento que había. Nosotros, estábamos en el colectivo y nos quedábamos contemplando desde los ventanales, tomando mate. Es otro disfrute", planteó para luego recordar que quienes tengan interés en contactarlos pueden hacerlo a través del perfil de Instagram Sueños de ruta, donde van dejando huella y anticipando su recorrido.

Dar el salto

Como muchos otros viajeros que encontraron el modo de concretar sus deseos, Laura y Facundo se cansaron de las extenuantes jornadas - en su caso - en la city porteña y ahora dan testimonio para derribar mitos y motivar a los que se mueren por pegar el salto, pero tienen miedo.

"Yo soy de Capital y Facu de Moreno. Nos conocimos trabajando en una agencia de publicidad y no nos sentíamos bien con la vida de oficina, en una ciudad tan grande que perdés mucho tiempo para llegar al trabajo, volvés súper tarde todos los días, cansado. Tenés un ingreso, te aumentan y nunca te alcanza porque siempre estás gastando. Era como un círculo vicioso que no nos hacía sentir cómodos. Habíamos viajado a Colombia en unas vacaciones y nos quedamos enganchados con eso", recordó Laura que en ese momento tenía 32 años.

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Luego de considerar probar suerte en Nueva Zelanda, intentaron inscribirse para obtener la visa pero la página colapsó y no los dejó. "En ese momento era el boom. Tenías que llenar un formulario en tal fecha a una determinada franja horaria porque solamente daban mil visas por año. Fue imposible sacarla, se caía el servidor. Nos pusimos muy tristes la verdad. Ahí Facu me propuso viajar en bicicleta. Así que nos empezamos a motivar viendo a otras parejas, parecidas a nosotros, que lo estaban haciendo y lo hicimos. Vendimos todo, dejamos la casa que alquilábamos y nos fuimos de viaje", relató.

Un embarazo nómade

Laura y Facundo decidieron incursionar en la aventura de ser padres luego de regresar de su primer travesía en bici. Compraron un combi porque sabían que en algún momento se sumaría el nuevo integrante de la familia. Una combi fue el vehículo ideal para recibirlo en el camino.

Mientras muchas mujeres se preocupan por asegurarse un seguimiento médico desde el minuto cero de su embarazo, con profesionales que las acompañen en todo el proceso de gestación, Laura encaró su maternidad de una manera nómade.

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"Yo quedé embarazada en Perú, en el Valle Sagrado de los incas. Cuando me enteré estábamos en un centro de yoga. Antes habíamos perdido un bebé en Bolivia", contó. "El primer trimestre lo pasé ahí, en Perú. Como tuve un sagrado, tuve que hacer reposo. El hospital público allá es pago y no hay tanta diferencia con el privado. Como mucha veces teníamos que esperar mucho tiempo, terminábamos yendo a una clínica privada para hacer las ecografías y los controles. El reposo lo fui haciendo en los lugares que me gustaban. Estuvimos al lado de un río una semana y la verdad es que fue súper tranquilo, nunca me sentí insegura ni nada. Cuando la gente me pregunta cómo es tener un embarazo viajando, mi respuesta es que no conozco otra forma. Para mi fue normal, yo vivía de esa forma y la combi era mi casa, yo estaba cómoda ahí", postuló.

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"Después nos fuimos a Ecuardo. Ahí la salud es universal, pública y gratuita como en Argentina. Yo pude acceder sin ningún problema. Primero fui a un centro de salud y les conté que iba a estar viajando. Me dieron una libreta que le dan a todas las gestantes para que lo lleve y lo muestre donde lo precise. Así que cada vez que tenía que hacerme un control, iba al centro de salud del lugar donde estaba y me lo hacía. Siempre me atendieron súper bien, ahí el embarazo ya iba sin ninguna complicación", aclaró.

"Después cruzamos a Colombia, nos quedamos cerca de la frontera porque yo no quería alejarme mucho. Ahí no me atendí. Cuando volvimos a Ecuador buscamos un lugar para tener a nuestro hijo con parto respetado. En una maternidad de Puerto Viejo consulté a un obstetra, empecé a ir a unas clases de psicoprofilaxis, que son como clases de preparto. Yo quería ir para conocer a las personas que podían llegar a intervenir en el parto. Ellos me conocieron a mi, sabían que era la argentina que preguntaba y cuestionaba todo", comentó entre risas.

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"El día del nacimiento nosotros estábamos a 30 kilómetros de ahí. Dos días antes habían llegado mi mamá, mi papá, los padres de Facu y su hermano. Alquilamos una casa en una playa que se llama Crucita y salió todo muy bien", remarcó.

Motivar y autosustentarse

A la hora de explicar cómo fueron solventando los gastos, Laura señaló: "Cuando salimos en bicicleta, vendimos nuestras cosas, teníamos ahorros de los trabajos a los que habíamos renunciado y la verdad es que no gastamos mucho. Pensamos que la plata nos iba a durar un tiempo y no, nos duró todo el viaje. En el medio hicimos estuvimos un mes en San Martín de los Andes porque en ese momento mi hermano vivía ahí y Facu pasó música en algunos lugares, vendimos mermeladas y otras cosas que hacíamos".

"Después Facu escribió el libro "Sueños de ruta", yo me encargué de la edición. Cuando salimos de viaje en la combi, nos financiamos vendiéndolo. Ahora ya no tenemos más ejemplares en papel, pero lo vendemos en digital. En ese viaje nos fuimos a Brasil, fundimos el motor y pagamos todo con lo que recaudamos con los libros.

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Cuando llegamos a Bolivia vimos que la gente no se acercaba a hablarnos, como nos pasaba en Brasil cuando veían la combi. Ahí nos costó más vender el libro. Nos quedamos sin plata y como no sabíamos qué hacer se nos ocurrió hacer música. Facu toca la guitarra, canta. Yo no, yo soy actriz", deslizó entre risas. "Y él me dijo: 'solo no voy'. Así que lo acompañé y nos financiamos haciendo canciones en los colectivos, ferias y mercados. Ahí tuvimos que reinventarnos", agregó.

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Más tarde, de nuevo por Brasil, consiguieron alojamiento en un hostel de Copacabana a partir de una suerte de trueque, que los llevó a encargarse de la página web del alojamiento y sus redes sociales apelando a sus conocimiento en publicidad. "Necesitábamos un lugar para dejar la combi por un tiempo para venir a la Argentina y cuando volvimos, la persona quiso pagarnos porque le gustó nuestro trabajo y quería que lo sigamos haciendo. Así que le hicimos una propuesta, aceptó y ahí nos dimos cuenta que podíamos trabajar de eso. Después generamos otros clientes en el camino, incluso en Costa Rica", postuló.

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En su afán de contagiar su cultura viajera, Laura y Facundo también organizaron encuentros presenciales en Buenos Aires con personas que coqueteaban con la idea de abrirse camino. "Luego con la pandemia hicimos la versión online de esos workshop, fueron como ocho talleres", contabilizó. "Luego hicimos otros con temas más específicos como energía solar, camperización, financiación y planificación de viajes. Con todas las personas que lo hicieron seguimos en contacto, tenemos un grupo de whatsapp donde nos acompañamos siempre", expresó.

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"Luego sacamos otro libro del viaje en combi que es con lo que nos estamos financiando ahora. Se llama 'Ahí vamos: un viaje en combi por Latinoamérica'. Ahora también nos está dando plata el canal de Youtube, donde también estamos generando contenido, así que estamos contentos con eso", remarcó orgullosa de las diferentes formas que encontraron para auto sustentarse, seguir atravesando las fronteras y haciendo escuela en su andar.

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El consejo no es solo para quienes tienen deseos de agarrar la mochila y empezar a andar. Sino para todos. "Esto vale para cualquier sueño que uno tenga, cualquier cosa que uno quiera emprender y que no se anima porque le cuesta salir de su zona de confort. A todos nos pasa, el primer paso es el más difícil siempre. Después, una vez que salís, todo fluye", aseguró.

"Los miedos van a estar siempre. Al miedo hay que incorporarlo, darle la mano y salir con él. Si le tenés miedo a algo, tenés que ir ahí un poco. Es inevitable que estén. Pero hay que salir y hacerlo", subrayó.

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"Después está bueno contactarse con otros viajeros, los más parecidos a uno. Si querés viajar con un perro, seguí viajeros que viajen con un perro. Hablá con ellos, preguntá todo lo que necesites, planteá tu miedo. Está la información, por suerte somos un montón y hay redes sociales para comunicarnos. Una vez que estás en la ruta, ya estás ahí. El miedo más gran de Facu era quedarse en la ruta sin celular. Nos pasó y lo solucionamos. Ahora estamos acá y seguimos eligiendo esta vida", concluyó con orgullo y felicidad.

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