Detienen a ladrón del “robo del siglo” en un asalto en Palermo
Buenos Aires (Télam) > Uno de los delincuentes que intervino en el llamado “robo del siglo” al Banco Río de Acasusso, ocurrido en enero de 2006, y que se encuentra excarcelado en el marco de esa causa, fue detenido el viernes a la noche cuando cometía un asalto en el barrio porteño de Palermo.
Según informó el jefe de la Comisaría 53ª, Claudio Abbondanza, se trata de Mario Luis Vitette Sellanes, un peligroso ladrón conocido como «El Uruguayo», quien goza del beneficio de la libertad por decisión del juez de Garantías 3 de San Isidro, Rafael Sal Lari.
El magistrado le concedió la libertad a comienzos de este mes luego de haber permanecido en el penal de Magdalena entre marzo de 2006 y septiembre de 2007, cuando se le dio una prisión preventiva morigerada, lo cual le permitía salidas laborales al estudio de sus abogados.
La nueva detención se produjo a las 23.30 del viernes, cuando efectivos de la seccional 53 fueron alertados por el dueño de un departamento de la avenida Figueroa Alcorta 3.075 de que la puerta de su casa del décimo piso estaba forzada y los policías se dirigieron al edificio.
Al llegar a la propiedad, encontraron a tres hombres que estaban a punto de llevarse un botín que consistía en dinero en efectivo, joyas y computadoras portátiles, entre otros elementos.
Además, tenían en su poder herramientas habitualmente utilizadas en el robo a edificios, modalidad conocida como “escruche”, tales como palancas, destornilladores, yugas (llaves ganzúa) y mazas.
También se les secuestraron panes de jabón, que los ladrones colocan en las cerraduras antes de los asaltos para luego poder hacer una copia de la llave de ingreso y entrar al lugar del robo en forma directa.
Cuando los policías llevaron a los ladrones a la comisaría para su identificación, determinaron que se trataba de un argentino y dos uruguayos y que uno de ellos era Vitette Sellanes.
El jefe de la seccional agregó que, al parecer, Vitette Sellanes y los otros dos detenidos integran una banda que se dedicaba al robo de edificios, por lo que ahora se tratará de determinar si estuvieron involucrados en otros ilícitos recientes.
Un plan casi perfecto
“Doctor, no están. Se escaparon”, dijo el jefe del operativo.
“¿Cómo que no están? Búsquenlos en el techo, en los conductos del aire acondicionado o entre los rehenes”, fue la respuesta del fiscal Jorge Ariel Apolo.
“Ya lo hicimos, doctor. Le repito. Se fugaron, desaparecieron”, le dijo el comisario al fiscal de Martínez.
Cinco delincuentes armados acababan de escapar por un túnel con un botín de al menos ocho millones de dólares del Banco Río sucursal Acassuso, en medio de una toma de rehenes y dejando a 200 policías en ridículo.
Fue el robo más audaz de la historia criminal argentina, un golpe que parecía perfecto hasta que una mujer despechada y los teléfonos celulares de los ladrones los delataron.
El denominado “Robo del Siglo” ocurrió el 13 de enero en el Banco Río y fueron siete horas de pura tensión con un final que parecía inverosímil.
Cuando se cortaron las negociaciones, los grupos tácticos de la Policía irrumpieron y sólo se encontraron con 21 rehenes -dos habían sido liberados-, el tesoro abierto y 145 cajas de seguridad saqueadas.
En el vestuario del personal de limpieza había un boquete de 50 por 30 centímetros en una pared de concreto que conducía a un túnel descendente de 10 metros que comunicaba con el desagüe pluvial subterráneo.
Mientras los francotiradores del Grupo Halcón ponían sus miras en los accesos al banco, los ladrones navegaron en dos gomones por el conducto subterráneo, donde habían construido un dique para nivelar el agua, hasta una alcantarilla ubicada a 14 cuadras de la entidad, por donde escaparon con el botín en una camioneta.
Todo estaba planeado. A las 12.38, “el hombre de traje gris” -líder del grupo-, y el de “camisa blanca” llegaron en un auto robado al garage del banco.
Pocos minutos después, el “falso médico” con guardapolvo y una escopeta recortada y “el hombre de camisa salmón” con peluca platinada que se hacía llamar “Susana” ingresaron por la puerta del banco, exhibieron sus armas y gritaron: “¡Todos al piso!”.
“El quinto hombre”, con gorra azul, fue el último en llegar y quien obligó al vigilador privado a cerrar la puerta del banco.
Conocían el protocolo de una toma de rehenes y sabían que dilatando las negociaciones iban a tener tiempo para esperar la apertura del tesoro, destrozar con un martillo neumático las 145 cajas de seguridad que saquearon y para que “el ingeniero” terminara su trabajo abriendo el boquete desde el túnel que había empezado a construirse meses antes desde el canal pluvial.
Pidieron pizzas y gaseosas para los rehenes, le cantaron el feliz cumpleaños a una abogada y para colmo de burlas, dejaron armas de juguete y una nota que decía: “En barrio de ricachones, sin armas ni rencores, es sólo plata y no amores”.
La causa oficialmente indica que el botín fue de al menos ocho millones de dólares y numerosas joyas que los clientes guardaban en sus cofres.
Parecía el golpe perfecto, pero los ladrones no contaron con dos armas que tuvieron a su disposición los investigadores: el sistema de análisis de comunicaciones VAIC II Telemétrico y una mujer despechada.
Con el VAIC se entrecruzaron las 300 mil líneas de celulares que utilizaron la antena más cercana al Banco Río de Acassuso y descubrieron los teléfonos de los ladrones, pese a que habían cambiado los microchips de sus aparatos para no ser descubiertos.
La mujer despechada aceleró los tiempos. Fue Alicia Di Tulio, hermana de “Pepita la pistolera” del caso José Luis Cabezas, quien decidió llamar al fiscal Apolo y delatar a su marido Rubén Alberto de la Torre -“el falso médico”-, al enterarse de que estaba a punto de escaparse con el botín y una amante.
Di Tulio dio nombres y detalles del golpe y el primero en ser detenido fue De la Torre, luego “el hombre de traje gris” Luis Mario Vitette Sellanes, el “ingeniero” Sebastián García Bolster, Julián “el Gordo” Zalloechevarría y Fernando Araujo, los cinco procesados para quienes ya se pidió juicio.
En todos los allanamientos realizados se recuperaron cinco kilos de joyas, cinco autos y un departamento -comprados por los imputados- y, en efectivo, casi un millón y medio de dólares, sólo un 18 por ciento del botín. Un golpe con el 82 por ciento de efectividad, casi perfecto.
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