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Dictadura: las primeras detenciones en Neuquén

Ramón Juré fue uno de los primeros secuestrados en la madrugada del 24 de marzo de 1976.

“Dejen abiertas las puertas de la Catedral, que alguien vendrá a refugiarse”, había ordenado el obispo de Neuquén Jaime De Nevares en la noche del 23 de marzo de 1976. Las palabras del obispo fueron premonitorias, a las 0.50 del jueves se concretó la detención de la presidenta Isabel Martínez de Perón y comenzó la etapa más oscura de la historia argentina.

Vehículos militares y civiles llegaron a la Casa de Gobierno, de los autos y camionetas que estacionaron en la calle Roca bajaron varios militares armados y se dirigieron a la puerta del edificio. El Comunicado Número 1 que informaba a la población sobre el nuevo gobierno de facto se emitió a través de la televisión y la cadena de radios a las 3 de la madrugada. Luego se replicó en varias oportunidades y recién a las 10 se transmitió la jura y asunción del general Jorge Rafael Videla como presidente.

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Un coronel del Ejército se hizo cargo de la gobernación de manera interina hasta que finalmente asumió el general José Andrés Martinez Waldner, quien gobernaría hasta 1978 para luego ser reemplazado por otro militar, el general Domingo Manuel Trimarco.

En Neuquén, uno de los primeros detenidos durante la madrugada del miércoles 24 de marzo, ni bien los militares tomaron el poder con las armas, fue el militante de la Juventud Peronista, Ramón Jure. Eran las 2 cuando el comisario de la Policía Provincial, Manuel Arias, junto a un teniente del Ejército y un grupo de militares y policías uniformados irrumpieron en la vivienda de Jure en la calle Buenos Aires al 1000. “Dónde están las armas”, gritaban los oficiales que interrogaron a Jure ante la mirada de espanto de su mujer y sus dos hijos, Jorge, de 10 años, y Elisa, de 12. Jure fue subido a una camioneta del Ejército y llevado a la Comisaría Segunda y de ahí a la Unidad Penitenciaria Federal 9, donde se registró su ingreso y quedó a disposición del Comando de la VI Brigada de Montaña.

A la U9 llegó el agente civil del Ejército Raúl Guglielminetti, quien subió a la víctima a un Ford Falcon y lo llevó hasta la delegación de la Policía Federal, ubicada en la calle Santiago del Estero. Durante más de una hora, interrogó a Jure sobre sus compañeros de militancia y fue golpeado por dos sujetos que acompañaban al “Mayor Guastavino”, como se hacía llamar Guglielminetti. Más tarde, fue llevado de nuevo a la U9, donde compartió celda con otros detenidos políticos.

A las 9 de la mañana del 24, la calle Belgrano al 400 fue cortada por un grupo de policías y militares, mientras otros se ubicaron detrás de los árboles y autos estacionados. En esa zona vivía el docente Orlando Balbo, quien se desempeñaba como secretario de la diputada provincial del Frejuli, René Chaves. El mismo Guglielminetti, quien horas antes había interrogado a Jure, estuvo a cargo del operativo en la casa de Balbo. Sacó la itaca y le apuntó en la cabeza al docente, mientras militares y policías daban vuelta la casa. Luego lo sacaron a la calle y lo arrojaron contra la pared. Balbo pudo observar el despliegue de hombres armados en la cuadra y se preguntó “no será tanto para capturar a un gil”.

Lo metieron en un Peugeot color crema, lo acostaron boca abajo y los captores comenzaron a pisotearlo. Guglielminetti le tapó los ojos antes de entrar a la delegación de la Policía Federal , donde también estaba Jure. En un sótano lo desnudaron, lo ataron a una silla metálica con las manos esposadas y los golpes no tardaron en llegar mientras le preguntaban dónde estaba René. La tortura, que estaba al mando de Guglielminetti y del jefe de la delegación Jorge Ramón González, no cesaba. Los golpes en los oídos con la palma de la mano lo dejaron sordo. Unos días después fue trasladado a la cárcel de Rawson.

A más de 400 kilómetros de Neuquén capital, en San Martín de los Andes, Eduardo Ubaldini y María del Luján Gómez también fueron ilegalmente detenidos ese 24 de marzo. Ubaldini, quien trabajaba como agrimensor y que años antes había militado en el Partido Comunista, fue apresado por una patrulla militar junto a su cuñado, Pedro Gómez, cuando regresaban de trabajar en la ciudad de Junín de los Andes. Fueron trasladados al Regimiento 26 de esta localidad. Mientras Gómez era liberado, Ubaldini fue llevado al Escuadrón 33 de Gendarmería Nacional de San Martín de los Andes y donde permaneció unas horas y luego a la comisaría de esa localidad.

Su esposa, en tanto, se encontraba durmiendo con sus dos hijos –uno de ellos, Marina de cinco meses-, cuando irrumpió un grupo de personas con uniformes verdes, armados y a cara descubiertas tras golpear puertas y ventanas. A la mujer, que era maestra, la trasladaron a la Comisaría 23. Los chicos de la pareja quedaron al cuidado de una amiga de la familia.

Ambos estuvieron en la comisaría de la localidad donde había más de diez personas que habían sido detenidas durante esas primeras horas. Por la noche ambos fueron liberados, sin recibir ninguna explicación.

Tres días después, volvieron a ser apresados y llevados nuevamente a la comisaría 23. “Evidentemente era una persecución. Tampoco nos explicaron nada esa segunda vez. Queríamos saber por qué estábamos detenidos y por eso hicimos una huelga de hambre”, declaró Ubaldini en el sexto juicio por delitos de lesa humanidad que se desarrolló el año pasado. Cinco días después fueron puestos en libertad. A causa de esa medida, un oficial de alto rango se presentó en la comisaría y luego de cinco días fueron puestos en libertad.

No serían estas dos, las únicas detenciones sufridas por la pareja en San Martín de los Andes. La tercera ocurrió durante el Mundial de Fútbol 1978, donde estuvieron más de veinte días en cautiverio. En esa oportunidad el allanamiento a su vivienda estuvo a cargo de personal de Gendarmería, encabezado por el comandante de esa unidad de Junín de los Andes, Jorge Sachitella, La cuarta y última, el 10 de junio de 1979 en ocasión de la visita de Jorge Rafael Videla a San Martín de los Andes. En esas detenciones estuvieron encerrados en Gendarmería de Junín de los Andes y en la U9 de Neuquén capital.

Los números de la dictadura

2818 días duró la dictadura cívico-militar. Desde el 24 de marzo de 1976 al 10 de diciembre de 1983.

4 Juntas militares gobernaron el país. Jorge Videla, Emilio Massera y Orlando Agosti integraron la primera; Roberto Viola, Armando Lambruschini y Omar Graffigna, la segunda; Leopoldo Galtieri, Jorge Anaya y Basilio Lami Dozo, la tercera; y la cuarta estuvo integrada por Cristino Nicolaides, Rubén Franco, Augusto Hughes y Reynaldo Bignone.

600 Fueron, por lo menos, los centros clandestinos de detención y exterminio que funcionaron, según la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación. Se calcula que sólo en la ex Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA) en la ciudad de Buenos Aires, permanecieron secuestrados cerca de 5 mil hombres y mujeres.

500 Son los hijos e hijas de detenidos-desaparecidos que fueron apropiados por las fuerzas militares durante la dictadura. Muchos de ellos fueron entregados directamente a familias de militares, otros abandonados en institutos como NN, otros vendidos, según Abuelas de Plaza de Mayo.

198 Niños y niñas nacieron en cautiverio y fueron separados de sus madres en las maternidades clandestinas de la ex-Esma, Pozo de Banfield, Campo de Mayo y de otros centros de detención de la dictadura.

11 Niños y niñas fueron desaparecidos junto a sus padres.

2811 días permaneció cerrado el Congreso de la Nación. Durante los siete años de la dictadura cívico-militar, un organismo integrado por nueve representantes de las fuerzas confeccionaron el marco jurídico del “Proceso de Reorganización Nacional”.

43.000.000.000 de dólares era el número de la deuda externa en 1982. La política económica de la dictadura cívico-militar puesta en marcha por el ministro de Economía José Alfredo Martínez de Hoz multiplicó la deuda por cuatro desde 1978, cuando era de 12 mil millones.

500.000.000 dólares costó el Mundial de Fútbol de 1978. Mientras se desarrolló desaparecidos al menos 70 personas. Entre la cancha de River, donde se jugó la final del mundial y el centro de tortura de la Esma había solo 100 metros.

331 artistas, investigadores, periodistas y pensadores integraron las listas negras durante la dictadura. Los registros —tres actas que fueron localizadas y difundidas por el Ministerio de Defensa en 2013— calificaban a las personalidades por grado de “antecedentes ideológicos marxistas”. Músicos como Mercedes Sosa, Osvaldo Pugliese y Juan Carlos Cedrón; escritores como Osvaldo Soriano, Abelardo Castillo y Julio Cortázar; periodistas como Osvaldo Bayer y Tomás Eloy Martínez e investigadores como Gino Germani y Eva Giberti.

200 películas extranjeras y 130 argentinas fueron prohibidas. Se cortaron o censuraron partes a cientos más. Inclusive se llegaron a pasar películas sin final.

1.500.000 de libros y fascículos de la editorial Centro Editor de América Latina (CEAL) incendió la Policía Bonaerense el 30 de agosto de 1980, en el marco de una campaña para eliminar las lecturas consideradas “subversivas”, práctica que se extendió a otras editoriales y bibliotecas populares de todo el país. Los 90 mil libros “secuestrados” del catálogo de Eudeba es otro episodio recordado de aquella cruzada de la censura.

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