De policía a DT de un equipo con corazón

Los Pumitas son mucho más que fútbol.

Neuquén.- Un policía neuquino fue sorprendido por su hijo cuando le pidió, junto a sus amigos, que los entrenara para armar un equipo de fútbol. No hubo espacio para las dudas: cambió los borcegos y el arma por las zapatillas y el silbato. Así de sencilla es la historia de Los Pumitas, la pequeña escuela de fútbol que incluyó un merendero y hoy asiste a un centenar de niños entre 8 y 17 años en Senillosa.

Todo surgió de forma espontánea allá por el 2012 cuando Gabriel, de 10 años, con la pelota debajo del brazo y rodeado de 10 amiguitos, le pidió a su papá, el oficial Adrián Olave de la Comisaría 11 de Senillosa, que los entrenara porque querían armar un equipo de fútbol.

La familia Olave había desembarcado en la localidad hacía un año, proveniente de Neuquén, y se instaló en el barrio 140 Viviendas, en una casa amplia donde estaba todo el equipo de fútbol casi a diario.

"Mis compañeros me ayudan mucho, con alimentos, con dinero. Uno de ellos se enteró que uno de los chicos no tenía zapatillas para jugar, no lo pensó un segundo y le compró unos botines".Adrián Olave. Policía y DT de Los Pumitas, la escuelita de fútbol infantil de Senillosa

Olave no la dudó: "Junto a mi esposa y mi suegro alquilamos un pequeño predio para entrenar a los chicos y, con el paso de los días y las semanas, vimos que venían más chicos a querer jugar", contó el efectivo a LM Neuquén mientras su hijo lo miraba con un brillo particular en sus ojos.

En la localidad, la iniciativa tuvo muy buena recepción y cuando el grupo superaba los 30 chicos, el policía retirado Roberto Jara y el actual director de Seguridad Personal Héctor Cortez se calzaron el conjunto de gimnasia y comenzaron a entrenar a los jóvenes. Así, Los Pumitas tuvieron sus primeros partidos amistosos.

"Sólo una condición primordial les pusimos a los chicos: si querían jugar, tenían que tener un buen rendimiento en la escuela, y nos empezaron a traer el boletín con las notas", contó Olave.

Con el paso del tiempo surgió otro episodio natural que les dio una vuelta de tuerca a Los Pumitas.
"Los chicos esperaban para ir a entrenar y Adrián me pidió que les hiciera un té. A partir de ahí los pibes venían a casa y me pedían la (galletita) Mediatarde", recordó Cecilia Tabarez, la esposa del policía.
Para que toda la labor no recayera sobre la familia Olave, varios vecinos se sumaron de forma voluntaria y le terminaron dando forma al merendero por el que martes, jueves y sábados pasa un centenar de chicos.

"Darles una merienda y entrenarlos hace que los chicos se sientan contenidos, no estén en la calle sin nada que hacer y además desarrollen valores por sobre todas las cosas", concluyó Olave.

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