Días de cárcel a los violentos
Golpean una y otra vez. Les prohíben acercarse e incumplen. A ellas les dan un botón antipánico y rondines, donde firman que “están bien”, que no se acercó su agresor y que están vivas. Ellas están presas en sus casas y ellos, libres. ¿A ustedes les parece razonable? A mí, no.
¿Pero cómo se hace para castigar a un violento, para evitar que continué agrediendo, para cortar ese círculo de violencia en el cual están inmersas las víctimas? ¿Cómo se hace para que los agresores aprendan que la mujer no es ninguna propiedad, ni mucho menos la suya? ¿Cómo se hace para que esas mujeres no terminen siendo una más en las trágicas estadísticas de un femicidio cada 30 horas?
Las preguntas resuenan en distintos lados, pero las respuestas no se vislumbran tan fácilmente. Por el momento, solo se conoce el camino tradicional: la víctima denuncia y al agresor le dictan una restricción de acercamiento. Y cuando la incumple, ¿qué sucede?
A veces, los atrapan in fraganti y los llevan detenidos. Otras, se los notifica y se realiza una audiencia, donde se revisan las medidas impuestas. Otras, lamentablemente, es demasiado tarde y la víctima murió.
En mi humilde opinión, como mujer, vecina, amiga, hija, hermana, nieta y sobrina, las medidas cautelares deberían ser más estrictas. No es concebible que la víctima sea la que se sienta presa y el agresor esté libre; sino que debería ser al revés.
Como periodista, sé que para ello es necesario que se modifiquen las penas, es decir, el Código Penal. ¿No es hora de que los congresistas argentinos analicen estos temas como medidas para proteger a la mujer?
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