De policías y delincuentes
Advertencia: Neuquén es una provincia chica, con mucho potencial, dicen los políticos, pero chica al fin. En los barrios populares conviven policías con delincuentes, dejando de lado la salvedad de los ladrones de guante blanco, que a esos nunca se los investiga y jamás caen. Volvamos a las vidas entrecruzadas entre chorros y canas que buscan sobrellevar una relación casi histórica. Cuando en 2014 contaba el fenómeno de las bandas integradas por narcopunteros, las investigaciones revelaban que había policías que convivían bajo el mismo techo con delincuentes. En otros casos, había policías en pareja con hermanas de chorros y viceversa.
Esa dinámica social que genera lazos, conflictos y contradicciones es inevitable. Tampoco se pueden sostener viejas ideas como los barrios de policías que serían guetos. La convivencia es un bien supremo sobre el que hay que articular herramientas transversales.
Digo esto porque no es sorpresa lo que pasó en la Comisaría Tercera, aunque sí debemos admitir que genera impacto. De eso no hay duda.
Un policía entregando datos a los chorros para que salgan a robar y filtrando droga en los calabozos de la alcaldía es un hecho grave, pero tan probable como descubrir, si se quisiera, a un político corrupto. Ahora, más allá del sumario y la acción penal, estaría bueno entender, siempre y cuando el efectivo que está en la mira quiera hablar, por qué llegó a ese extremo. Más un policía al que muchos valoraban porque ha resuelto muchos hechos. ¿Qué arrastra a un policía a poner en riesgo toda su carrera? El hartazgo de los magros salarios, el enfado con sus superiores o simplemente la guita fácil. Una incógnita que queda abierta.
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